| Autor:
Cardenales del país y la presidencia
del episcopado de Estados Unidos |
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Nosotros, los cardenales de Estados Unidos y la
presidencia de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos,
reunidos con nuestros hermanos cardenales de la Curia romana en
torno a la Sucesor de Pedro, deseamos dirigiros una palabra especial
a vosotros, nuestros hermanos sacerdotes, que os entregáis
tan generosamente día a día al servicio del Pueblo
de Dios.
En nuestra reunión, habéis estado
sumamente presentes en nuestros corazones, pues conocemos la pesada
carga de sufrimiento y vergüenza que estáis soportando
a causa de algunos que han traicionado la gracia de la ordenación,
abusando de aquéllos a los que se les había confiado.
Lamentamos que la inspección episcopal no
haya sido capaz de preservar a la Iglesia de este escándalo.
Toda la Iglesia, Esposa de Cristo, está afligida por esta
herida, ante todo las víctimas y sus familiares, pero también
vosotros, que dedicáis vuestras vidas al «sagrado oficio
del Evangelio de Dios» (Romanos 15, 16).
A todos vosotros os expresamos nuestra profunda
gratitud por todo lo que hacéis para construir el cuerpo
de Cristo en santidad y amor. Os prometemos apoyaros de todos los
modos posibles en estos momentos de prueba y os pedimos que estéis
cerca de nosotros en el vínculo sacerdotal, mientras hacemos
todos los esfuerzos posibles para llevar la gracia sanadora de Cristo
a las personas a las que servimos.
Nos sentimos en total armonía con el Santo
Padre cuando dijo en su discurso de ayer: «No deberíamos
olvidar el inmenso bien espiritual, humano y social que la gran
mayoría de los sacerdotes y religiosos en Estados Unidos
han hecho y siguen haciendo [...] A las comunidades católicas
en Estados Unidos, a sus pastores y miembros, a religiosos y religiosas,
a los profesores de las universidades y escuelas católicas,
a los misioneros estadounidenses en todas las partes del mundo,
se dirige el profundo agradecimiento de toda la Iglesia católica
y la gratitud personal del obispo de Roma».
Al mirar al futuro, supliquemos juntos al
Sumo Sacerdote la gracia de vivir este momento de prueba con valor
y confianza en el Señor crucificado. A esto nos emplaza nuestra
ordenación: «imitad el misterio que celebráis,
modelad vuestra vida según el misterio de la Cruz del Señor»
(«Rito de la Ordenación»); es un aspecto
esencial de lo que nosotros ofrecemos ahora a la Iglesia, que pasa
a través de momentos de sufrimiento y purificación.
Desde la casa del Sucesor de Pedro, que nos ha confirmado en nuestra
fe, queremos confirmaros en el humilde y elevado servicio del sacerdocio
católico al que hemos sido llamados. ¡Que la paz sea
con vosotros!
Hecho público en Roma el 24 de abril
de 2002
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