| Autor:
Jesús Sanz Rioja |
Fuente:
Piensa un poco.com |
Se puede consultar los documentos aludidos
por el autor:
Normas básicas acerca de las alegaciones
de abuso sexual de menores por personal de la Iglesia, de 14
de junio de 2002, presentadas a la Santa Sede para revisión.
Y también Normas
esenciales para las políticas diocesanas/eparquiales que
se refieren a las alegaciones de abuso sexual, de 8 de diciembre
de 2002, reconocidas por la Santa Sede.
Quien conoce la proverbial lentitud del Vaticano para
resolver sus asuntos no podrá por menos de admitir que ha solventado
con gran diligencia el de los curas pederastas; quiero decir de los
presuntos curas pederastas, pues ya que ese adjetivo se usa con prodigalidad
para todo tipo de delincuentes, incluidos terroristas de más
que sólida presunción, no lo voy a regatear yo. Por cierto,
que ahora que lo menciono, no recuerdo haber leído nunca "presuntos
pederastas" en la prensa, cuando se refiere a los sacerdotes. A
ver si alguien toma nota.
Ha sido justamente eso, el derecho a la "presunción"
de inocencia, lo que ha dilatado (en este caso, por poco tiempo, insisto)
el visto bueno. Una comisión mixta Vaticano-obispos norteamericanos
ha aprobado una serie de sugerencias que se han añadido al documento
previo elaborado por los prelados estadounidenses. El prefecto de la
Congregación para los Obispos, Gianbattista Re, insiste en que
la pederastia es "un crimen abominable" y merecedor de "las
penas más severas".
Es de esperar que este lamentable episodio sea el último
coletazo de la tremenda crisis que ha afectado a la Iglesia en el último
tercio del siglo, esa "prueba" de la que, con lenguaje de
la ascética tradicional, han hablado los santos, también
presentes, a Dios gracias, en estos años. La labor de ellos y
de los que, sin alcanzar los honores del canon, han caminado tras sus
pasos, quedará sin duda en la memoria de la historia con más
fuerza que la de los otros, los criminales. Por los cuales, por cierto,
también dio su sangre Jesucristo, y en este aspecto no está
de más recordar lo que decía Oscar Wilde: que la Iglesia
católica es una Iglesia de santos y de pecadores ("para
señores respetables ya está el anglicanismo", añadía,
pero no quiero molestar ahora a nuestros hermanos separados). |