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Fuente:
Servicio de Zenit de 18 de junio de 2002 |
Ciudad del Vaticano, 18 junio 2002. Juan Pablo II
se ha propuesto relanzar el sacramento del perdón de Dios
en la Iglesia universal escribiendo la carta apostólica en
forma de «Motu Proprio» (por su propia iniciativa) «Misericordia
Dei», confirma un teólogo asesor de la Santa
Sede.
Al presentar el documento a la prensa el 2 de mayo
pasado, el arzobispo Julián Herranz, presidente del Consejo
Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos,
afirmaba que la «crisis de la confesión es ante todo
una crisis de confesores».
Para tratar de comprender mejor la inquietud del
Papa, Zenit ha entrevistado al padre jesuita Ivan Fucek, teólogo
de la Penitenciaria Apostólica, tribunal eclesiástico
de máxima instancia para las cuestiones de «foro interno»
(asuntos de conciencia).
- ¿Cuál
es, desde su punto de vista, el estado por el que atraviesa la vivencia
del sacramento del perdón de Dios?
- Vivimos una situación de crisis que es
particularmente fuerte en algunas iglesias locales. Por este motivo,
la carta apostólica del Papa tiene un significado particular:
es un documento fuerte, pues se trata de una intervención
directa del obispo de Roma. Hay que ver ahora cómo será
recibido por los sacerdotes.
La carta, como tal, no aporta novedades desde el
punto de vista doctrinal, pero acentúa y confirma lo que
ya se ha aclarado en muchos documentos.
Se subraya la confesión personal e individual,
la confesión íntegra, que significa la remisión
de todos los pecados graves y también veniales. Implícitamente
constituye un llamamiento a los sacerdotes, que deben estar siempre
dispuestos a confesar a los fieles.
Es inconcebible que el sacerdote no esté
disponible o no tenga tiempo para confesar, pues la confesión,
junto a la Eucaristía, es la tarea principal del sacerdote.
En la Penitenciaría Apostólica enseñamos a
los confesores a comportarse como padres, amigos, maestros, médicos
de alma y jueces.
- ¿De dónde
nace esta crisis del sacramento de la confesión?
- Es difícil dar una respuesta. Depende de
muchos factores, aunque desde mi punto de vista hay que ir al origen.
Es necesario reconocer que muchos sacerdotes no se han preparado
suficientemente para administrar el sacramento de la penitencia
y no conocen bien las implicaciones relativas a la teología
moral y al Derecho Canónico.
En la Penitenciaría Apostólica se
ofrece todos los años, en el período de Cuaresma,
un curso para nuevos sacerdotes. Hace siete años, cuando
comencé a colaborar con la Penitenciaría, había
200 inscritos; en el último año 500 sacerdotes siguieron
el curso. Cada año aumenta esta cifra. Por una parte es una
buena señal, pues se ve que tienen hambre de conocer mejor
el sacramento de la penitencia; por otra parte, es una mala señal,
pues demuestran que les falta preparación, que han aprendido
muy poco o nada en sus facultades o seminarios.
- La Confesión
y la Eucaristía son dos pilares de la fe católica,
pero da la sensación de que la cultura secularizada ha tratado
de derrumbarlos. ¿Es verdad?
- El Concilio Vaticano II había subrayado
la importancia de la Confesión. Después del Concilio,
sin embargo, se cedió a la secularización y se confundieron
los términos.
En nombre de un falso ecumenismo algunos siguieron
el protestantismo, de manera que casi se canceló la confesión
en beneficio de las «absoluciones colectivas» o «generales».
La carta apostólica del Santo Padre explica que equiparar
las «absoluciones colectivas» a la forma ordinaria de
la celebración del Sacramento de la Penitencia es un error
doctrinal, un abuso disciplinar y un daño pastoral.
El sacramento de la confesión, penitencia,
o reconciliación, como también se llama, es un signo
inconfundible de la Iglesia católica.
En la Eucaristía se da la presencia real
de Cristo: Jesús está presente con su divinidad y
humanidad, con alma y cuerpo. En los años pasados, algunos
pusieron en duda la presencia eucarística y prefirieron hablar
de un símbolo, pero se trata de criterios sociológicos
que no tienen nada que ver con las verdades de fe. Se trata de un
error que ha pasado del protestantismo a nuestras comunidades católicas.
Esta contaminación de la doctrina se ha dado
al mismo tiempo con el proceso de relativización y cancelación
del sentido del pecado. Sobre este argumento han hablado de manera
autorizada los papas desde tiempos de Pío XII. Mas deletéreo
aún para el sacramento de la confesión es el intento
de justificar los pecados con criterios sociológicos y psicológicos.
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