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Juan Pablo, a la luz de sus veinticinco años
de pontificado, y de su ministerio como arzobispo y sacerdote en
Cracovia, considera que la ayuda a la familia debe
ser una de las prioridades pastorales de todo sacerdote.
Así lo confesó este jueves, en un encuentro con los
sacerdotes de la diócesis de Roma a los que recibió
en el Vaticano con motivo del comienzo de la Cuaresma, en el que
dejó a un lado el discurso que había preparado y les
improvisó palabras con las que quiso transmitirles esta preocupación.
La familia, tema central en este año del
programa pastoral de la diócesis de Roma, significa,
según la Biblia, «hombre y mujer los creó».
«Quiere decir -añadió-: amor y responsabilidad.
De estas dos palabras brotan todas las consecuencias». «Aprendí
hace mucho tiempo, desde que estaba en Cracovia, a vivir al lado
de las parejas, de las familias -recordó improvisando-. He
seguido también de cerca el camino que lleva a dos personas,
a un hombre y a una mujer, a crear una familia y, con el matrimonio,
a convertirse en esposos, padres, con todas las consecuencias que
conocemos».
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| El Papa Juan Pablo II |
El Papa pidió a los sacerdotes que leyeran
el discurso que les había preparado en «L’Osservatore
Romano», el diario de la Santa Sede, en el que les invitaba
a «reconocer el carácter central de la familia
en el designio de Dios sobre el ser humano y, por tanto, en la vida
de la Iglesia y de la sociedad». «No nos cansemos nunca
de proponer, anunciar, testimoniar esta gran verdad del amor y del
matrimonio cristiano», exigía en el discurso escrito.
«Vuestra responsabilidad con las familias -afirmaba- no sólo
abarca los problemas morales y litúrgicos, sino también
los de carácter personal y social. Estáis llamados,
en particular a apoyar a la familia en sus dificultades y sufrimientos,
acercándoos a sus miembros y ayudándoles a vivir su
vida de esposos, padres, e hijos a la luz del Evangelio».
«No tengáis miedo, por tanto, entregar
a las familias, vuestro tiempo y energías, los talentos espirituales
que el Señor os ha dado. Sed para ellas amigos atentos y
dignos de confianza, además de pastores y maestros»,
pide el Papa a los presbíteros. «Acompañadlas
y apoyadlas en la oración, propone con verdad y
con amor, sin reservas o interpretaciones arbitrarias, el Evangelio
del matrimonio y de la familia». En las dificultades, añadió,
el sacerdote debe ayudar a la familia a comprender «que la
Iglesia siempre es su madre, además de maestra». «Los
comportamientos equivocados y con frecuencia aberrantes, que se
proponen públicamente o que incluso se ostentan y exaltan,
así como el contacto cotidiano con las dificultades y las
crisis que atraviesan muchas familias, pueden suscitar en nosotros
la tentación de la desconfianza y la resignación»,
reconocía Juan Pablo II en su discurso.
Por ello, invitó a los sacerdotes a derrotar
esta tentación «con la ayuda de Dios», «ante
todo dentro de nosotros, en nuestro corazón y en nuestra
inteligencia». «No ha cambiado el designio de Dios,
que ha escrito en el hombre y en la mujer la vocación al
amor y a la familia -aseguraba-. Hoy no es menos intensa la acción
del Espíritu Santo, don de Cristo, muerto y resucitado».
«Y ningún error -concluyó-, ningún pecado,
ninguna ideología, ningún engaño humano pueden
suprimir la estructura profunda de nuestro ser, que tiene necesidad
de ser amado y que a su vez es capaz de amar auténticamente».
Papa Wojtila subrayó que incluso aquellas
características de la unión conyugal que actualmente
muchas veces son rechazadas, «como su unidad, indisolubilidad
y apertura a la vida», son, por el contrario, necesarias para
que sea un auténtico pacto de amor. Juan Pablo II recordó
a los católicos que el matrimonio es un sacramento,
«señal eficaz de gracia y salvación»,
y animó a los sacerdotes a «no tener miedo» de
gastarse por las familias, a ayudarlas en todos los momentos, sobre
todo los difíciles, y a educar a los jóvenes a apreciar
el verdadero significado del amor.
El Papa Juan Pablo II salió en defensa de
la verdadera naturaleza de la familia una vez más,
y reiteró la indisolubilidad del matrimonio y criticó
los «comportamientos equivocados y aberrantes» sobre
el matrimonio que públicamente vienen exaltados y recordó
a los sacerdotes que están llamados a la castidad. Refiriéndose
a los sacerdotes, Juan Pablo II resaltó que «nuestra
vocación no es, está claro», la del matrimonio,
sino la del sacerdocio y la castidad».
«Colocar a la familia en el centro
de la vida de la Iglesia y de la sociedad es una obligación
irrenunciable de los sacerdotes», afirmó el Obispo
de Roma, que agregó que el matrimonio y la familia no pueden
ser considerados un «simple producto» de circunstancias
históricas o algo impuesto desde fuera al amor humano, sino
una exigencia interna de ese amor.
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