| Autor:
Cardenal Joseph Ratzinger |
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Artículo relacionado: Por
qué la Iglesia no da la comunión eucarística
a cualquier persona.
Carta “Dignidad para recibir la Sagrada
Comunión. Principios Generales” del Prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe al Cardenal Theodore
McCarrick, Arzobispo de Washington y presidente del Comité
de Política Doméstica, y a Monseñor Wilton
Gregory, Obispo de Belleville y Presidente de la Conferencia de
Obispos Católicos de Estados Unidos (junio de 2004), con
ocasión de la reunión plenaria que este organismo
celebró en Denver del 14 al 19 de junio de 2004.
1.
Presentarse para recibir la Sagrada Comunión debería
ser una decisión consciente, basada en un juicio razonado
respecto de la propia dignidad para hacerlo, según los criterios
objetivos de la Iglesia, haciéndose preguntas como: “¿Estoy
en plena comunión con la Iglesia Católica? ¿Soy
culpable de algún pecado grave? ¿He incurrido en una
pena (p.ej. la excomunión, el entredicho) que prohíbe
que reciba la Sagrada Comunión? ¿Me he preparado ayunando
por lo menos una hora antes?” La práctica de presentarse
indiscriminadamente a recibir la Sagrada Comunión, simplemente
como consecuencia de estar presente en la Misa, es un abuso que
debe ser corregido (cf. Instrucción Redemptionis Sacramentum,
n. 81, 83).
2.
La Iglesia enseña que el aborto o la eutanasia son pecado
grave. La Carta Encíclica Evangelium vitae, respecto
de decisiones judiciales o leyes civiles que autorizan o promueven
el aborto o la eutanasia, declara que existe “una grave y
clara obligación de oponerse por la objeción de conciencia.
En el caso de una ley intrínsecamente injusta, como una ley
que permite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito por
tanto obedecerla, o ‘participar en una campaña de propaganda
a favor de tal ley o votar por ella’” (n. 73). Los cristianos
tienen “una grave obligación de conciencia de no cooperar
formalmente en prácticas que, aún permitidas por la
legislación civil, son contrarias a la ley de Dios. En efecto,
desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente
con el mal. Tal cooperación nunca puede ser justificada invocando
el respeto a la libertad de otros o apelando al hecho de que la
ley civil lo permite o lo requiere” (n. 74).
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Monseñor Wilton Gregory,
presidente de la Conferencia
Episcopal de Estados Unidos |
3.
No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto
y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con
el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o
en la decisión de hacer la guerra, éste no sería
considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir
la Sagrada Comunión. Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades
civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción
y misericordia al castigar a criminales, aún sería
lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir
a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de
opinión entre católicos respecto de ir a la guerra
y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del
aborto y la eutanasia.
4.
Aparte del juicio de un individuo respecto de su propia dignidad
para presentarse a recibir la Santa Eucaristía, el ministro
de la Sagrada Comunión se puede encontrar en la situación
en la que debe rechazar distribuir la Sagrada Comunión a
alguien, como en el caso de un excomulgado declarado, un declarado
en entredicho, o una persistencia obstinada en pecado grave manifiesto
(cf. canon 915).
5.
Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la cooperación
formal de una persona es manifiesta -entendida, en el caso de un
político católico, como hacer campaña y votar
sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia-,
su párroco debería reunirse con él, instruirlo
respecto de las enseñanzas de la Iglesia, informándole
que no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que termine
con la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole
que de otra manera se le negará la Eucaristía.
6.
Cuando “estas medidas preventivas no han tenido su efecto
o cuando no han sido posibles”, y la persona en cuestión,
con obstinada persistencia, aún se presenta a recibir la
Sagrada Comunión, “el ministro de la Sagrada Comunión
debe negarse a distribuirla” (cf. Declaración del Pontificio
Consejo para los Textos Legislativos “Sagrada Comunión
y Divorcio, Católicos vueltos a casar civilmente” [2002],
n. 3-4). Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción
o una pena. Tampoco es que el ministro de la Sagrada Comunión
esté realizando un juicio sobre la culpa subjetiva de la
persona, sino que está reaccionando ante la indignidad pública
de la persona para recibir la Sagrada Comunión debido a una
situación objetiva de pecado.
Nota:
Un católico sería culpable de cooperación formal
en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión,
si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por
la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia.
Cuando un católico no comparte la posición a favor
del aborto o la eutanasia de un candidato, pero vota a favor de
ese candidato por otras razones, esto es considerado una cooperación
material remota que sólo puede ser admitida ante la presencia
de razones proporcionalmente graves”.
+Joseph Card. Ratzinger, Prefecto
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