Desde hace unos meses se ha intensificado en los
medios de comunicación una campaña que busca privilegios
para las uniones homosexuales. Como tiende a confundir
los datos, hay que hacer un esfuerzo por aclararse.
1.
Cualquier consideración sobre la sexualidad
parte de la base de que es una función biológica
con un orden orgánico evidente y claramente visible. Los
actos homosexuales lo contradicen, como contradice la función
de comer introducirse alimentos por la oreja.
2.
Desde el punto de vista biológico, sólo hay dos
sexos: varón y mujer. El sexo está impreso
en todas y cada una de las células del cuerpo humano y
tiene una expresión muy clara en los órganos sexuales.
Muy excepcionalmente, se dan casos de hermafroditismo (mezcla
parcial de caracteres sexuales), que suele comportar serias alteraciones
orgánicas y requerir intervenciones quirúrgicas.
3.
La homosexualidad no es hermafroditismo. Tampoco es un fenómeno
perfectamente determinado y estable. Cualquier persona puede sentir
alguna vez afectos o intereses que podrían considerarse
homosexuales. Pero se considera propiamente homosexualidad
al interés y deseo sexualmente intenso y permanente
hacia personas del mismo sexo, y falta de atracción
por personas del sexo contrario. Esto puede variar porque no es
un estado o tendencia definitiva. También puede asociarse
a alteraciones psíquicas más profundas.
4.
Según la literatura especializada y la experiencia común,
esa inclinación suele producirse por condicionamiento
del ambiente familiar o cultivada por el sujeto.
Se suele formar en la juventud por una interrupción en
el desarrollo espontáneo de los intereses sexuales, asociada
a deficiencias en la autoestima como varón o como mujer.
Y se refuerza por el condicionamiento, si se da una práctica
homosexual. Por más que se ha buscado, no se ha podido
demostrar que exista una predisposición genética.
5.
Sentir una inclinación sexual no hace a una persona ni
mejor ni peor. La moral y la honradez de las personas no dependen
de las inclinaciones que sienten, sino de lo que libremente quieren
y hacen. Por otra parte, sentir no da derecho a nada
ni ante la moral ni ante la ley. La inclinación habitual
e intensa por el dinero, por ejemplo, no da derecho a apropiárselo.
6.
Sienta lo que sienta, toda persona tiene que esforzarse en controlar
sus impulsos. Esto cuesta a todos, y, a veces, puede
resultar difícil. Por eso, el sistema educativo y el ambiente
social deben ayudar a controlarse más que a desatarse.
El descontrol sexual es una de las mayores causas de infelicidad
y violencia en el ser humano.
7.
Si la práctica homosexual es muy arraigada, puede no bastar
el esfuerzo personal y necesitar ayuda externa. Si no se consigue
controlar la conducta o hay mucho sufrimiento, es conveniente
acudir a especialistas con experiencia en esta
terapia (evitar ideólogos). Mejor si tienen un criterio
cristiano. Merece comprensión y ayuda, como cualquier otra
dificultad en la vida.
8.
Desde el punto de vista social, la relación homosexual
es una relación privada, que sólo afecta
a dos particulares, no aporta ningún beneficio publico
y es bastante inestable. La familia en cambio es una unión
que se orienta por sí misma al amor mutuo y a la procreación
y educación de los hijos. Encauza y despliega intensas
fuerzas naturales de cohesión, de paternidad y de maternidad.
Y contiene un enorme potencial humano, educativo, económico
y asistencial. Por eso, cada familia es un bien de alto interés
social, que es conveniente distinguir y proteger.
9.
Se hace violencia a las cosas (y mucho daño al orden social)
cuando se confunde la relación homosexual con el
matrimonio y la familia. Por otra parte, si se le conceden
privilegios, se discrimina injustamente otras formas de convivencia
humana sin sexo: dos hermanos, parientes o amigos que viven juntos
(sin sexo) o las comunidades religiosas. Por supuesto, la inclinación
o la relación homosexual no añade ninguna capacidad
para adoptar o educar niños.
10.
El cristianismo cree que la vida humana es sagrada y que el
sexo debe vivirse siempre dentro del matrimonio como
manifestación de la entrega mutua de los esposos y quedando
abierto a la vida. Subordina el sexo a la entrega de los esposos
y a la vida. Otra cosa es inmoral. En cambio hay un liberalismo
sexual que pone en primer lugar el derecho a disfrutar del sexo.
Y está dispuesto a sacrificarle el matrimonio, la familia
y la vida humana. Por eso, el cristianismo es una cultura de vida.
Mientras que este liberalismo sexual es una cultura de muerte.
De hecho, a medida que se difunde, hay más traiciones al
amor, más familias que se disuelven y más madres
que matan a sus hijos antes de nacer.