| Autor:
Víctor Karím Salomón
Cardona |
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inculturación en la formación de los futuros presbíteros.
Dimensión espiritual de la inculturación
Gracias al auxilio del Espíritu Santo
la comunidad formativa puede descubrir las semillas del
Verbo en sus culturas de origen que, aunque previamente
cristianizadas, conservan elementos culturales anteriores aún
no asimilados o defectuosamente integrados por la Evangelización,
lo que ha provocado en ocasiones sincretismos inadecuados.
Por tanto, es importante que los seminaristas tengan
trato habitual con el Espíritu Santo: enseñarlos
a invocarlo cotidianamente, tener una relación más
personalizada y viva con Él. Se puede organizar talleres
de oración en clave pneumatólogica y ejercicios al
menos con una frecuencia semanal de lectio divina en aquellos
pasajes bíblicos en los cuales puede profundizarse en la
relación con el “Gran Desconocido” de la Teología.
El acompañante espiritual del seminario
es uno de los agentes principales de inculturación ya que
él procura diligentemente la formación de una conciencia
recta, acompañando el proceso de formación en el fuero
interno del aspirante al presbiterado. Se hace necesario que el
formador sea preparado en la valoración de la religiosidad
popular como un ámbito especial de inculturación.
La atmósfera de confianza
que se crea entre los seminaristas y sus acompañantes espirituales
hace que aborden muchos temas de muy diverso carácter, por
lo cual es necesario que el director espiritual sepa ser asertivo
en las orientaciones desde la clave de la inculturación.
Religiosidad popular y liturgia
En la religiosidad popular se produce de manera
natural el diálogo mutuo entre la cultura
donante del evangelio, previamente inculturado, y la cultura
receptora. Sin embargo, por el encuentro de mutuo enriquecimiento,
las gentes sencillas van asimilando y haciendo propios en categorías
de su cultura popular realidades de la fe. Por tanto, es fundamental
que la comunidad formativa y, de manera particular los formadores,
valoren positivamente dichas expresiones culturales.
Uno de los aspectos más factibles de inculturación
es la celebración litúrgica. En el
ámbito de la celebración inculturada de los sacramentos
pueden sembrarse los valores evangélicos de forma privilegiada
y desarrollar la convicción necesaria para una vivencia coherente
del misterio en la codificación dinámica del rito
inculturado.
Sin lugar a dudas el canto popular religioso
es una de los ámbitos de inculturación más
idóneo ya que a través de la música se transmiten
patrones culturales profundos. Por tanto, en los seminarios foméntense
los cantos populares religiosos, haciendo las aclaraciones dogmáticas
que sean necesarias, incluso integrándolas en la versión
que se ofrece al canto.
El pueblo latinoamericano tiene una devoción
muy acendrada a los santos. Por lo cual podrían ensayarse
inculturaciones relacionadas con los santos. Por
ejemplo, fomentar los cantos populares dedicados a los santos y
las procesiones, dejándonos interpelar por la piedad popular
del pueblo, que nos puede enseñar muchas cosas.
Dimensión intelectual de la inculturación
Es fundamental que todos los agentes de pastoral
sean formados para realizar adecuadamente la inculturación.
Esto se hace urgente en el caso de los futuros pastores por su efecto
multiplicador en la Iglesia. Los presbíteros
son catalizadores de procesos evangelizadores en
la Iglesia. A este fin se pueden estructurar cursos, talleres y
diplomados sobre la inculturación aplicada a las diversos
ámbitos pastorales.
Se puede, incluso, diseñar alguno de estos
cursos o talleres de forma itinerante a fin de abaratar los costos
y acercar esta herramienta a los agentes de pastoral. Todos los
esfuerzos son pocos para llevar a cabo este objetivo.
Uno de los portadores de cultura más evidente
es el lenguaje. Por tanto, todo lo relacionado al aprendizaje
de las lenguas autóctonas en el caso de las etnias
y los giros particulares del lenguaje en el caso de la misma lengua
encarnada en las diversas culturas, será una materia obligatoria,
ya que la lengua es una herramienta muy útil para comprender
la cultura del otro, por lo tanto para detectar las semillas del
Verbo en las diversas culturas.
La inculturación en los centros de formación
En el seno de las universidades o centros de estudios
filosóficos y teológicos se pueden fomentar encuentros
entre alumnos y profesores para abordar temas monográficos
de inculturación. He aquí algunos posibles
temas: inculturación y juventud postmoderna; inculturación
y New Age; inculturación y familia; inculturación
y arte; inculturación y la educación universitaria;
inculturación en la concepción del trabajo en América
Latina. Esto ayudará a tomar conciencia sobre el tema y dará
herramientas útiles para su puesta en práctica.
Es importante que las ratio sobre la formación
sacerdotal en cada país dediquen a la inculturación
un capítulo bien desarrollado y que invite a la operatividad.
Además, se hace imperativo fijar modalidades de evaluación
periódica. El auxilio de un perito en planificación
sería lo ideal.
Es necesario que esta relevancia dada a la inculturación
sea bajada al nivel operativo en el proyecto formativo de cada seminario
y en las planificaciones anuales.
Es necesario incluir en el curriculum teológico
una materia dedicada a la teología de la inculturación.
Esta reflexión permitirá seguir desentrañando
todas las virtualidades que permitan hacer más efectiva su
puesta en práctica. En los seminarios se debe estudiar de
manera sistemática la cultura popular de forma especial de
las zonas geográficas de origen de los aspirantes al presbiterado.
Así como estudios de carácter más general a
nivel de regiones o naciones.
Los seminaristas deben ser ayudados a profundizar
en la cultura juvenil. También en la cultura
de los jóvenes podemos encontrar semillas del Verbo. Los
jóvenes deben ser evangelizados por los mismos jóvenes.
Son éstos los que están preparados para generar nuevas
expresiones y métodos para llegar a la juventud. Ellos pueden
generar una codificación adecuada del mensaje evangélico,
tomando en cuenta los valores que se consiguen en los jóvenes
y que son parte de la Buena Noticia.
Algunas manifestaciones culturales actuales
Cultura de vida
Vivimos lamentablemente en una cultura que se inclina
hacia la muerte sobre todo de los más débiles e inocentes.
Ninguna guerra ha producido tantas muertes como los abortos que
se realizan en los últimos años en el mundo. Estamos
llamados a descubrir las semillas del Verbo de la Vida
en la cultura actual y mostrarla con fuerza y audacia en este mundo
“asesino del niño no nacido”.
Nunca como hoy tenemos conciencia de acciones genocidas,
terrorismo, guerras fratricidas, eutanasia, entre otros atentados
a la vida. Tenemos que subrayar las raíces culturales ecológicas
y del respeto a la creación, a la madre tierra y todas sus
criaturas.
Algunos de nuestros países viven lamentablemente
en un clima de violencia y agresividad que llega a los extremos
de la lucha armada. Es necesario que ayudemos a los seminaristas
a ser propagadores de la cultura de la paz y la resolución
de los problemas por la vía no violenta activa. Serán
necesarias reflexiones guiadas sobre este tema específico.
Cultura urbana y cultura rural
En algunos seminarios conviven muchachos que vienen
de sectores urbanos y rurales. La urbe con sus
elementos propios va configurando una cultura singular en la cual
también hay semillas del Verbo. El hombre de la urbe tiene
aspectos particulares que deben ser aprovechados en la evangelización
tal como, por ejemplo, el uso de los medios masivos de comunicación
social. Es necesario que los seminaristas estudien la cultura
urbana y ensayen en su práctica pastoral nuevos
métodos y expresiones en la evangelización: creación
de grupo bíblicos; la celebración de la Palabra en
las comunidades de base; programas de radio; etc.
Hay diócesis con extensas zonas rurales.
El entorno rural crea condiciones que configuran maneras especiales
de pensar, ser, sentir y trabajar, es decir, tiene unas manifestaciones
culturales con sus características específicas. Los
seminaristas, de manera especial los pertenecientes a estos ambientes
rurales, deben ser iniciados en el estudio de la cultura
rural como medio para la inculturación.
Cultura indígena
En América latina, sobre todo en zonas geográficas
en las cuales la presencia de las etnias indígenas
es una realidad generalizada, la necesidad del diálogo es
imperiosa. Por ello los seminaristas deben aprender a realizar un
“diálogo de vida” con personas de otras iglesias
históricas, otras denominaciones cristianas y etnias indígenas
con sus creencias propias, miembros de otras religiones, y con todo
hombre de buena voluntad, incluidos ateos, indiferentes y agnósticos.
Es necesario estudiar la religiosidad indígena
ya que ésa es la cultura de los habitantes originarios del
continente y en los cuales aún hay semillas del Verbo por
descubrir y enriquecer las inculturaciones actuales. En México,
Ecuador, Bolivia, Guatemala, Perú y otras naciones de América
Latina la presencia indígena se extiende en muchas regiones
geográficas. Debemos aprender a valorar nuestras raíces
étnicas y descubrir nuestros valores aborígenes.
Puede ser una buena experiencia que los seminaristas,
en el año de pastoral o en los tiempos de vacaciones vayan
a terrenos de misión ad gentes.
Todos los esfuerzos que se puedan realizar de cara
a la preparación teórica y práctica en las
expresiones del arte popular, ayudarán a los candidatos al
presbiterado a sensibilizarse y valorar sus culturas de origen,
además, de ser esta una preparación de internalización
de los valores propios y de la asimilación del evangelio
inculturado en sus propias expresiones culturales y otras realidades
sociales con menos o sin contenido religioso en las cuales se pueden
descubrir también las semillas del Verbo.
El capítulo de la historia de las
culturas de origen es importante. En la mayoría
de los pensum académicos de filosofía y teología
no está presente una historia de la cultura en general y
menos aún de las diferentes culturas de origen. La historia
de las diversas culturas como insumo fundamental para el proceso
de inculturación puede ser una de las materias de reflexión
en la etapa del propedéutico, especialmente si no está
en el pensum.
Conjugar lo universal y lo local
Estamos insistiendo desde el principio en la valoración
de lo específico de las culturas de origen en búsqueda
de las semillas del Verbo esparcidas en ellas. Sin embargo, es importante
no perder de vista el aspecto universal de la Iglesia,
de la fe y del Evangelio mismo. Para salvaguardar la universalidad
se puede subrayar la presencia significativa del Verbo en las diversas
culturas, tanto en las más cercanas a nivel geográfico
y cultural como a las semillas del Verbo presentes en culturas en
las cuales las diferencias sean más acentuadas.
Con esta dinámica se debe subrayar, de manera
didáctica, el mutuo enriquecimiento multicultural
de la Iglesia. Afirma Juan Pablo II, refriéndose a la Única
Iglesia de Cristo, que la Iglesia respira con dos pulmones: uno
lo constituyen las Iglesias Occidentales, y el otro pulmón
las Iglesias Orientales. Luego explica qué elementos de mutuo
enriquecimiento aporta cada una. Podríamos decir que cada
cultura en el mundo, siguiendo esta misma analogía, lo conforman
cada uno de los bronquios de ambos pulmones, pero todos conforman
el único aparato respiratorio que sería lo universal.
La formación en lo intelectual no solamente
se produce a través del estudio sistemático del material
académico, sino que el conocimiento también se transmite
a través de foros, congresos y talleres que sirvan para compartir
experiencias de inculturación. Es importante que este tipo
de experiencias sean fomentadas desde los centros de estudios académicos
como desde la conferencia episcopal entre los formadores por regiones.
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