| Autor:
Juan Ignacio Yusta Ruano |
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Artículo relacionado: El
decoro debido en la celebración eucarística.
En la presentación
oficial de la Instrucción Redemptionis Sacramentum,
en abril de 2004, el Card. Arinze afirmaba que "la cumbre de
la liturgia es la celebración eucarística; nadie puede
sorprenderse si, con el paso del tiempo, la Santa Madre Iglesia
ha desarrollado palabras y acciones y, por lo tanto, directivas
para este supremo acto de culto. Las normas eucarísticas
son concebidas para expresar y proteger el misterio eucarístico,
y también para manifestar que es la Iglesia quien celebra
este augusto sacrificio y sacramento". Por eso, de acuerdo
con la encíclica Ecclesia de Eucharistia: "La
liturgia no será jamás propiedad privada de nadie,
ni del celebrante ni de la comunidad donde los sagrados misterios
son celebrados".
Como es sabido, esta Instrucción de la Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos tiene su
origen en la necesidad "requerir urgentemente que las normas
litúrgicas para la celebración de la Eucaristía
se observen con gran fidelidad" (EE, 52), ante los numerosos
abusos aparecidos en estos decenios.
Los sacerdotes han de tener un gran amor
a la Santa Misa, expresado entre otras cosas en el respeto
y la veneración hacia las disposiciones litúrgicas.
Ante la imposibilidad de comentar todos los aspectos tratados en
este capítulo de la Instrucción, se hacen sólo
algunas consideraciones que parecen más interesantes. Al
final de este artículo se ofrece un resumen de las indicaciones
de la Instrucción Redemptionis Sacramentum.
Comentario a algunos puntos
[49.]
Conviene, en razón del signo, que algunas partes del pan
eucarístico que resultan de la fracción del pan,
se distribuyan al menos a algunos fieles, en la Comunión.
«No obstante, de ningún modo se excluyen las hostias
pequeñas, cuando lo requiere el número de los que
van a recibir la sagrada Comunión, u otras razones pastorales
lo exijan»; más bien, según la costumbre,
sean usadas sobre todo formas pequeñas, que no necesitan
una fracción ulterior.
Algunos liturgistas han puesto mucho énfasis
en la razón de signo de la fracción del pan,
hasta el punto de sugerir que sería un contrasigno la comunión
distribuida con las formas pequeñas tradicionales. En no
pocos casos, esta tendencia ha podido extenderse cuando los participantes
en la Eucaristía son escasos (en las misas feriales en muchos
lugares, por ejemplo); el número 321 de la Institución
General del Misal Romano deja claro que puede haber razones, sobre
todo de número (misas dominicales y otros supuestos) que
hagan recomendable no detenerse en el acto de fraccionar muchas
formas grandes antes de distribuir la comunión. Es interesante
subrayar que el número 49 de la Instrucción Redemptionis
sacramentum va más allá: "sean usadas, sobre
todo, formas pequeñas".
[52.]
La proclamación de la Plegaria Eucarística,
que por su misma naturaleza es como la cumbre de toda la celebración,
es propia del sacerdote, en virtud de su misma ordenación.
Por tanto, es un abuso hacer que algunas partes de la Plegaria
Eucarística sean pronunciadas por el diácono, por
un ministro laico, o bien por uno sólo o por todos los
fieles juntos. La Plegaria Eucarística, por lo tanto, debe
ser pronunciada en su totalidad, y solamente, por el Sacerdote.
Se entiende que en este número no se proscribe
que todos los fieles juntos intervengan en los momentos previstos
por la misma Institución General del Misal Romano, como se
explica en el número 54 de la Instrucción Redemptionis
sacramentum. Un abuso muy generalizado, en este punto, consiste
en que toda la asamblea proclame junto con el celebrante el
"Per Ipsum".
[54.]
Sin embargo, el pueblo participa siempre activamente
y nunca de forma puramente pasiva: «se asocia al sacerdote
en la fe y con el silencio, también con las intervenciones
indicadas en el curso de la Plegaria Eucarística, que son:
las respuestas en el diálogo del Prefacio, el Santo, la
aclamación después de la consagración y la
aclamación «Amén», después de
la doxología final, así como otras aclamaciones
aprobadas por la Conferencia de Obispos y confirmadas por la Santa
Sede».
La cita, que configura casi en su totalidad este
número de la Instrucción, corresponde al número
147 de la Institución General del Misal Romano: "Tunc
sacerdos incipit Precem eucharisticam. Iuxta rubricas seligit unam
ex iis quae in Missali Romano inveniuntur, vel a Sancta Sede probatae
sunt. Prex eucharistica natura sua exigit ut solus sacerdos, vi
ordinationis, eam proferat. Populus vero sacerdoti in fide et cum
silentio se societ, necnon interventibus in eucharisticae Precis
cursu statutis, qui sunt responsiones in dialogo Praefationis, Sanctus,
acclamatio post consecrationem et acclamatio Amen post doxologiam
finalem, necnon aliae acclamationes a Conferentia Episcoporum probatae
et a Sancta Sede recognitae. Valde convenit ut sacerdos partes Precis
eucharisticae, quae notis ditantur, cantu proferat."
[61.]
Para elegir las lecturas bíblicas, que
se deben proclamar en la celebración de la Misa, se deben
seguir las normas que se encuentran en los libros litúrgicos,
a fin de que verdaderamente «la mesa de la Palabra de Dios
se prepare con más abundancia para los fieles y se abran
a ellos los tesoros bíblicos».
Puede ser oportuno, a este propósito, recordar
lo establecido en dos números de la Institución General
del Misal Romano: número 358: "In Lectionario pro
feriis, lectiones proponuntur pro singulis diebus cuiusque hebdomadae
per universum cursum anni: proinde hae lectiones plerumque sumentur,
diebus quibus sunt assignatae, nisi occurrat sollemnitas vel festum,
vel memoria lectiones appropriatae Novi Testamenti habens, in quibus
scilicet mentio fiat de Sancto celebrato. Si tamen aliquando lectio
continua in hebdomada intermittitur ob aliquam sollemnitatatem,
aliquod festum vel aliquam peculiarem celebrationem, sacerdoti licebit,
prae oculis habita ordinatione lectionum totius hebdomadae, aut
partes omittendas una cum aliis componere aut statuere quinam textus
aliis praeferendi sint. In Missis pro peculiaribus coetibus, sacerdoti
licebit textus peculiari celebrationi aptiores eligere, dummodo
ex approbati Lectionarii textibus seligantur." Y en el número
360: "Datur quandoque forma longior et forma brevior eiusdem
textus. In eligendo inter has duas formas criterium pastorale prae
oculis habeatur. Tunc attendatur oportet ad facultatem fidelium
auscultandi cum fructu lectionem magis vel minus longam; ad eorum
facultatem audiendi textum magis completum, per homiliam explicandum."
[67.]
Sobre todo, se debe cuidar que la homilía
se fundamente estrictamente en los misterios de la salvación,
exponiendo a lo largo del año litúrgico, desde los
textos de las lecturas bíblicas y los textos litúrgicos,
los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana, y ofreciendo
un comentario de los textos del Ordinario y del Propio de la Misa,
o de los otros ritos de la Iglesia. Es claro que todas las interpretaciones
de la sagrada Escritura deben conducir a Cristo, como eje central
de la economía de la salvación, pero esto se debe
realizar examinándola desde el contexto preciso de la celebración
litúrgica. Al hacer la homilía, procúrese
iluminar desde Cristo los acontecimientos de la vida. Hágase
esto, sin embargo, de tal modo que no se vacíe el sentido
auténtico y genuino de la palabra de Dios, por ejemplo,
tratando sólo de política o de temas profanos, o
tomando como fuente ideas que provienen de movimientos pseudo-religiosos
de nuestra época.
Vale la pena subrayar la insistencia del texto en
que la homilía se base en los textos de
las lecturas bíblicas. Habrían de evitarse homilías
que no tienen nada que ver con las lecturas proclamadas: hay ocasiones
en que este abuso es más fácil, por ejemplo, en la
celebración de una misa con primera comunión u otro
sacramento (bautismo, matrimonio), aunque los rituales ofrecen abundantes
lecturas alusivas a la celebración sacramental correspondiente;
otro caso de tomar la homilía como ocasión de decir
lo que el celebrante tiene pensado, al margen de las lecturas, puede
ser la predicación de un triduo o una novena o convocatorias
similares, las homilías pronunciadas en un curso de retiro,
etc.; pero también en esos casos, es recomendable que el
predicador se esfuerce para conseguirá, al menos, sustentar
su predicación en los textos litúrgicos. El ideal
sería al revés, que de los textos brotara la predicación.
[73.]
En la celebración de la santa Misa, la fracción
del pan eucarístico la realiza solamente el sacerdote
celebrante, ayudado, si es el caso, por el diácono o por
un concelebrante, pero no por un laico; se comienza después
de dar la paz, mientras se dice el «Cordero de Dios».
El gesto de la fracción del pan, «realizada por Cristo
en la Última Cena, que en el tiempo apostólico dio
nombre a toda la acción eucarística, significa que
los fieles, siendo muchos, forman un solo cuerpo por la comunión
de un solo pan de vida, que es Cristo muerto y resucitado para
la salvación del mundo (1 Cor 10, 17)». Por esto,
se debe realizar el rito con gran respeto. Sin embargo, debe ser
breve. El abuso, extendido en algunos lugares, de prolongar sin
necesidad este rito, incluso con la ayuda de laicos, contrariamente
a las normas, o de atribuirle una importancia exagerada, debe
ser corregido con gran urgencia.
Se cita en este número parte del número
83 de la Institución General del Misal Romano, que se reproduce
a continuación: "Sacerdos panem eucharisticum frangit.
Gestus fractionis a Christo in ultima cena peractus, qui tempore
apostolico toti actioni eucharisticae nomen dedit, significat fideles
multos in Communione ex uno pane vitae, qui est Christus pro mundi
salute mortuus et resurgens, unum corpus effici (1 Cor 10, 17).
Fractio inchoatur post pacem traditam, et debita cum reverentia
peragitur, ne tamen innecessarie protrahatur nec immoderato momento
aestimetur. Ritus iste sacerdoti et diacono reservatur. Dum sacerdos
panem frangit et partem hostiae in calicem immittit, invocatio Agnus
Dei a schola vel a cantore, populo respondente, de more cantatur,
vel saltem elata voce dicitur. Invocatio fractionem panis comitatur,
quare repeti potest quoties necesse est adusque ritum peractum.
Ultima vice concluditur verbis dona nobis pacem."
El acento se pone, sobre todo, en reprobar el abuso
de que un laico ayude a realizar la fracción; desde luego,
este modo de proceder está en conexión con lo que
se comentaba a propósito del número 49 de la Instrucción
Redemptionis sacramentum: si se pretende dar la comunión
a una asamblea numerosa con formas fraccionadas in situ, la acción
puede prolongarse mucho si ha de realizarla sólo el celebrante.
Por eso, se hace también mención en el número
que comentamos de número 240 de la Institución General
del Misal Romano: "Dum Agnus Dei profertur, diaconi vel
aliqui e concelebrantibus celebrantem principalem adiuvare possunt
ad hostias frangendas, sive pro concelebrantium sive pro populi
Communione."
Resumen de las indicaciones de la Instrucción
Artículo relacionado: Indicaciones
de la Instrucción Redemptionis Sacramentum.
La materia de
la santísima Eucaristía: cualidades
del pan y del vino como materia válida para la Eucaristía,
tipo de formas que han de emplearse al distribuir la comunión
a los fieles (números 48-50)
La plegaria eucarística:
utilizar sólo las aprobadas (51); debe proclamarla el sacerdote
(52); mientras, no deben hacerse otras oraciones o cantos (53);
cuándo interviene el pueblo (54); partir la hostia en la
consagración es un abuso (55); no omitir la mención
del Romano Pontífice y del Obispo (56)
Otras partes de la
misa: música sacra adecuada, altar y paramentos
dignos y limpios (57); seleccionar textos y ritos con cuidado (58);
cambiar y variar al propio arbitrio textos litúrgicos es
un abuso (59); no separar en espacio o tiempo la liturgia de la
palabra y la liturgia eucarística (60); elegir las lecturas
conforme a las normas litúrgicas (61); omitir o sustituir
lecturas por textos no bíblicos es un abuso (62); el evangelio
lo proclama sólo un ministro ordenado (63); la homilía
corresponde al celebrante, a otro sacerdote u obispo o diácono,
no a un laico o seminarista (64-66); carácter bíblico
y cristológico de la homilía (67-68); la profesión
de fe debe tomarse de los libros litúrgicos (69); tipos de
ofrendas y modos de presentarlas (70); momento del rito de la paz,
no tiene sentido de reconciliación, modo de hacerlo (71-72);
modo de realizar la fracción del pan por el sacerdote (73);
testimonios de vida cristiana deben decirse fuera de la misa; excepcionalmente,
al acabar la oración después de la comunión
(74)
Unión de varios
ritos con la celebración de la misa: se permite
o prescribe unir la misa con otros ritos, especialmente sacramentales,
no con añadidos sin importancia (75); no es lícito
unir el sacramento de la Penitencia con la misa (76); no unir la
misa con una cena común, ni celebrarla en un comedor o en
una sala con alimentos comunes (77); no relacionar la celebración
de la misa con acontecimientos políticos o mundanos (78);
introducir en la misa ritos de otras religiones es un abuso (79).
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