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La Iglesia en Suiza propone este año de 2005
como un tiempo de descubrir otra vez la grandeza y la belleza del
sacerdocio y para orar por las vocaciones sacerdotales
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Puente de la Capilla.
Lucerna (Suiza) |
De acuerdo con monseñor Denis Theurillat,
obispo encargado de la pastoral juvenil helvética, «sencillamente
tenemos necesidad de sacerdotes», cita el servicio informativo
«Sir» del episcopado italiano. Y añade el prelado:
«Necesitamos de un tiempo para redescubrir la belleza
y la grandeza del sacerdocio». Se convoca así
el año 2005 como Año de las Vocaciones Sacerdotales.
«Sigo creyendo que el sacerdote es
un enviado, un testigo que va hacia las personas para recorrer
una parte del camino con ellas e invitarlas a vivir la Eucaristía
y la Reconciliación -subrayó-. De otra forma, se corre
el riesgo de hacer de él sólo un “distribuidor”
de sacramentos, que tiene cada vez menos contacto con la realidad
cotidiana».
Para el abad Pascal Desthieux, párroco de
Romont, son varias las causa de la crisis vocacional:
«Nuestra sociedad está en cambio, el papel de los sacerdotes
es menos valorado que en otro tiempo, las familias tienen menos
hijos y, sobre todo, hay menos creyentes y practicantes en nuestras
parroquias». Pero en su opinión también hay
que «situar esta crisis en su justo contexto»: «Salimos
de un período de abundancia. ¡Hasta hace 50 años
el obispo se preguntaba dónde podría situar adecuadamente
a sus jóvenes sacerdotes! ¿Cuál es el número
ideal de sacerdotes? Se podría decir “el mayor posible”,
como se desea que haya más creyentes y santos, pero son datos
no cuantificables».
Para la Iglesia, según el abad Desthieux,
esta crisis es «un tiempo de prueba y purificación»
que hay que superar a través de la oración –de
aquí la propuesta del año dedicado a las vocaciones-,
pero sobre todo «transmitiendo a los niños y a los
jóvenes el deseo de ser sacerdotes».
En este sentido, «los sacerdotes deben ser los primeros testigos
de su ministerio. ¡Que se pueda percibir, a través
de ellos y a pesar de las dificultades, el gozo, la belleza y la
calidad de su vocación!», recalcó.
En la Eucaristía que culminó su visita
de junio pasado a Berna, el Papa invitó a la Iglesia católica
en Suiza a superar las dificultades de las últimas décadas
recuperando su espíritu misionero. En la
celebración participaron, rompiendo las previsiones más
optimistas, setenta mil peregrinos. «Ha llegado la hora de
preparar jóvenes generaciones de apóstoles que no
tengan miedo de proclamar el Evangelio», dijo en su homilía.
«Para todo bautizado es esencial pasar de una fe de costumbre
a una fe madura, que se expresa en opciones personales claras, convencidas,
valientes», añadió.
La víspera el Santo Padre compartió
un encuentro con 13 mil jóvenes a quienes invitó a
una vida «llena de sentido», ya sea formando una familia,
«fundada sobre el matrimonio como pacto de amor entre un hombre
y una mujer que se comprometen en una comunión de vida estable
y fiel», ya sea en la vida consagrada a Dios. «Sé
bien que ante a una propuesta así experimentas dudas -reconoció
el Papa-. Pero te digo: ¡No tengas miedo! ¡Dios no se
deja vencer en generosidad! Después de casi sesenta años
de sacerdocio, estoy contento de ofrecer aquí, ante todos
vosotros, mi testimonio: ¡es bello poder entregarse hasta
el final por la causa del Reino de Dios!».
La Iglesia en Suiza recibía por tercera vez
al Papa –en su viaje apostólico 103º- dejando
a sus espaldas años de divisiones internas, y profundamente
preocupada por el avance de la indiferencia religiosa. El número
de los sacerdotes diocesanos ha pasado de 2.396 en 1985 a 1.817;
los sacerdotes religiosos en ese mismo período pasó
a ser de 1.627 a 1.274; las religiosas han pasado de 9.575 a 5.877.
El 41% de los 7,3 millones de habitantes de
Suiza son católicos, de los cuales el 9,1% es de origen extranjero.
Los protestantes constituyen el 37% y los musulmanes el 5%. El 11%
de los suizos se declara hoy sin confesión religiosa, mientras
que hace diez años era el 7,5 %, según un informe
de la agencia católica suiza APIC.
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