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Fuente:
Zenit, servicio diario, 19-III-2003 |
Artículo relacionado: La
confesión como terapia. Artículo sobre la
confesión frecuente.
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promesa y el poder de los sacramentos. Entrevista a Scott
Hahn,
sobre los sacramentos en cuanto juramentos a Dios.
Innumerables fieles constatan el efecto sanador
de la confesión y una paz que no encuentran en otras fórmulas.
Por ello, como afirma Scott Hahn, profesor de Escritura y Teología
en la Universidad Franciscana de Steubenville, este sacramento se
está haciendo cada vez más popular. También
director del Instituto de Estudios Bíblicos Aplicados y presidente
del Centro Saint Paul de Teología Bíblica, Scott Hahn
era ministro presbiteriano y gran predicador de esa comunidad cristiana.
En la actualidad, es uno de los «nuevos católicos»
más famosos en Estados Unidos. 1986 fue el año de
su entrada en la Iglesia católica. Tiene 45 años y
lleva casado 23 con Kimberly Kirk. El matrimonio tiene seis hijos.
Su último libro, «Lord, Have Mercy:
The Healing Power of Confession» -«Señor,
ten piedad: el poder sanador de la confesión»- (Ed.
Doubleday), publicado este martes, explica el alcance de este sacramento,
del que habló en esta entrevista.
-La Iglesia siempre
ha recomendado la confesión frecuente, pero muchas personas
lo encuentran abrumador. ¿Cómo puede su libro ayudarlas
a enfrentar este desafío?
-Scott Hahn: Lo más importante
que encontrarán los lectores es un enfoque bíblico
del sacramento. La confesión no es una novedad. Es la manera
en que el pueblo de Dios ha abordado siempre el arrepentimiento,
la reconciliación y la sanación. En el Antiguo Testamento,
la gente confesaba sus pecados regularmente ofreciendo un sacrificio
animal. Era más difícil hacerlo, más caro y
además sangriento. Había que comprar un animal, llevarlo
al altar y sacrificarlo uno mismo.
Nuestra necesidad de confesión no se desvanece
con la venida de Jesús. Sin embargo ahora se realiza de una
forma más ordenada, sencilla y más poderosa. Jesús
la satisfizo perfectamente estableciendo un ministro y un sacramento
de la penitencia en la Nueva Alianza. Esta evolución la explico
más detalladamente en «Lord, Have Mercy».
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Ángeles músicos.
Detalle de la Colegiata de
Pastrana (España) |
-Interpretar la confesión
como un sacramento sanador, ¿puede ayudar a verla como una
experiencia menos intimidante?
-Scott Hahn: Hay muchas formas
de considerar la confesión, todas ellas válidas. Se
puede ver como un tribunal con un juez divino. Se puede contemplar
como un balance de deudas. Pero creo que el modo más útil
de considerarla es como una sanación. La confesión
hace por nuestras almas lo que los médicos hacen por nuestros
cuerpos. Basta con pensar en todo lo que hacemos para mantener nuestros
cuerpos en correcto funcionamiento. Acudimos a chequeos periódicamente.
Nadie debe recordarnos que nos lavemos los dientes, nos duchemos
o tomemos la medicación necesaria. Todo esto es bueno para
nosotros, y para los que nos rodean también. Nadie querría
trabajar a nuestro lado si decidiéramos dejar de lavarnos.
Si nos esforzamos tanto por cuidar nuestros cuerpos,
¿no deberíamos emplear más tiempo en nuestras
almas? Después de todo, nuestros cuerpos morirán pronto,
pero nuestras almas vivirán para siempre. Más aún,
nuestras decisiones acerca de nuestra salud e higiene espiritual
tendrán un tremendo efecto en las personas que nos rodeen.
Nada ayuda más en la vida familiar y laboral que un alma
limpia y el consejo de un buen confesor. Nada hiere más nuestras
relaciones y nuestra salud mental que la carga del pecado y de la
culpa.
¡La confesión es un tratamiento para
la salud gratuito, y un seguro de vida gratuito también!
Cristo es el médico divino y, a diferencia de los especialistas
humanos, Él nos puede garantizar una curación siempre.
De hecho, nos asegura la inmortalidad. Si un médico pudiera
hacer todo esto, tendría largas colas a la puerta de su consulta.
Lo que hará la confesión menos intimidante es una
fe más fuerte en Jesucristo y lo que Él puede hacer
por nosotros.
-¿Es la confesión
exclusivamente católica?
-Scott Hahn: ¡No! Los cristianos
ortodoxos la recomiendan con entusiasmo. Martin Luther amaba la
confesión; y aún existe un rito para la confesión
privada en el Libro Luterano de Culto. C. S. Lewis era anglicano,
pero se confesaba con regularidad. Algunas Iglesias evangélicas
incluso permiten la confesión de los pecados antes de la
reunión de la asamblea. Creo que la confesión satisface
una necesidad profunda en nuestras almas. Necesitamos descargar
la conciencia. Necesitamos recomenzar.
-¿Responden
estas prácticas al camino cierto y eficaz por el que Dios
ha ido dirigiendo a su pueblo en la confesión?
-Scott Hahn: No tengo duda de que
cuando los hombres y las mujeres responden a la invitación
que reciben desde el altar y confiesan sus pecados a Dios, Él
les muestra gran misericordia. Pero sólo existe un camino
«cierto y eficaz» que Dios ha dado para el perdón
de los pecados, y que es la confesión sacramental a los ministros
de la Iglesia que Jesús estableció. Así se
desprende con claridad de la Escritura y la Tradición, como
explico en mi libro.
-En muchas parroquias
católicas hay celebraciones comunitarias de la penitencia
en Adviento y Cuaresma cada año. ¿Cree que estas celebraciones
ayudan o dificultan la confesión, tanto desde el punto de
vista de la recepción frecuente del sacramento como en cuanto
a la calidad de la confesión y a la experiencia del sacramento?
-Scott Hahn: La Iglesia aprueba
estas celebraciones, pero establece claramente que deben conducir
a cada fiel a la confesión individual. Aún recibiendo
la absolución general en un campo de batalla, el fiel debe
acudir a un sacerdote en cuanto el peligro cese. He ido a muchas
celebraciones comunitarias del sacramento de la penitencia donde
los sacerdotes estaban disponibles toda la tarde para confesiones
individuales. Y las filas de fieles eran largas.
-En su libro explica
la forma en que la confesión ha cambiado en el tiempo. ¿Qué
cambios podrían suceder en este sacramento en el futuro?
-Scott Hahn: En dos mil años,
el sacramento no ha cambiando en su esencia, sólo en sus
accidentes. En este sentido, se diferencia poco del resto de los
sacramentos. Las costumbres en torno al bautismo y a la confirmación
han cambiado a través de los siglos, pero no la doctrina
de la Iglesia respecto a estos sacramentos. No puedo predecir un
cambio futuro. No soy profeta. El único cambio que preveo
es un incremento en la popularidad del sacramento. Esto ya se verifica
en muchos lugares. La gente se deshace de las alternativas porque
no dan paz. La asistencia psicológica, la medicación,
las terapias y las diversiones tienen su lugar. Pueden aliviar el
dolor temporalmente, pero ninguna de estas cosas pueden curar la
herida. Nuestros corazones están inquietos, «y permanecerán
inquietos» hasta que descansen en Dios.
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