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Artículo relacionado: El
sacerdocio no es una «profesión», sino una «vocación».
Extracto del discurso del Papa
a Obispos filipinos en visita ad limina apostolorum el
9 de octubre de 2003.
Discurso del Papa Juan Pablo II en conexión
televisiva por satélite a los sacerdotes reunidos en Malta,
sobre la necesidad para la Iglesia de presbíteros santos.
Jueves 21 de octubre de 2004
Señor cardenal;
venerados hermanos en el episcopado;
amadísimos sacerdotes:
1.
De buen grado me uno idealmente a vosotros, que habéis acudido
a Malta para participar en un significativo encuentro espiritual.
Os saludo con afecto y, a través de vosotros, saludo a las
comunidades de las que provenís. Os habéis reunido
en Malta, isla que conserva la memoria viva del paso de san Pablo.
Conquistado por Jesús, se convirtió en humilde y valiente
servidor del Evangelio hasta afirmar con vigor: "Estoy crucificado
con Cristo: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí"
(Gal 2, 20).
2.
Todo sacerdote, llamado por la Providencia divina a ayudar a los
hombres y a las mujeres, a los jóvenes y a los adultos a
seguir las huellas del Maestro divino, puede reconocer en estas
palabras de san Pablo su programa. La Iglesia necesita presbíteros
santos, que sean a su vez "forjadores de santos para el nuevo
milenio".
Queridos hermanos, el Señor os invita a ser
sus apóstoles ante todo con la santidad de vuestra vida.
A vosotros os corresponde hacer que en todo lugar resuene la fuerza
de la palabra de verdad del Evangelio, la única que puede
cambiar a fondo el corazón del ser humano y darle la paz.
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| El Papa Juan Pablo II |
3.
Queridos sacerdotes, si os dejáis conquistar por Cristo como
el apóstol san Pablo, también vosotros seréis
capaces de proclamar por los caminos del mundo la infinita misericordia
del Padre celestial, "que quiere que todos los hombres se salven
y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tm 2, 4).
Así llegaréis a ser maestros creíbles de vida
evangélica y profetas de esperanza.
En un mundo inquieto y dividido, marcado por la
violencia y los conflictos, hay quien se pregunta si aún
es posible hablar de esperanza. Pero precisamente en este momento
es indispensable presentar con valentía la verdadera y plena
esperanza del hombre, que es Cristo nuestro Señor.
4.
El modelo celestial en el que debéis inspiraros sigue siendo
siempre la Virgen María. Al ángel Gabriel la humilde
muchacha de Nazaret le manifestó su plena disponibilidad
a cumplir la voluntad divina: "He aquí la esclava del
Señor; hágase en mí según tu palabra"
(Lc 1, 38).
Confirmó después el fiat
inicial en cada momento de su vida hasta el Calvario, donde Jesús
poco antes de morir la encomendó a Juan: "Ahí
tienes a tu madre" (Jn 19, 27). Desde aquel día María
se convirtió en la madre de todos los creyentes; de modo
especial en vuestra madre, queridos sacerdotes, para acompañaros
cada día a lo largo del camino.
5.
Recurrid constantemente a ella en vuestro ministerio. La Virgen
os ayudará a presentar a los niños y a los jóvenes,
a las familias y a los enfermos, a los empresarios y a los obreros,
a los intelectuales y a los políticos, en otras palabras,
a toda la humanidad, el fruto bendito de su vientre, el Redentor
crucificado y resucitado. Ojalá que todos lo acojan, lo amen
y le sean fieles hasta el final de su existencia.
A todos imparto con afecto mi bendición.
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