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la Eucaristía está la fuente de la eficacia para el
sacerdote.
Palabras que pronunció el Papa Benedicto XVI el domingo 18
de septiembre de 2005 durante el rezo del Ángelus.
Mensaje de Benedicto XVI del 20 de abril de 2005
Publicamos a continuación las palabras
que Benedicto XVI dedicó a los sacerdotes, en su primer Mensaje
como Romano Pontífice. Se han tomado del mensaje que leyó
en latín al final de la concelebración eucarística
presidida la mañana del 20 de abril de 2005 en la Capilla
Sixtina con los miembros del colegio cardenalicio.
En este año, por lo tanto, se tendrá
que celebrar con relieve particular la solemnidad del Corpus Christi.
La Eucaristía será el centro de la Jornada Mundial
de la Juventud en Colonia y en octubre, de la Asamblea Ordinaria
del Sínodo de los Obispos, cuyo tema será: «La
Eucaristía, fuente y cumbre de la vida y la misión
de la Iglesia». Les pido a todos que intensifiquen en los
próximos meses el amor y la devoción a Jesús
Eucaristía y que expresen con valentía y claridad
la fe en la esperanza real del Señor, sobre todo mediante
la solemnidad y la dignidad de las celebraciones.
Lo pido de modo especial a los sacerdotes, en los
que pienso en este momento con gran afecto. El sacerdocio ministerial
nació en el Cenáculo, junto con la Eucaristía,
como tantas veces subrayó mi venerado predecesor Juan Pablo
II. "La existencia sacerdotal ha de tener, por un título
especial, 'forma eucarística', escribió en su última
carta para el Jueves Santo. A este fin contribuye sobre todo
la devota celebración cotidiana de la Santa Misa, centro
de la vida y de la misión del cada sacerdote.
Homilía en la Misa de inauguración
del Pontificado
Publicamos las palabras en las que el que el
Papa Benedicto XVI habló de los pastores en la homilía
en la Misa de inauguración de su pontificado, el 24 de abril
de 2005.
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El Papa Benedicto XVI
el día de su elección como Pontífice |
El Palio indica primeramente que Cristo nos lleva
a todos nosotros. Pero, al mismo tiempo, nos invita a llevarnos
unos a otros. Se convierte así en el símbolo de la
misión del pastor del que hablan la segunda lectura y el
Evangelio de hoy.
La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor:
no es indiferente para él que muchas personas vaguen por
el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la
pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono,
de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto
de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no
tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos
exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los
desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están
al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos
puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación
y la destrucción.
La Iglesia en su conjunto, así como sus Pastores,
han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres
del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad
con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en
plenitud. El símbolo del cordero tiene todavía otro
aspecto. Era costumbre en el antiguo Oriente que los reyes se llamaran
a sí mismos pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder,
una imagen cínica: para ellos, los pueblos eran como ovejas
de las que el pastor podía disponer a su agrado. Por el contrario,
el pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho él
mismo cordero, se ha puesto de la parte de los corderos, de los
que son pisoteados y sacrificados. Precisamente así se revela
Él como el verdadero pastor: "Yo soy el buen pastor
[...]. Yo doy mi vida por las ovejas", dice Jesús de
sí mismo (Jn 10, 14s.).
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