| Autor:
Josep-Ignasi Saranyana |
Fuente:
Diario "La Vanguardia",
Barcelona, 4 de septiembre de 2005 |
Sobre este mismo asunto: ¿Revisión
del celibato?.
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celibato en entredicho: ¿Debe cambiar la Iglesia su postura?
y
Para los sacerdotes, el problema no es el celibato.
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católico, por Josep-Ignasi Saranyana.
Artículo de Josep-Ignasi Saranyana, con
motivo de la ordenación presbiteral en Tenerife (España)
de un convertido al catolicismo que había sido pastor anglicano.
Por concesión papal, un pastor anglicano
casado, convertido a la Iglesia católica, ha sido ordenado
en Canarias. Estas ordenaciones están previstas
desde antiguo por la praxis eclesiástica,
aunque son excepcionales. Ya en el siglo XVIII, los pastores anglicanos
que se incorporaban al catolicismo eran consagrados nuevamente,
con dispensa pontificia, sin restricción alguna.
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Púlpito de la Catedral de Lyon (Francia),
a la luz de las vidrieras |
No se confundan, pues, las ordenaciones de ex ministros
anglicanos en la Iglesia católica con las
ordenaciones de ministros anglicanos en Constantinopla.
Cuando León XIII declaró inválidas las ordenaciones
del rito anglicano, algunos acudieron a la Iglesia ortodoxa -no
a Roma- para asegurar la validez de su sacerdocio.
Lo sucedido ahora en Canarias no es nuevo. Sin embargo,
ha despertado interés, porque se piensa que la ordenación
de Gliwitzki podría significar que Roma busca fórmulas
para abolir el celibato. "Aunque posiblemente se tarde 50 ó
60 años", se ha dicho.
La Iglesia católica requiere siempre
el celibato, aunque con dos niveles de exigencia, según
el rito. El rito católico latino (muy mayoritario) presupone
que el candidato al presbiterado ha recibido dos gracias distintas,
pero inseparables: la vocación al sacerdocio
y la vocación al celibato. A su modo, los
ritos católicos orientales también exigen el celibato.
Si el ordenando quiere casarse debe hacerlo antes de la ordenación.
Ya ordenado no podrá casarse. Si está casado, no podrá
ser obispo, plenitud del sacerdocio.
Una disciplina, mantenida durante casi veinte siglos
pese a continuadas protestas y a ser descuidada por muchos, no puede
trivializarse, si creemos que el Espíritu Santo es el alma
de la Iglesia. Hay que tomarla en serio, incluso especulativamente.
Decía Pablo VI, en su encíclica sobre el celibato
sacerdotal, que es preciso "perseverar en el estudio de suerte
que el vínculo entre el sacerdocio y el celibato aparezca
cada vez más en su lógica luminosa y heroica".
Hay razones no sólo disciplinares, sino
también teológico-dogmáticas
para mantener la exigencia del celibato a los sacerdotes católicos.
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