Autor:
Jean Marie Lustiger,
Cardenal Arzobispo emérito de París |
Fuente:
Ecclesia Digital, 14 de junio de 2005 |
Artículo relacionado: El
sacerdocio no es una «profesión», sino una «vocación»,
extracto de un discurso de Juan Pablo II a un grupo de Obispos filipinos.
Si ya eres sacerdote, nunca
tu vida será sin sentido, ni un fracaso,
ni un error.
Es irrevocable, porque se funda
en la Palabra irrevocable de Dios.
Será fiel, incluso si percibes
tu infidelidad, porque se funda en la fidelidad de Dios.
Será fecunda, incluso cuando
la vivas en la esterilidad aparente, porque se inscribe en la fecundidad
del sacrificio de Cristo.
Estará al servicio de todos los hombres,
porque tu acción no tiene por límite tu propia y pobre
capacidad de obrar, sino que se inscribe en la acción de
Dios que obra a través de toda la humanidad y de todos los
pueblos que ha unido a la Iglesia.
Será fuente de alegría,
incluso cuando estés en la tristeza, sufriendo la pasión
de Cristo, porque eres el instrumento y el mensajero de la alegría
de Dios. Por medio de ti, Dios quiere difundir su Espíritu
que es la Alegría del mundo.
Será santidad, a pesar de
tus pecados, porque, perdonado sin cesar, serás el instrumento
de la santificación y de la santidad que Dios difunde en
el mundo.
Perdonarás con el perdón
de Dios, alimentarás con la Carne de Cristo
a los hombres hambrientos, llevarás su Palabra
que se hace carne en tu propia palabra. Darás su espíritu
al que quiere habitar por su Espíritu en las profundidades
de tu alma.
Hermano, ¡Alégrate de ese camino abierto
ante ti!
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