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celibato, por Josep-Ignasi Saranyana.
A la vista de la reciente confrontación
sobre el celibato, conviene recordar que el sacerdocio de la nueva
ley supone un salto cualitativo respecto a la antigua.
La tradición paulina insiste en la superioridad
del sacerdocio de Cristo con relación al sacerdocio levítico,
tal como éste se expresa en la ley mosaica. Las notas del
sacerdocio israelítico sólo se pueden predicar del
sacerdocio cristiano con muchos matices. Sería incorrecto
entender el sacerdocio cristiano como una pura continuación
del sacerdocio mosaico. Hay solución de continuidad en
cuestiones esenciales.
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Ángel.
Catedral de Las Palmas (España) |
Sin embargo, algunos reformadores del siglo XVI,
separándose de la genuina tradición paulina, entendieron
que el sacerdocio cristiano era únicamente una sublimación
del sacerdocio levítico. Las comunidades eclesiales surgidas
de la Reforma consideraron que el sacerdote era un elegido de
la asamblea para una alta misión religiosa, con una dedicación
temporal. Terminado el servicio podía volver a su condición
anterior. Tales puntos de vista han influido bastante, incluso
entre teólogos católicos.
Por ello conviene recordar que el estatuto del
sacerdocio cambió por completo con la encarnación
del Hijo de Dios. Cristo inauguró un nuevo sacerdocio que
no surge ya del espíritu del pueblo ni siquiera del genio
religioso de un gran profeta. El pontífice máximo,
sumo y eterno sacerdote de la Nueva Alianza, es Cristo. Los demás
sacerdotes son como una prolongación sacramental de Cristo
mismo.
Las consecuencias son evidentes, aunque no fáciles
de determinar jurídicamente ni siquiera sencillas de expresar
en conceptos. En todo caso, las características del sacerdocio
cristiano no se deducen de las prácticas sociales, más
o menos coyunturales; derivan de su raíz cristológica
fundamental.
En este marco debe situarse el delicado asunto
del celibato. No es un simple estilo de vida, que destaca un modo
de entender el sacerdocio. Si nos quedáramos en estrictas
consideraciones sociológicas, psicológicas o históricas,
llegaríamos a pocas conclusiones, que serían muy
discutibles, cuando no descaminadas. El celibato es don y misterio,
como subrayaba Juan Pablo II.