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Fuente:
Fondo Cultural Católico |
Artículo relacionado: El
traje eclesiástico de los clérigos.
Adaptado de un texto publicado en el Fondo Cultural
Católico, Miami, Estados Unidos, en base a textos de Jaime
Tovar Patrón
"Fíjese si el impacto de la sotana es
grande ante la sociedad, que muchos regímenes anticristianos
la han prohibido expresamente. Esto debe decirnos algo. ¿Cómo
es posible que ahora, hombres que se dicen de Iglesia desprecien
su significado y se nieguen a usarla?"
Hoy en día son pocas las ocasiones en que
podemos admirar a un sacerdote vistiendo su sotana. El uso de la
sotana, una tradición que se remonta a tiempos antiquísimos,
ha sido olvidado y a veces hasta despreciado en la Iglesia posconciliar.
Pero esto no quiere decir que la sotana perdió su utilidad
sino que la indisciplina y el relajamiento de las costumbres entre
el clero en general es una triste realidad.
La sotana fue instituida por la Iglesia a fines
del siglo V con el propósito de darle a sus sacerdotes un
modo de vestir serio, simple y austero. Recogiendo esta tradición,
el Código de Derecho Canónico impone el hábito
eclesiástico a todos los sacerdotes (canon 136).
Contra la enseñanza perenne de la Iglesia
está la opinión de círculos enemigos de la
Tradición que tratan de hacernos creer que el hábito
no hace al monje, que el sacerdocio se lleva dentro, que el vestir
es lo de menos y que lo mismo se es sacerdote con sotana que de
paisano.
Sin embargo, la experiencia demuestra todo lo contrario,
porque cuando hace más de 1.500 años la Iglesia decidió
legislar sobre este asunto fue porque era y sigue siendo importante,
ya que ella no se preocupa de niñerías.
1º - La sotana
es el recuerdo constante del sacerdote
Ciertamente que, una vez recibido el orden sacerdotal,
no se olvida fácilmente. Pero nunca viene mal un recordatorio:
algo visible, un símbolo constante, un despertador sin ruido,
una señal o bandera. El que va de paisano es uno de tantos,
el que va con sotana, no. Es un sacerdote y él es el primer
persuadido. No puede permanecer neutral, el traje lo delata. O se
hace un mártir o un traidor, si llega el caso. Lo que no
puede es quedar en el anonimato, como un cualquiera. Y luego...
¡Tanto hablar de compromiso! No hay compromiso cuando exteriormente
nada dice lo que se es. Cuando se desprecia el uniforme, se desprecia
la categoría o clase que éste representa.
2º - La sotana
facilita la presencia de lo sobrenatural en el mundo
No cabe duda que los símbolos nos rodean
por todas partes: señales, banderas, insignias, uniformes...
Uno de los que más influjo produce es el uniforme. Un policía,
un guardián, no hace falta que actúe, detenga, ponga
multas, etc. Su simple presencia influye en los demás: conforta,
da seguridad, irrita o pone nervioso, según sean las intenciones
y conducta de los ciudadanos.
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Ordenaciones sacerdotales
en la Basílica de San Pedro, Vaticano |
Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean.
Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar,
ni siquiera abrir los labios. Al que está a bien con Dios
le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa,
al que vive apartado de Dios le produce remordimiento.
Las relaciones del alma con Dios no son exclusivas
del templo. Mucha, muchísima gente no pisa la Iglesia. Para
estas personas, ¿qué mejor forma de llevarles el mensaje
de Cristo que dejándoles ver a un sacerdote consagrado vistiendo
su sotana? Los fieles han levantando lamentaciones sobre la desacralización
y sus devastadores efectos. Los modernistas claman contra el supuesto
triunfalismo, se quitan los hábitos, rechazan la corona pontificia,
las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios
vacíos; de falta de vocaciones. Apagan el fuego y luego se
quejan de frío. No hay que dudarlo: la desotanización
lleva a la desacralización.
3º - La sotana
es de gran utilidad para los fieles
El sacerdote lo es no sólo cuando está
en el templo administrando los sacramentos, sino las veinticuatro
horas del día. El sacerdocio no es una profesión,
con un horario marcado: es una vida, una entrega total y sin reservas
a Dios. El pueblo de Dios tiene derecho a que lo asista el sacerdote.
Esto se les facilita si pueden reconocer al sacerdote de entre las
demás personas, si éste lleva un signo externo. El
que desea trabajar como sacerdote de Cristo debe poder ser identificado
como tal para el beneficio de los fieles y el mejor desempeño
de su misión.
4º - La sotana
sirve para preservar de muchos peligros
¡A cuántas cosas se atreverán
los clérigos y religiosos si no fuera por el hábito!
Esta advertencia, que era sólo teórica cuando la escribía
el ejemplar religioso P. Eduardo F. Regatillo, S. I., es demasiadas
veces una terrible realidad.
Primero, fueron cosas de poco bulto: entrar en bares,
sitios de recreo, alternar con seglares, pero poco a poco se ha
ido cada vez a más.
Los modernistas quieren hacernos creer que la sotana
es un obstáculo para que el mensaje de Cristo entre en el
mundo. Pero al suprimirla, han desaparecido las credenciales y el
mismo mensaje. De tal modo que ya algunos piensan que al primero
que hay que salvar es al mismo sacerdote que se despojó de
la sotana supuestamente para salvar a otros.
Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación
y disminuye las ocasiones de pecar para el que la viste y los que
lo rodean. De los miles que han abandonado el sacerdocio después
del Concilio Vaticano II, prácticamente ninguno abandonó
la sotana el día antes de irse: lo habían hecho ya
mucho antes.
5º - La sotana
supone una ayuda desinteresada a los demás
El pueblo cristiano ve en el sacerdote el hombre
de Dios que no busca su bien particular sino el de sus feligreses.
La gente abre de par en par las puertas del corazón para
escuchar al padre que es común del pobre y del poderoso.
Las puertas de las oficinas y de los despachos por altos que sean
se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién
le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos?
Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este
prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de
sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden
de ella como si se tratara de un estorbo?
6º - La sotana
impone la moderación en el vestir
La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes
del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación
dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos.
La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un
color (negro) y de una forma (túnica). Los armiños
y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones
no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé
realce a las ceremonias sagradas de la Iglesia.
Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote
la vanidad como a cualquier mortal: las marcas, calidades de telas,
de tejidos, colores, etc. Ya no está todo tapado y justificado
por el humilde sayal. Al ponerse al nivel del mundo, éste
lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá
de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como
la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta
tejido con pelos de camello.
7º - La sotana
es ejemplo de obediencia al espíritu y legislación
de la Iglesia
Como uno que comparte el Santo Sacerdocio de Cristo,
el sacerdote debe ser ejemplo de la humildad, la obediencia y la
abnegación del Salvador. La sotana le ayuda a practicar la
pobreza, la humildad en el vestuario, la obediencia a la disciplina
de la Iglesia y el desprecio a las cosas del mundo. Vistiendo la
sotana, difícilmente se olvidará el sacerdote de su
papel importante y su misión sagrada o confundirá
su traje y su vida con la del mundo.
Estas siete excelencias de la sotana podrán
ser aumentadas con otras que le vengan a la mente a usted. Pero,
sean las que sean, la sotana por siempre será el símbolo
inconfundible del sacerdocio porque así la Iglesia, en su
inmensa sabiduría, lo dispuso y ha dado maravillosos frutos
a través de los siglos.
Nota:
Conviene recordar: Muchos sacerdotes y
religiosos mártires han pagado con su sangre el odio a la
fe y a la Iglesia desatado en las terribles persecuciones religiosas
de los últimos siglos. Muchos fueron asesinados sencillamente
por vestir la sotana. El sacerdote que viste su sotana es para todos
un modelo de coherencia con los ideales que profesa, a la vez que
honra el cargo que ocupa en la sociedad cristiana.
Si bien es cierto que el hábito no hace al
monje, también es cierto que el monje viste hábito
y lo viste con honor. ¿Qué podemos pensar del militar
que desprecia su uniforme? ¡Lo mismo que del cura que desprecia
su sotana!
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