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a un sacerdote que promovía
el diálogo entre el Islam y la Iglesia Católica.
El «Martirologio de la Iglesia contemporánea»
ha sido publicado, como a final de cada año, por la Congregación
vaticana para la Evangelización de los Pueblos, según
la información de que dispone. Se refiere no sólo
a los misioneros ad gentes en sentido estricto, sino a
todo el personal eclesiástico asesinado o que sacrificó
su vida con conciencia del riesgo que corría, sin abandonar
su compromiso de testimonio y apostolado.
La cifra más elevada de víctimas se
registró este año en el continente americano, con
la pérdida de 8 sacerdotes, 2 religiosas y 2 religiosos.
«Todavía es Colombia, con 4 sacerdotes y una religiosa
asesinada, la nación donde los conflictos sociales son más
agudos y la Iglesia paga un fuerte tributo por su compromiso al
frente de la reconciliación y de la justicia social en nombre
del Evangelio», observa el dicasterio. «Otros dos sacerdotes
fueron asesinados en México: trabajaban en zonas de profunda
degradación»; «una religiosa comprometida en
la Comisión Pastoral de la tierra junto a los trabajadores
del campo, y otros dos sacerdotes hallaron la muerte en Brasil».
En Jamaica fueron asesinados «dos religiosos misioneros, comprometidos
al servicio de los pobres», «otra señal del clima
de inseguridad y violencia que reina hasta en la capital»,
denuncia la Congregación vaticana.
Describe además que «África
fue bañada con la sangre de un obispo, 6 sacerdotes y un
laico», «hallados asesinados» en sus residencias,
«probablemente por delincuentes en busca de dinero fácil»,
«o eliminados deliberadamente, con ferocidad sanguinaria en
Kenia, República Democrática del Congo, Congo (Brazzaville)
y Nigeria».
A causa del Evangelio en Asia perdieron la vida
igualmente 4 sacerdotes: 3 en la India y uno en Indonesia.
Por su parte Bélgica también fue escenario
del asesinato de un sacerdote, igual que ocurrió en Rusia.
Algunos sacerdotes asesinados
Ochenta y cinco años tenía el sacerdote
dominico Thomas Richard Heath (estadounidense), había pasado
10 en Sudáfrica y Lesotho y llevaba 13 en Kenia cuando el
13 de enero del año pasado murió víctima de
la agresión sufrida días antes en un intento de robo
en la casa religiosa de Kisumu, donde vivía. Era enormemente
estimado y había formado una generación entera de
sacerdotes en Kenia, donde perdió la vida.
Al día siguiente era hallado asesinado en
Purworejo (Java central), a manos de desconocidos que entraron en
su parroquia –se cree que con intención de robar–,
otro sacerdote: Thomas Harsidiyono, indonesio de 50 años.
Se excluye que tuviera enemigos o que hubiera sido amenazado previamente.
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San Agustín.
Catedral de Las Palmas (España) |
El 6 de febrero, tras una llamada anónima,
era encontrado asesinado el sacerdote franciscano de 42 años
Manuel Delgado (mexicano). Había desaparecido la víspera.
Era vicario de la parroquia de Santo Cristo de Burgos, en el poblado
de Ciudad Jiménez, a 250 kilómetros al sur de la capital
del Estado mexicano de Chihuahua, cerca de donde fue hallado su
cuerpo. Los indicios apuntan a que fue víctima de un robo.
La mañana del 12 de febrero moría
sor Dorothy Stang, misionera estadounidense (con nacionalidad brasileña)
de las Hermanas de Notre Dame de Namur, de 73 años. Ejercía
su apostolado desde hace cuarenta años en las pequeñas
comunidades del interior de la Amazonia brasileña. Fue asesinada
por dos pistoleros mediante disparos a quemarropa por la espalda
en el asentamiento de Esperança, a 40 kilómetros del
municipio de Anapu, en el sudoeste del Estado brasileño de
Pará. Hacía menos de una semana que había denunciado
amenazas de muerte contra cuatro campesinos de la zona.
En la madrugada del 1 de mayo, después de
tres semanas de agonía, fallecía en Patna (capital
del Estado indio de Bihar), a la edad de 72 años, el vicario
general de esta archidiócesis, el sacerdote Mathew Uzhuthal,
a consecuencia de las lesiones producidas por el brutal acuchillamiento
que había sufrido por negarse a pagar el dinero de una extorsión.
Originario de Kerala, el sacerdote asesinado era muy popular y apreciado
en Bihar.
En República Democrática del Congo
perdió la vida el 7 de mayo un jesuita belga de 72 años,
el padre René de Haes. Fue asesinado a manos de unos saqueadores
en Kimwenza, en la zona norte de Kinshasa. Era rector del centro
internacional de estudios «San Pedro Canisio».
El sacerdote Robert De Leener, belga de 54 años,
fue asesinado la noche del 4 al 5 de junio delante de su anciana
madre por un inmigrante a quien anteriormente había alojado
en la casa parroquial. Párroco de la parroquia de la Santa
Cruz en Watermael-Boitsfort (Bruselas), los testimonios son unánimes
de que todo el que llamaba a su puerta recibía acogida y
ayuda.
Los disparos de unos desconocidos acabaron el 14
de julio con la vida del obispo Luigi Locati, de origen italiano,
a los 77 años de edad. Vicario apostólico de Isiolo,
en el noreste de Kenia, fue asesinado ante un centro pastoral del
vicariato. El prelado había recibido previamente amenazas
de muerte. Llevaba cuatro décadas de labor en el país
africano. Siempre vivió en sencillez y pobreza. Puso en marcha
diversos proyectos de los que se benefició toda la población
de Isiolo y de las zonas limítrofes, sin distinción
de su pertenencia étnica, religiosa o social.
El 21 de julio moría el párroco de
la catedral de Santa Marta (Barranquilla, Colombia). Monseñor
Luis Enrique Rojas, colombiano de 76 años, había sido
agredido por unos delincuentes que entraron en la casa parroquial
donde vivía. Llevaba 25 años al frente de la Catedral
y se distinguía por su labor hacia los más desfavorecidos.
Hacía poco más de siete meses que había sufrido
otra agresión.
A los cinco años de su ordenación
presbiteral, Paulo Henrique Keler Machado fue tiroteado el 25 de
julio por unos desconocidos. Su cuerpo fue hallado bajo un viaducto
en la periferia de Río de Janeiro. Brasileño de 36
años, el sacerdote era vice-coordinador de pastoral y coordinador
de liturgia de la diócesis Nova Iguaçu (Río
de Janeiro). También era conocido por su compromiso a favor
de los familiares de las 29 víctimas de la masacre del pasado
31 de marzo a manos de un «comando» en la misma zona
periférica donde él perdió la vida.
El 18 de agosto fallecía Jesús Adrián
Sánchez, de 32 años, sacerdote de la diócesis
de Espinal (Tolima). Era párroco de El Limón. Fue
sacado a la fuerza del aula donde impartía una clase de religión
en la zona rural de Chaparral y disparado por un desconocido. Comprometido
con la pastoral de los jóvenes, el sacerdote les persuadía
para que no dejaran los estudios por unirse a los guerrilleros o
a los violentos.
Hacía sólo tres días que otros
dos sacerdotes colombianos, Vicente Rozo Bayona –50 años–
y Jesús Emilio Mora –65 años–, de la diócesis
de Ocaña, párrocos de las únicas dos parroquias
de Convención, habían sido asesinados cuando se trasladaban
a una celebración. Los guerrilleros del ELN (Ejército
de Liberación Nacional) admitieron su responsabilidad en
el ametrallamiento del vehículo en el que viajaban los sacerdotes
junto a otras dos personas el 15 de agosto en la localidad de El
Diviso. Todos los ocupantes murieron. Los atacantes afirmaron que
se trató de un trágico «error».
Por iniciativa personal, el sacerdote congoleño
de la diócesis de Manono (República Democrática
del Congo), Francois Djikulo, se acercó en agosto en misión
de paz a ver «al temido jefe rebelde Kyungu Kyungu, alias
Gedeon, para convencerle a fin de que depusiera las armas y acabara
con el terror al que estaban sujetas las poblaciones locales»,
relata el dicasterio misionero; hasta noviembre no se supo «con
certeza que el sacerdote había sido asesinado salvajemente:
primero le mutilaron junto a su colaborador laico que le acompañaba,
Simon Kayimbi; luego fueron quemados vivos en Mutendele, territorio
de Pweto, a 75 kilómetros de la parroquia de Dubie, diócesis
de Kilwa Kasenga».
Dos meses hacía que monseñor Mathew
Nellickal había iniciado su labor como vicario general de
la diócesis de Tezpur (Estado indio de Assam) cuando murió
violentamente. Asesinado en la noche del 2 de septiembre, su cuerpo,
brutalmente agredido, se halló a la mañana siguiente
en una despensa adyacente a su habitación, en la casa episcopal.
Había nacido en Palai, en el Estado de Kerala, hacía
65 años. Era muy querido y carecía absolutamente de
enemigos.
El dicasterio misionero califica de «mártir
de la paz» al sacerdote Ignatius Bara, «asesinado»
el 12 de septiembre por intentar «prevenir un enfrentamiento
inminente entre un grupo tribal y otro fundamentalista hindú».
El crimen tuvo lugar en Simdega, en el Estado oriental indio de
Jharkhand. De 48 años, el sacerdote era de origen tribal.
51 años tenía el sacerdote mexicano
de la diócesis de Tijuana Luis Velázquez Romero, quien
fue asesinado a tiros. Su cuerpo maniatado fue hallado en un automóvil
la mañana del 25 de octubre. Ejercía su ministerio
pastoral en una parroquia del barrio de Colinas de Agua Caliente
de Tijuana y era juez del Tribunal Eclesiástico diocesano.
Se le recuerda como una persona muy amable y cercana a los demás.
La tarde del 27 de octubre dos miembros de la Congregación
religiosa de Derecho diocesano Missionaries of the Poor
(MOP), dedicada a la asistencia de pobres y marginados en Jamaica,
India, Uganda y Filipinas, fueron asesinados en Kingston. Suresh
Barwa –originario de la India, de 31 años– y
Marco Candelario Lasbuna –filipino de 22 años–
cayeron víctimas de la misma bala en la cabeza mientras lavaban
los platos en la cocina de la casa Corpus Christi de los MOP, en
pleno centro de la capital.
El 11 de noviembre Sor Margarita Vázquez
Sandino, colombiana, de las hermanas del Buen Pastor, fue asesinada
en Medellín (Colombia) mientras atendía a un familiar
enfermo. Un joven, que estaba en contacto con las religiosas por
trabajos de pintura, entró en la habitación probablemente
con intención de robar. Una discusión con la religiosa
le ocasionó a ésta la muerte. Tenía 87 años
y dirigía una Campaña navideña para entregar
regalos a los niños heridos por minas anti-persona.
Cierra este «martirologio» difundido
el 30 de diciembre por el dicasterio misionero la muerte violenta,
la noche de Navidad, del sacerdote salesiano Philip Valayam. De
46 años, fue asesinado tras haber celebrado la Misa de medianoche,
mientras regresaba a su comunidad «Don Bosco Youth Educational
Services» de Nairobi (Kenya). Parece que el sacerdote fue
detenido por algunos atracadores que le dispararon cuando intentaba
reaccionar. Originario de la India, muy apreciado y conocido, era
profesor en el «Tangaza College» de la «Catholic
University of Eastern Africa» (CUEA).
Por último, no se puede olvidar la larga
lista de tantos sacerdotes y otros "militantes desconocidos
de la fe" en todos los rincones del planeta, de los que quizá
nunca tendremos noticias, pero cuyos nombres quedarán para
siempre inscritos en el Libro de la Vida.
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