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Artículo relacionado: Sacerdotes
mártires en 2005.
Al grito de «Alá es grande»,
un joven ha asesinado al sacerdote Andrea Santoro en su iglesia
de Turquía. La ira provocada por la publicación
de 12 dibujos de Mahoma, algunos de dudoso gusto -como el que
representa al profeta con un turbante-bomba- en un diario danés
y otro noruego, luego reproducidas por otros medios europeos,
se ha transformado en cólera y ha mutado en fervor asesino.
La muerte de Andrea Santoro
El sacerdote católico Andrea Santoro
podría ser la primera víctima. Santaro, de 60 años,
ha muerto el 5 de febrero de 2006 abatido por dos disparos en el
pecho a las puertas de su iglesia, en la ciudad portuaria de Trebisonda,
junto al mar Negro. Aunque la Policía turca, que busca a
un joven como autor del asesinato gracias a las declaraciones de
los testigos, no quiso relacionar el incidente con la «guerra»
por las viñetas de Mahoma, lo cierto es que la curia romana
ya ha proclamado a Santaro como primer mártir del
conflicto religioso. Horas antes de que tuviera lugar esta
muerte, unos 300 turcos se manifestaron en Estambul contra los dibujos
con pancartas en las que se podían leer amenazas directas
a europeos y norteamericanos.
El sacerdote recibió dos disparos en el pecho
que le atravesaron el hígado y el corazón sobre las
15:30, al término de la Santa Misa, en horario de visitas,
a manos de un joven de unos 17 años que gritó «Allah
Akbar» (Alá es grande) para darse a la fuga de inmediato,
según informaron varios testigos. El cuerpo de Santaro quedó
inerte, rodeado de sangre en el jardín, justo a las puertas
de la iglesia de Santa María, construida en el siglo XIX
durante el gobierno del sultán otomano Abdulmecid para servir
a los cristianos de la zona. El gobernador de Trabzon, Huseyin Yavuzdemir,
afirmó que el sacerdote llevaba residiendo en Turquía
unos cinco años y que había recibido amenazas
por su labor religiosa pese a lo cual nunca requirió
protección de las autoridades. «Condenamos el ataque
contra un hombre de religión», expresó el gobernador.
Santoro defendió el diálogo
con el islam y se había convertido en un icono del
entendimiento entre religiones y en un firme defensor del diálogo
con el islam. Deseaba la creación de un puente entre Oriente
Medio y Occidente, según escribió él mismo
en una carta publicada por la diócesis de Roma. Santoro quería
«hacer de ventana entre mundos lejanos, entre el Medio Oriente
y Occidente; entre el islam, el judaísmo y las iglesias cristianas».
Explicaba que «ser ventana significa ser lugar de comunicación
y de encuentro». En otro mensaje a su parroquia el sacerdote
aseguraba que había escuchado «cuan importante y posible
de realizar es un intercambio de dones espirituales entre Oriente
y Occidente». Y luego agregaba: «Oriente Medio, la Tierra
Santa donde Dios decidió comunicarse de modo especial con
el hombre, tiene sus riquezas y su capacidad gracias a la luz que
Dios ha puesto allí siempre para iluminar nuestro mundo occidental».
Sin embargo, también aseguraba que «Oriente Medio tiene
su oscuridad, sus problemas trágicos, y sus rostros. Por
ello, tiene necesidad a su vez de que el Evangelio
que de allí ha partido sea de nuevo sembrado. Es una recíproca
reevangelización y enriquecimiento que los dos mundos se
puede intercambiar».
Reacciones ante su asesinato
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La Anunciación.
Detalle del retablo de la iglesia de Mandayona
(Guadalajara, España) |
El enviado del Papa Benedicto XVI en Ankara, Monseñor
Antonio Lucibello, aseguró que la mujer que asistía
al sacerdote le explicó que Santoro fue asesinado
mientras se encontraba rezando «de rodillas en la
primera hilera de escaleras de la iglesia». «No pudo
ver a su asesino cara a cara», añadió Lucibello.
Desde Roma, el cardenal Camillo Ruini afirmó que Santoro
«vertió su sangre por el Señor. La diócesis
de Roma está orgullosa de él». «Los sacerdotes
que estimaban a Andrea Santoro», cura de la parroquia romana
de Jesús de Nazaret, «están profundamente conmocionados
por esta tristísima noticia», remarcó Ruini.
El cardenal Ruini recordó el deseo del sacerdote de poder
dejar Roma para ir a la península de Anatolia y «ser
en aquella tierra testimonio silencioso y predicador de Jesucristo
con respeto a las leyes locales».
El Papa Benedicto XVI quiso recordar durante
la audiencia general del 8 de febrero de 2006 a Andrea
Santoro, sacerdote asesinado en Turquía, y dijo que espera
que "el sacrificio de su vida contribuya a la causa del dialogo
entre las religiones y de la paz entre los pueblos". "No
podemos no recordar hoy a Andrea Santoro, el sacerdote 'Fidei Donum'
de la diócesis de Roma asesinado en Turquía el pasado
domingo mientras estaba rezando en su iglesia", dijo el Papa
durante los saludos en italiano y pidió que "el señor
acoja el alma de este silencioso y valiente servidor del Evangelio".
Benedicto XVI además comentó que en estos días
le había llegado una carta del sacerdote, escrita el 31 de
enero junto a la pequeña comunidad cristiana de la parroquia
Santa Maria en Trebisonda y explicó que sintió "una
profunda conmoción por esta carta, que es un espejo de su
alma sacerdotal y de su labor". Junto a la carta de Santoro,
el Papa comentó además que le llegó una misiva
de las mujeres de la parroquia de Trebisonda en la que le realizaban
una invitación a visitar la localidad.
Posteriormente el Pontífice aludió a su figura
en la Misa Crismal del 13 de abril de 2006, concelebrada con el
clero de Roma al que pertenecía este sacerdote.
Documento relacionado: Homilía
del Papa Benedicto XVI en la Misa Crismal del Jueves Santo de
2006.
Las palabras hacia el sacerdote asesinado
arrancaron un aplauso a las 8.000 personas que acudieron hoy a la
audiencia general celebrada en el aula Pablo VI, al que Benedicto
XVI contestó conmovido con un "muchas gracias por este
aplauso".
Mons. Giuseppe Andreozzi, Director de la Oficina
para la Cooperación misionera entre las Iglesias de la CEI
(conferencia Episcopal italiana) y Director nacional de las Obras
Misionales Pontificias, también ha manifestado su emoción
por este hecho. "Todavía me encuentro en Brasil después
del encuentro de Fidei Donum italianos en América
latina, donde ha sido unánime el deseo de nuestros
sacerdotes de continuar el servicio misionero en otras
Iglesias, cuando ha llegado la dolorosa noticia de la muerte de
don Andrea en Turquía" escribe comentando la muerte
de Andrea Santoro, sacerdote Fidei Donum de la Diócesis
de Roma. "Los testimonios sobre don Andrea muestran su gran
ardor misionero y el deseo de desgastarse en las difíciles
fronteras de la evangelización de los pueblos para que el
Evangelio suscite fraternidad entre las personas y los pueblos,
las culturas y las religiones. Cuanto más las locuras de
los hombres parecen hacer difícil este objetivo, la muerte
de don Andrea es el grano que cae por tierra y la fe ayuda a creer
que dará fruto de ulteriores vocaciones
y servicios misioneros".
Entre los numerosos testimonios de solidaridad llegados
de los sacerdotes Fidei Donum, de misioneros y de las Iglesias
locales, Mons. Andreozzi cita el mensaje que Mons. Luigi Bressan,
Arzobispo de Trento, Presidente de la Comisión episcopal
para la evangelización de los Pueblos y la Cooperación
entre las Iglesias de la CEI, que ha enviado al Cardenal Camillo
Ruini y a la Iglesia de Roma. Mons. Bressan se une al sufrimiento
de la Iglesia que está en Roma, "por la pérdida
de un hijo tan generoso que se ofreció como Fidei
Donum para estar al servicio de una comunidad aunque
fuera pequeña en tierra turca y para la promoción
del diálogo y la colaboración entre grupos religiosos
de diversa inspiración". "Pido para que él
esté en la luz de Cristo - continúa el mensaje - que
presentaba a los fieles en el ministerio pastoral en Roma y que
deseó hacer conocer también en tierra lejana, con
generoso espíritu misionero". El arzobispo Bressan espera
que don Andrea, "mártir por amor a Cristo y a su Iglesia",
interceda ahora desde el cielo para que todas las parroquias "tengan
realmente un rostro misionero y la controversia entre los grupos
religiosos se transforme en plena libertad religiosa, en mutuo respeto,
diálogo constructivo y colaboración para todo el mundo”.
Los sacerdotes diocesanos Fidei Donum toman
el nombre de la encíclica del Papa Pío XII, la Fidei
Donum, del 21 de abril de 1957, en la que el Papa pide a los
Obispos de las diócesis más antiguas enviar sacerdotes
y laicos como "un don" de la fe a las diócesis
de las jóvenes Iglesias de África. Este llamamiento
se extendió también luego a otros continentes. En
estos meses se están promoviendo una serie de iniciativas
para una reflexión y un lanzamiento de este servicio
misionero con vistas al 50° aniversario de la publicación
de la Encíclica.
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