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Autor:
Michelle Boorstein |
Fuente:
Artículo en The Washington
Post,
29 de marzo de 2006 |
Artículo relacionado: Nuevos
retos para reclutar sacerdotes en la Iglesia Católica, entrevista
a Manny Álvarez, Director de Vocaciones de la Arquidiócesis
de Miami.
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cura si quieres ser feliz, según un estudio con 50.000 personas.
Los líderes católicos centran
su atención en lo positivo para combatir
el descenso de sacerdotes y monjas
Levantando su pulida uña negra y tocando
el violín con su camisa y cabellera rubia
que le llega hasta los hombros, Chelsea Sledgeski,
de 16 años se parece enteramente al adolescente
típico.
Como
sus amigos en
el equipo de
baloncesto o
sus compañeros de clase que viven alrededor
de las alamedas nuevas y de las subdivisiones
del condado de Anne Arundel, ella tiene presiones:
los padres divorciados, una lesión que
acaba de echarla al banquillo del equipo y una
discusión que ha tenido con su padre sobre
su informe de clase.
En los últimos meses, sin embargo, ha
encontrado una distinción. Le aparta de
su familia, de sus vecinos, incluso de sus amigos
en la iglesia católica de Nuestra Señora
de de los Campos, en donde ella estuvo tocando
en una Misa preparada para los jóvenes
un reciente domingo.
Sledgeski está considerando
hacerse monja.
Cuando ella habla de qué puede atraer
a una muchacha suburbana con una camisa brillante
y un cuarto adornado con temas de safari a una
vida de castidad y de pobreza, sus primeras palabras
no son sobre dedicarse a las almas necesitadas
o salvar almas de la condenación eterna.
Su inspiración suena hermosamente pragmática:
las monjas y los sacerdotes parecen realmente
felices comparados con los adultos que recorren
otras rutas de la vida.
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La Anunciación.
Retablo de la iglesia de Mandayona
(Guadalajara, España) |
"Dios trae felicidad. Y si eres sacerdote
o monja, sabes que llevarás siempre felicidad.
Y siempre tienes algún lugar para volver
y encontrar un refugio,” dijo de su motivación.
Los responsables de la
Iglesia Católica
de Estados Unidos están encantados de
oír comentarios como el suyo mientras
dirigen una intensa campaña para invertir
la caída en el número de los católicos
que buscan su vocación religiosa. En el
año pasado en Estados Unidos, 454 sacerdotes
fueron ordenados, cuando eran 994 en 1965. En
ese período, la población católica
de Estados Unidos se incrementó de 45
millones a casi 65 millones, dejando 3251 parroquias
sin sacerdotes. El número de monjas cayó desde
179.954 hasta 68.634.
Por el momento están importando sacerdotes
y monjas de países como Vietnam y Nigeria
que han incrementado sus seminaristas y tienen
culturas religiosas más conservadoras.
Pero la estrategia a más largo plazo requiere
descifrar los temas que motivarán a los
católicos americanos jóvenes. Y
las tendencias de reclutamiento de las iglesias
se centran cada vez más en lo que dijo
Sledgeski: cómo ser feliz.
“Pescadores de hombres,” un vídeo
de 20 minutos lanzado este mes por la Conferencia
de los Obispos Católicos de Estados Unidos,
presenta a los sacerdotes como atrayentes y heroicos,
apareciendo en escenas de guerra y en marchas
de derechos civiles que contrastan con la imagen
de gente de mirada aburrida subiendo escaleras
mecánicas para ir a trabajos sin sentido.
El vídeo se exhibirá en las escuelas
católicas, las iglesias y los retiros
religiosos por todo el país.
Recientes campañas locales han desarrollado
la misma idea, usando carteles, folletos y anuncios
de periódico para mostrar que los sacerdotes
son cualquier cosa menos solitarios y aislados.
En una de ellas se aprovecha el lema “la
vida es grande en blanco y negro” y una
foto de un grupo de sacerdotes jóvenes
alegres y sonrientes. Otras iglesias han tomado
el título “Men in black" (hombres
de negro) usándolo en carteles imitando
la película de Hollywood o como el nombre
de un equipo de sacerdotes que viaja a las parroquias
para presentarse y hablar de su trabajo.
"Mucha gente joven piensa que nuestras
vidas son terribles y aburridas... Necesitamos
difundir una imagen diferente entre la gente
joven y los padres,” dijo el Rev. Jason
Jalbert, director asociado de vocaciones en la
diócesis católica de Manchester,
New Hamphsire, y creador de la campaña “la
vida es grande".
Atraer a la gente a una
vocación religiosa
significa conocer a qué se enfrenta el
americano medio y ofrecer un alternativa, dice
el Rev. Brian G. Bashista, de 41 años,
anteriormente arquitecto, que dirige la Oficina
de Vocaciones de la diócesis de Arlington.
“Somos la generación más
medicada. Todos buscamos paz y felicidad y amor
en los lugares incorrectos. Y muchos seminaristas
han experimentado ese mundo”, dijo.
Lejos de desalentarse por
la escasez aguda de sacerdotes y de monjas,
la gente joven que siente que puede “oír la llamada” de
la vida religiosa la ve como inspiración
adicional, y dicen que refleja la cultura del
egocentrismo y del materialismo que esperan cambiar.
Bryan Kuzma, de 18 años, está escuchando
la llamada actualmente, tanto si él está en
clase de economía en el Instituto de la
Comunidad Anne Arundel o atendiendo mesas en
un restaurante de mariscos por la noche. Este
graduado del Instituto Anne Arundel en South
River dice que él siempre siente “una
sensación de paz” en la iglesia, “como
si nada pudiera sucederme, puesto que estoy en
la gracia de Dios.”
Fue de esa manera, a través del Instituto
de secundaria, como se sintió solo en
medio de lo que él llamó el “drama
superficial” de la vida adolescente y lo
guardó para sí mismo mientras
que los cursos pasaban. Él nunca habló de
su fe.
La primera vez que oyó hablar de las
vocaciones religiosas hace un par de años,
pensó “de ninguna manera”.
Pero la idea comenzó a echar raíces
el año pasado en el Catholic Underground,
un retiro popular en Nueva York que fue organizado
por una comunidad de frailes de hábitos
grises y que incluía lecturas de poesía
y músicos que tocaban funk y reggae cristianos. “Eran
tan felices”, dijo de los frailes.
Aunque su familia es de
gran fe y sus amigos van comprendiendo, Kuzma
dice que se preocupa a veces de lo que pensarían si él
se hace sacerdote. También se
pregunta si tiene la fortaleza de ánimo
espiritual. Él se está documentando
y no está seguro si el celibato es para él,
aun cuando apoya esta norma porque permite que
alguien “se entregue completamente” a
la Iglesia.
Los encargados de vocaciones
de la Iglesia utilizan la palabra “discernimiento” para
describir el proceso a través del cual
alguien intenta decir si Dios le está llamando
para alejarse de la corriente principal, y dicen
que es tan inexplicable como enamorarse. Pero
también la comparan a un interruptor débil
que enciende una luz o a la leña que es
arrojada a un fuego cada vez mayor, indicando
así que la decisión puede tomar
años, o aun décadas, antes de que
un candidato esté preparado para tomar
la decisión.
Peter Stamm ha estado interesado
en unirse al clero desde el tercer grado, cuando
hizo de monaguillo en Nuestra Señora de la Victoria, una
iglesia cerca de su subdivisión de Spring
Valley al noroeste de Washington.
“No sé porqué deseaba hacerlo.
Solo recuerdo que estaba profundamente atraído
por el papel que el sacerdote tenía,” dijo
Stamm, de 18 años, que está estudiando
filosofía en la Universidad de Boston.
Para el noveno grado, la
llamada era demasiado alta para no hacerle
caso, ahogando hacia fuera los escándalos de abusos sexuales cada
vez más intensos que incitaron a sus compañeros
de clase en la escuela parroquial de San Anselmo
a ser descorteses.
“La gente hizo oír muy bien sus
voces diciendo que yo era un pedófilo
y un homosexual, tanto en los pasillos como en
las clases,” dice sin inflexión. “Afortunadamente,
estaba muy bien situado en mi vida de oración.
Acepté toda la persecución que
recibí y rogué por la gente que
la hacía.”
Cuando fue a casa durante
durante las vacaciones de primavera este mes,
Stamm habló excitadamente
en la elegantemente diseñada sala de estar
de su familia sobre su próximo fin de
semana con un grupo de frailes en Emmitsburg,
en el condado de Frederick, que no poseen nada
y mendigan su alimento.
“Pienso cuando la gente ve la radical
forma de vida que ellos llevan. Es muy liberador
no estar apegado a lo innecesario,” dijo.
Stamm consideró ir directamente al seminario
después de la escuela secundaria. Pero
decidió que debía vivir durante
algún tiempo en un ambiente más
secular y más diverso para ver si estaba
seguro que quería ser sacerdote y tener
una experiencia más amplia de modo que
podría “servir mejor a la gente” si
daba ese paso más adelante. Dice que es
probable que entrará en el seminario después
de la universidad.
Su decisión a retrasar el ir al seminario
no es infrecuente. Docenas de seminarios menores
se han cerrado mientras que los responsables
de la Iglesia han empezado a creer que la gente
puede entregarse más seriamente cuando
tienen más años. Según los
estudiosos, el sacerdote americano por promedio
se ha ordenado en sus últimos años
30, y la edad de las mujeres que se incorporan
a las órdenes religiosas se está elevando
también a los primeros años 30.
La oposición de los padres es el desafío
más grande que la Iglesia afronta en el
campo de las vocaciones, según dicen los
responsables.
Bob Sledgeski es católico y fue el quién
empujó a su hija a comenzar a asistir
a los servicios más carismáticos
en Nuestra Señora de los Campos. Ahora
tienen discusiones de padre de adolescente sobre
si sus estudios están sufriendo porque
ella emplea demasiadas noches en la iglesia. Él
aprecia el papel que los sacerdotes y las monjas
desempeñan y está dispuesto a aceptar
la voluntad de Dios pero se pregunta si su hija
podría satisfacer su impulso de servir
a Dios de alguna otra manera, por ejemplo con
el Cuerpo de Paz.
Chelsea Sledgeski está intentando clarificar
su vocación. Hasta hace quizá un
año, pensaba que incluso la idea Dios
era “extraña: cómo puede
alguien dedicar su vida entera a algo que no
puede ni siquiera probar.”
Pero entonces ella comenzó a ir a la
iglesia, a las noches de pizza, a los servicios
musicales y a las representaciones de cuaresma
con la obra “El O.C.” Una noche en
el salón bajo de la iglesia los sacerdotes
y las monjas de la iglesia vinieron a hablar
con los adolescentes.
“Y los recuerdo hablar de cómo
hicieron estos sacrificios, y no podrían
casarse y tomaron votos de pobreza,” dijo
ella. “Los recuerdo muy felices de todo
ello, y pensé que era algo extraño. ¿Cómo
puedes ser muy feliz por no poseer nada? Pero
ahora estoy comenzando a serlo yo.”
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