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Autor:
Edwin Sánchez |
Fuente:
El Nuevo Diario,
Managua, 16 de julio de
2006 |
Si a los 20 años un joven seminarista
rechazó la oferta de varios millones de
dólares que unos scouts le hicieron para
que perteneciera a algún equipo de la
NBA, impresionado por su monumental estatura
y la facilitad de encestar el balón, ¿acaso
podría haber otra tentación mundana
que no pudiera vencer ese muchacho, ahora convertido
en un Obispo?
Con su traje negro, sencillo,
presentándose casi como si fuera él
y no nosotros los visitantes de la Conferencia
Episcopal, monseñor Jorge
Solórzano nos deja con esa sensación
agradable de estarle viendo despojado de la pompa
de los altos jerarcas de Roma o de cualquier
parte, que disfrutan de sus posiciones con los
mismos gustos del mundo, amén de colocar
distancias artificiales ante el resto de los
simples mortales.
Además de sus 1.97
metros de estatura, el religioso destaca por
una misión
apostólica de alta graduación,
que le permite ejercer su trabajo sin pensar
en lo que deja atrás, tanto, que con esa
misma fe ha barrido fronteras territoriales y
hasta sociales. Es capaz de sentirse bien en
su antigua parroquia de la capital o en esas
comarquitas indocumentadas del norte, porque
ni aparecen en los mapas de Nicaragua ni del
interés oficial. Hasta allá,
sin quererlo, ha construido la imagen de que
un Obispo -hasta ahora no conocen a uno de carne
y hueso- debe montar mulas, machos y caballos,
y fajarse en los terrenos donde la pobreza no
es ninguna cifra para los archivos urbanos, sino
un puro dolor campesino.
Monseñor Solórzano
podría ser definido como un profeta
de tierra adentro. Este hombre rural, pero
con estudios en México y Roma,
cuando niño que pastoreaba “algunas
vacas que tenía mi papá” en
la comarca de San Andrés de La Palanca,
ordeñaba casi al filo de
la una de la madrugada, y entre el campo y la
escuela…
“Desde muy pequeño sentí ese
llamado de Dios repetidas veces, porque en ese
tiempo a la comarca llegaba el sacerdote una
vez al año
a la iglesia Cristo del Rosario, durante las
fiestas patronales. No había
mucha propaganda ni energía eléctrica, mucho menos televisión.
Siento que fue un llamado directo de Dios y no de la publicidad vocacional. En
el campo sentí prácticamente como una voz de Dios: “No
sigas pastoreando vacas, sino a mi pueblo”
Como un joven normal, participaba
en las fiestas patronales, ponía serenatas con algunos
amigos “o tocábamos la guitarra,
pero sentía que eso no me llenaba”.
Cuando iba a la celebración de la misa,
el muchacho intuía: eso es lo mío.
Así descubrió “lo que Dios
quería para mí, y lo que yo quería
para mi vida. A los 14 años quería
entrar al seminario. Les dije a los sacerdotes
jesuitas que llegaban a dar la misa al Open 3,
que quería ser como ellos. Me dijeron
que era muy pequeño y que me bachillerara.
A los 16, ya bachiller, volví con lo mismo”.
“Los jesuitas quisieron llevarme con esa
orden, pero entonces no conocía la distinción
entre las congregaciones. Yo era del campo. Ellos
me dijeron: “Te vas a estudiar con nosotros”,
pero el noviciado lo tenían en Panamá.
A mí me dio miedo irme a ese país,
es muy largo, dije, porque yo nunca había
salido del campo. Por eso me salvé de
ser jesuita. Una vez que vine a Managua, donde
mi hermana, vi a unos seminaristas cantando la
misa. ¡Pero si aquí hay donde estudiar! “Sí”,
dijo mi hermana, “es el Seminario Fátima”.
Me fui solo, me presenté, y ahí estaba
el rector, que era Bosco Vivas, quien me dijo: “‘Venite’
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San Ildefonso.
Universidad de Alcalá (España) |
Jorge
Solórzano, el hombre: ¿Cómo
conciliar la parte que lo jala al mundo y la
otra que lo llama a las cosas espirituales?
Como
joven tenía mis
inquietudes, pero mi carácter y mis orígenes
me han ayudado. Es diferente el joven del campo
al de la ciudad. El trabajo en el campo y los
estudios, no me quedaba tiempo para otras cosas,
y mi carácter
me ha ayudado. Me gusta la alegría, las
fiestas, salir a pasear. Y me gustaba mucho estudiar
medicina. El doctor Jorge Solórzano Villalta,
familiar, me consiguió una beca para ir
a León. Hasta el último momento
estuve pensándola, y al final sentí que
lo que más me llenaba era seguir radicalmente
a Jesucristo. Decidirme por la carrera sacerdotal
incomodó a mi padre. Él quería
a un médico. Cuando uno siente el llamado
de Dios y que eso llena tu vida, las demás
cosas del mundo no te cuesta dejarlas.
Su
carrera en la Iglesia Católica
ha sido una de las más relampagueantes. ¿A
qué atribuye
usted este hecho?
A los 22 años terminé mis estudios,
tres de Filosofía y cuatro de Teología.
La edad mínima para ser sacerdote es de
25 años. El cardenal Obando me dijo cuando
yo terminé: “¿Y ahora qué hacemos
con usted? Está muy joven”.
Me mandaron de pastoral
a las comarcas de Tipitapa, y ahí serví. Luego me ordenó de
diácono, y cuando cumplí 24, me
dice: “Le vamos a dispensar un año,
porque el Obispo lo puede hacer”. Y me
ordenó el 29 de marzo de 1985 en la Iglesia
de la Cruz Grande, en Ciudad Sandino. Pasé de
párroco en Mateare y María Inmaculada.
Después me envió a estudiar a Roma
tres años. Sí, he ido muy rápido.
A los 39 me nombraron como Obispo Auxiliar de
la Arquidiócesis de Managua, el 13 de
julio de 2000 y ordenado por el Cardenal.
Usted se va a quemar, me
dicen, porque no paramos, vamos a comarcas
donde nunca ha llegado un obispo; los campesinos
están sorprendidos porque
llego a estos lugares. Me dicen que vaya despacio,
pienso que no, porque si tengo la salud y la
fuerza, me doy totalmente.
¿Dónde
estaba usted cuando le comunicaron que el
papa Juan Pablo II lo nombraba como
Obispo Auxiliar?
Era párroco del Espíritu
Santo, de la 14 de Septiembre y de la Nicarao.
Cuando me nombraron, yo daba clases en la Universidad
Católica. Fue un sábado. Yo no
lo esperaba. Yo había visto que los nombramientos
se hacen a personas mayores, yo tenía
39 años, y no me preocupaba ni buscaba
esos puestos. Dios llama, pero también
se vale de causas segundas
¿Cuál
es esa causa segunda?
Yo creo que en mi caso
es el cardenal Obando. Trabajé muy cerca con él, fuimos
amigos, y cuando estudiaba en Roma yo lo acompañaba.
Yo aprendí muchísimo como Obispo
Auxiliar, fue mi mejor escuela para poder servir
y comprender a la gente.
Llegar
a Obispo, ¿qué significó este
estatus para su vida?
Es una cruz muy pesada, no lo
veo como estatus; es un compromiso, no lo he
vivido como un superior, como alguien más
importante, sino como alguien que está más
comprometido a servir a todos
¿Qué nos quiere decir con su lema
episcopal: “Que todos sean uno”?
Ut onmes sint. Me dieron un mes
para prepararme. Tenía que preparar el
escudo y el lema, entre otras cosas. Estuve en
el monasterio de las Madres Clarisas, en Ciudad
Darío.
Me encerré en una celda a orar, meditar
y ayunar. Leyendo la Biblia, le pedí al
Señor mi lema, pero ésta no es
una simple frase bíblica, sino toda la
misión que uno va a tener en el ministerio
episcopal, en toda la vida. ¿Cuál
es mi misión que me pides, Señor,
en este servicio como Obispo? Y siempre me aparecía
en la Biblia: “Que todos sean uno”.
Escoge
ese lema en un país fragmentado,
cada quien con sus tribus económicas,
políticas, sociales.
Me parece que es providencial,
de parte de Dios, Él
ya sabe que iba a realizar este ministerio en
un país como usted lo describe, con muchas
divisiones, muchas fracturas. Creo que el Señor
me da esa misión para servir en este país,
tanto a lo interno de la Iglesia como a nivel
social. El Evangelio debe incidir en la sociedad.
Trabajo por la comunión, por la unidad,
que todos seamos uno: creo que eso es el cielo.
Si rompemos la comunión, la unidad, sea
como persona, como familia, como iglesia, como
partidos políticos, estamos ya en el infierno
"Yo ya rebasé mis
metas"
Si
alguien se mete a la política, busca
ser diputado y hasta presidente. Usted que está en
la religión católica, ¿cuál
es su meta?
Yo ya rebasé mis metas,
porque mi meta era llegar a ser sacerdote del
campo, de una comarquita rural. Y ya fui sacerdote
de una comunidad rural como Mateare y sus comarcas,
fui hasta párroco de mi mismo pueblo,
y me hubiera gustado trabajar en el área
rural. El Señor me ha llamado a estos
servicios. Le decía al Cardenal: mándeme
al campo, y él me decía que tenía
madera de oficinista, por eso me tenía
en la Curia. Ahora estoy feliz en la Diócesis
de Matagalpa. Tenemos 530 comunidades rurales
y las ando visitando todas, voy contento, a caballo,
en macho, en mula. Pienso morir en Matagalpa
¿Qué hace
un pastor de almas en su tiempo libre?
Tengo muy poco tiempo libre.
Pero cuando logro tener unas horas libres, me
gusta el deporte, el béisbol, boxeo. Durante
el Mundial vi algunos partidos de fútbol,
los que pude, para por lo menos informarme. Y
también
en la lectura, leo bastante. Dejo siempre mis
dos horas de estudio por la noche
¿Qué es
lo que estudia?
Me he metido a estudiar
el fenómeno de
las sectas, porque tenemos un avance muy fuerte
de las sectas en el Norte, y este fin de semana
leemos esto.
Cuando
habla de sectas, algunos le quitan el grado
de Iglesia a la Evangélica, ¿a
qué se refiere con esto de sectas?
Es sobre todos los movimientos
religiosos. Ahí se
clasifican iglesias históricas, hay nuevos
movimientos como el de la Nueva Era, el mundo
del relativismo, hay muchas corrientes, y lo
que se llama algunas sectas que pueden clasificarse… a
lo mejor Testigos de Jehová, Mormones…
¿Qué deporte
le gusta o practica?
Jugué mucho béisbol,
de lanzador, primera base. Fildeando me sentía
bien porque alguna bola que se iba de jonrón
podía alcanzarla por mi brazo. Cuando
estudié Teología en México,
yo llegué de 18 años. Ahí en
el Seminario no jugaban béisbol, entonces
me entrenaron para básquetbol. Y me pasó una
historia. Como hacíamos partidos con otros
seminarios y universidades de México,
una vez unos scouts de la NBA que estaban viendo
me hicieron la propuesta de que me fuera a esa
organización, que me pagarían millones.
Yo tenía 18 años (1979), 100 libras
menos y me miraban cómo daba los saltos
triples y ponía la bola con la mano en
el aro, y entonces ellos me hicieron esa propuesta
Fue una
tentación.
Yo llamé al entonces Arzobispo, Miguel
Obando, y le dije: ...Mire, tengo esta tentación,
y él me dice: No se deje vencer por la
tentación.
Entonces desprecié esa oferta de esos
millones de dólares que me ofrecían
en la NBA y me quedé en el Seminario.
¿Cuánto
tiempo le dieron los scouts?
Yo les dije que me dieran unos
días, y
me dieron una semana para que me decidiera. Estaba
yo con la duda, y el Cardenal me animó a
que no me dejara vencer por esa tentación.
¿Si ya venció esa tentación, ya venció todo?
¡Nooo!, estamos en la lucha
¿Qué equipo
era?
No me acuerdo, fue hace
20 y pico de años.
Yo traté de olvidar eso para no estarme
acordando de esa tentación.
Su
altura, por encima del promedio del nicaragüense, ¿qué le
ha significado a usted?
Tiene sus ventajas y desventajas.
Las desventajas son que no alcanzo en los aviones,
y es un sufrimiento para mí viajar. Y
cuando voy a visitar al extranjero, después
de algunas reuniones voy al alojamiento y no
alcanzo en las camas, y duermo con los pies de
fuera.
¿Y
con las damas? Hay unas que saben echar el
ojo.
Son respetuosas, por lo
menos a mí no
me han dicho nada.
Pero hay miradas.
Puede ser…
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