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Autor:
Florentino Pérez
Vaquero |
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Artículo relacionado: Experiencia de Dios y
caridad pastoral.
El tema de la caridad pastoral
en la reflexión
teológica y espiritualidad del ministerio
ordenado es relativamente reciente, ya que surge
a partir del Concilio Vaticano II (1). En la
Exhortación Apostólica Pastores
Dabo Vobis se define la caridad pastoral
como “el principio interior, la virtud
que anima y guía la vida espiritual del
presbítero en cuanto configurado con Cristo
cabeza y pastor” (2). Un poco más
adelante se dice que es “la participación
de la misma caridad pastoral de Jesucristo”.
Así pues, se trata del rasgo o aspecto
teológico que mejor define la identidad
espiritual del sacerdote, puesto que sintetiza
y unifica el ser y la misión específicas
del presbítero (3).
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Huida a Egipto. Retablo
en Mandayona
(Guadalajara,
España) |
Teniendo como punto de
referencia principal el número 23 de Pastores
Dabo Vobis intentaremos
ahora delimitar el perfil de la caridad pastoral,
ya que dependiendo de cómo se entienda ésta,
así será comprendida la identidad
del presbítero. El primer rasgo que caracteriza
a la caridad pastoral del presbítero es
la participación en la caridad pastoral
de Jesucristo. Este planteamiento va mucho más
allá de aquella comprensión insuficiente
de la caridad pastoral como la mera entrega del
presbítero a las tareas pastorales, ya
que esta concepción cabe la posibilidad
de ser entendida únicamente desde la persona
y tarea del sacerdote (4). Sin embargo, la caridad
pastoral del presbítero siempre ha de
tener como fuente y culmen la caridad pastoral
de Jesucristo, la cual se encarna, se prolonga
y se actualiza “en el amor concreto del
presbítero a su comunidad y a la entera
comunidad eclesial” (5). Por tanto, lo
que manifiesta realmente la caridad pastoral
del presbítero es su tarea, su actitud
servicial y su talante de entrega amorosa, pero
su origen es distinto a todo ello.
La caridad pastoral del
presbítero implica
una participación en el amor de Pastor
propio de Jesucristo: “El sacramento del
orden confiere al sacerdote la gracia sacramental,
que lo hace partícipe no sólo del «poder» y
del «ministerio» salvífico
de Jesús, sino también de su «amor»” (6).
Así, por medio del Sacramento del Orden
y de la acción del Espíritu Santo,
el presbítero es insertado en todas sus
dimensiones dentro de la caridad pastoral de
Cristo, de manera que todo su ejercicio pastoral
es constituido como un amoris officium (7).
Por tanto, existe una estrecha relación
entre la misión recibida y el amor del
presbítero “como condición
previa y principio animador del ministerio pastoral” (8).
Esto quiere decir que el sacerdote, por medio
de la caridad pastoral, no sólo participa
de la misión y del poder de Jesucristo,
sino también de su afectividad, de su
amor de Pastor. El presbítero encarna
y actualiza el amor de Cristo Pastor cuando ama
a su comunidad y a la totalidad de la comunidad
eclesial (9).
Por consiguiente, lo que
define al presbítero
no son tanto sus “funciones” o tareas
que realiza, sino que es sobre todo el significado
sacramental de su acción lo que otorga
al ministro ordenado una identidad propia y específica.
El sacerdote –en virtud de su ordenación-
representa, significa, hace presente y manifiesta
a la Iglesia la presencia y acción de
Cristo Mediador en una relación esencial
con el mundo, el cual debe ser comprendido, de
acuerdo con la dinámica de la Encarnación,
como lugar de encuentro salvador entre Dios y
el hombre (10). Solo desde aquí puede
ser comprendida adecuadamente la verdadera esencia
de la caridad pastoral del presbítero,
ya que su sacramentalidad posibilita de forma
exclusiva que el sacerdote despliegue los sentimientos
y actitudes de Cristo Pastor en medio de la Iglesia
(11).
Notas
(1) Cf. S. Gamarra, “Caridad pastoral”,
en: Profesores de la Facultad de Teología
de Burgos, Diccionario del Sacerdocio, BAC,
Madrid 2005, pp. 82-84; J. García Velasco, “La
caridad pastoral en la teología y espiritualidad
del ministerio”, en: Seminarios 39
(1993) 461-491, p. 461.
(2) Pastores
Dabo Vobis 23.
(3) Cf. J. García
Velasco, a. c., pp. 461-462
(4) S. Gamarra, “Caridad Pastoral”,
a. c., p. 84.
(5) J. M. Uriarte, Ministerio presbiteral
y espiritualidad, Idatz, San Sebastián
1999, p. 57.
(6) Pastores
Dabo Vobis 70.
(7) Comentando el pasaje
de Jn 21, 15-17 afirma San Agustín: “Sit amoris officium,
pascere dominicum gregem; si fuit timoris indicium,
negare pastorem”. (Agustín de Hipona, Tratados
sobre el Evangelio de San Juan, 123,5 [Edición
de: V. Rabanal, Obras de San Agustín, vol.
XIV, BAC, Madrid 1957, pp. 746]).
(8) S. del Cura Elena, “La secularidad
del presbítero desde la sacramentalidad”,
en: Comisión Episcopal del Clero, Presbiterado
y secularidad. Simposio, EDICE, Madrid 1999,
p. 121.
(9) Cf. S. Gamarra, “Caridad Pastoral”,
a. c., p. 84; J. M. Uriarte, o. c., p. 57.
(10) Cf. F. Valera Sánchez,
o. c., pp. 49-67.
(11) Cf. L. Trujillo, “Aproximación
valorativa a la espiritualidad de los sacerdotes
diocesanos”, en: Comisión Episcopal
del Clero, La formación espiritual
de los sacerdotes según «Pastores
Dabo Vobis», EDICE, Madrid 1997, p.20.
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