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Autor:
Neela Banerjee |
Fuente:
New York Times,
Nueva York, 4 de diciembre
de 2006 |
Artículo relacionado: Si
la gente no va a la iglesia, la Iglesia va hacia
la gente, sobre la vuelta a la Iglesia Católica
en Suiza.
Glen Allen, Virginia. -
En la planta de aves de corral de Tyson, Fred
L. Mason Jr. cuelga pollos vivos por las patas
antes de que bajen por una correa hacia la matanza.
Hace unos meses, Mason dijo a su jefe que tenía un problema
de la droga. La gente le animó a ver
al capellán de la planta, pero él
era escéptico. ¿“Qué podría
hacer él? ¿Ofrecer oraciones por
mí?” contestó Mason. “Ya
tengo eso en la iglesia. Ya obtengo eso de la
familia, cuando consigo sacar todo esto de mi
mente.”
No
obstante, Mason,
con 35 años y consumidor
de cocaína durante 20 años, fue
al pequeño despacho del Reverendo Ken
Willis, el capellán de la planta. Durante
los meses siguientes, Willis le ayudó a
unirse a un programa de rehabilitación
de droga, a encontrar un consejero y a acudir
a reuniones de Narcóticos Anónimos.
Mason afirma que no ha
usado las drogas desde el 21 de agosto, y apoya
el programa de capellanías. “Ha
salvado mi vida,” dice.
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Ángel.
Catedral de
Las Palmas
( España) |
Empresas en todo el país, desde fabricantes
de piezas de coche a cadenas de alimentación
rápida o a compañías de
servicios financieros, están trayendo
capellanes al centro de trabajo. En muchas empresas
la capellanía se asemeja al modelo militar,
que llama a los capellanes para que sirvan a
comunidades que son diversas en lo religioso
antes de que ellos llegan, no para evangelizar.
“Alguien que nunca ha pensado en esto
puede asumir que recen con la gente, pero la
mayor parte de su trabajo es escuchar a la gente,
ayudándoles con problemas muy humanos,
no con discusiones religiosas intensas,” según
David Mill, director ejecutivo del Centro para
la Fe y la Cultura de la Universidad de Yale
y autor del libro “God at Work” (Dios
en el trabajo).
La difusión de los programas empresariales
de capellanía, especialmente fuera del Cinturón
Bíblico en el norte, forma parte
de una tendencia cada vez mayor entre las empresas
de abrazar la religión en vez de rechazarla,
según Mill. Los ejecutivos buscan actualmente
modos de construir una compañía
que se adhiera a ciertos valores cristianos.
Algunas empresas ofrecen a sus empleados musulmanes
un lugar y un tiempo para rezar durante el trabajo.
Los capellanes del centro
de trabajo tienen generalmente menos costes
operativos que el más
conocido modelo de programa de ayuda de asesoramiento
al empleado. La mayoría de los capellanes
también van más allá de
tales programas al hacer un poco de pastor local
en el centro de trabajo: es la persona que está pendiente
para acudir al hospital cuando un empleado ha
tenido un accidente de tráfico, o a encontrar
casa para la familia si se incendia su hogar,
o visitar al pariente de un trabajador que está en
la cárcel, e incluso oficia en las bodas
y los entierros.
“Estás en el trabajo de 8 a 10
horas al día, de modo que es ahí donde
pasas la mayor parte de tu tiempo productivo,” según
dice Tim Embry, propietario de American LubeFast,
una cadena de establecimientos de cambio de aceite
del sudeste. “El trabajo es donde está la
gente y donde necesita ser atendida.”
Kim Bobo, director ejecutivo
de Interfaith Worker Justice, bufete de abogados
para trabajadores de bajo salario, afirma que
no tiene náuseas
con lo que los capellanes hacen, pero se pregunta
qué medidas no toman.
“Cuando uno trabaja en empaquetado de
alimentos y aves de corral es desafiante que
estás hablando de los lugares que tienen
las violaciones más importantes en las
leyes laborales”, según la señora
Bobo. “Los capellanes no hacen absolutamente
nada para desafiar esas leyes y ponerse del lado
de los trabajadores, y no pueden porque trabajan
para los patrones. Pienso que podrían
hacer más para ponerse en un papel de
defensor del trabajador.”
Los programas de capellanía son voluntarios
y confidenciales -dicen los expertos- y libres
para los empleados. No hay estadística
sobre el alcance de tales programas, pero el
señor Mill estima que de 600 a 700 empresas
en los Estados Unidos tienen capellanías,
el doble de hace cinco años.
Gil Stricklin, fundador
y director la organización
no lucrativa Marketplace Chaplains USA (Bolsa
de Capellanes USA), en Dallas, dice que su organización
firma con más de una nueva compañía
cada tres días, lo que se compara con
una compañía cada cuatro meses
cuando comenzó hace 22 años. Ninguna
de las 500 mayores empresas le respondieron hace
algunos años; ahora está negociando
con una que tiene 175.000 empleados.
A menudo, contratan a los
capellanes por las creencias del ejecutivo
de una compañía.
“Profesamos ser cristianos y pensamos,
idealmente, que esto debe marcar diferencia no
solo en cómo vivimos sino también
en cómo hacemos negocio,” dice J.M.
Herr, consejero delegado de Herr Foods en Nottingham
(Pennsylvania) un fabricante de patatas fritas
y galletas saladas.
Las compañías que introducen capellanías
corren el riesgo de parecer que respaldan una
confesión o una religión particular,
lo cual podría hacer que muchos empleados
se sientan incómodos. Las compañías
que se presentan como “amistosas a la fe”,
más que basadas en la religión,
son capaces de disipar ese malestar con más
facilidad, según Mill.
Las compañías adaptan el programa
de la capellanía a su cultura. Cardone
Industries, una compañía de Filadelfia
que suministra piezas de automóvil para
la reventa, escoge a sus capellanes, casi todos
laicos, de sus empleados. Otras empresas, como
American LubeFast y Herr Foods, contratan con
una compañía exterior como Marketplace
Chaplains la selección de capellanes.
Algunos, como Tyson Foods, que comenzó su
programa en 1999, tienen sus propios capellanes,
127 en aproximadamente 250 plantas de la compañía
de las más de 300 que hay en Norteamérica,
según Allen Tyson, el capellán
principal de la compañía, que no
tiene parentesco con los fundadores de la compañía.
En su mayoría los
capellanes de empresa son ministros ordenados,
a menudo contratados localmente. Algunos son
jubilados, otros tienen iglesias que pastorear,
y la mayor parte trabajan a tiempo parcial.
Aunque la mayoría de los capellanes son
cristianos, algunos programas tienen imanes y
rabinos, especialmente en la industria de productos
de salud. Los programas con solo capellanes cristianos
los impulsan a construir lazos con los líderes
religiosos en las ciudades en donde trabajan.
Por ejemplo, en la planta del cerdos de Tyson
en Lake Storm, Iowa, que tiene muchos empleados
vietnamitas y laosianos, el capellán tiene
relaciones con los monjes de un monasterio budista
local, según Tyson
Vestido con una red en
el cabello y una bata blanca con la inscripción “capellán
Ken” bordado en rojo sobre el lado derecho,
Ken Willis, de 56 años, recorre casi a
diario la planta de 550 trabajadores de la compañía
Tyson en Glen Allen, saludando a los trabajadores
en la línea de trabajo. Se encuentra con
la gente en el descanso. Visita el cambio de
turno de noche. Cada semana viaja a un complejo
de criadero y de grano a 90 minutos de distancia
y se encuentra con gente que captura pollos vivos
durante todo el día para enviar a la planta.
Aunque dirige una iglesia
local pequeña,
Willis está disponible para Tyson todo
el tiempo. En sus 18 meses allí, ha predicado
en los entierros, ha visitado a empleados en
el hospital, ha arreglado la vivienda, los alimentos
y los pañales para familias arrojadas
por inundaciones de sus hogares, ha ayudado
a gente a planificar sencillos presupuestos y
a abrir cuentas bancarias. Cuando descubrió que
varios empleados no tenían bastante dinero
para pagar los alimentos para la cena del día
de Acción de gracias, recogió dinero
para organizar y entregar cenas de Acción
de gracias para ellos.
Los empleados vienen a él porque se sienten
incómodos viendo a un consejero o a un
trabajador social. Algunos no tienen ninguna
iglesia propia. Otros pueden sentirse demasiado
desconcertados en sus problemas para ir a sus
propios pastores. O puede ser simplemente porque él
está allí, a la derecha de la entrada,
y queriendo ayudar. “Esa es mi comprensión
del papel pastoral,” afirma Willis, después
de responder una llamada telefónica de
un empleado en el hospital que le pedía
que le llevara el cheque de su sueldo. “Trato
a todos por igual, y mi esperanza es que verán
en mí el amor de Dios.”
Aunque Tyson registra el
número de contactos
que los capellanes tienen con los empleados,
las conversaciones entre los capellanes y los
empleados son confidenciales, a menos que el
trabajador esté en un peligro inminente
para sí mismo o a para otros.
“No estoy aquí convencer a la gente
que Tyson es un gran lugar para trabajar,” afirma
Willis. “He dicho a uno o dos empleados
que quizá sería mejor para ellos
si no trabajaron aquí más,” confirma,
porque estaban cualificados para trabajos mejor
pagados.
El movimiento de mercancías ha disminuido
agudamente en Glen Allen, que, como alrededor
de la mitad de las plantas de Tyson, está sindicada.
Pero no es claro cuánto del declive se
puede atribuir al programa de capellanía,
dicen los directivos. En Glen Allen, la capellanía
parece despertar sentimientos fuertes, pero se
centran en Willis. Bunny Hunter habló de
cómo el capellán le ayudó a
hacer frente a la muerte de su padre, ayudándole
a perdonarle antes de morir.
Una mañana, Mary Jones
se sentó en
el escritorio de Willis gimiendo. Había
perdido su coche y estaba a punto de perder su
casa, su trabajo y el género de vida que tanto
le había
costado construir se le iba de las manos. Willis
le ayudó a proteger su casa y después
encontró gente que le sustituyeron gratuitamente
su agujereado tejado.
“Nadie había hecho algo así por
mí antes de que él me hubiera ayudado,” dijo
ella.
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