|
Autor:
Monseñor
Massimo Camisasca |
Fuente:
Agencia Fides |
El sacerdote tiene que saber
darse cuenta de la propia fe más que los otros, documentando
en la propia experiencia el cambio de vida producido
por la secuela de Cristo. La tarea del anuncio
del sacerdote, como afirmó el entonces
Cardenal Ratzinger en el libro "La Iglesia:
una comunidad siempre en camino", no requiere
un telegrafista sino un testigo. ¿Cuál
es, en efecto, su misión si no refiere
la palabra de Otro, en primera persona, de modo
completamente personal hasta hacerla propia?
He aquí las palabras con las que Ratzinger
explicaba este camino: "La formación
sacerdotal consiste en un proceso por el que,
en el tiempo, se introduce, se entiende, se penetra
y se vive dentro de esta Palabra".
 |
Fachada de la iglesia de San Pablo.
Valladolid
(España) |
El estudio, el recorrido
de formación
que conduce hasta llegar a ser sacerdote no tiene
nada que ver con una mera acumulación
de conocimientos. No es casualidad que la palabra
latina studium implica, antes que
la idea de un conocimiento, la de un trabajo,
una aplicación de toda la persona para
que lo que se ha encontrado en el estudio entre
en todo su ser. Como dice el apóstol Juan,
el estudio tiene como objetivo "que te conozcan
a Ti, único verdadero Dios, y al que Tú has
enviado, Jesucristo (Jn 17, 3). En la vida de
un joven llamada al sacerdocio, esto no parte
de la nada, parte del acontecimiento de la Fe
que le ha sucedido ante todo cuando se hizo cristiano.
En la educación al estudio de un joven
sacerdote es necesario que, poco a poco, la fe
se convierta en punto de partida y punto de llegada
de la formación intelectual de los jóvenes,
para que su saber desemboque en la unidad de
la fe, en la visión unitaria de la vida
que comporta la fe.
Para comprender este aspecto,
retomamos una vez más el texto del Cardenal Ratzinger: "Hoy,
en una época de creciente especialización,
me parece que la unidad interna de la teología
y su construcción concéntrica a
partir de lo esencial, tienen una prioridad urgente.
Un teólogo debe ciertamente poseer una
vasta cultura, pero la teología debe ser
capaz de aligerar su peso y concentrarse en lo
esencial. Debe ser capaz de distinguir entre
conocimiento específico y conocimiento
fundamental: debe ofrecer una visión orgánica
del todo en el que está integrado lo esencial.
Si no se aprende a juzgar desde el todo, queda
desarmado, a merced de las modas mudables".
El sacerdote para ser un
comunicador de verdad, no la debe poseer como
un equipaje analítico,
sino como algo que ha renovado profundamente
la propia vida. Él es precisamente el
testigo de la verdad de la que vive. En efecto,
la comunicación de verdad en la Iglesia
es siempre comunicación de gracia, de
persona a persona, de corazón a corazón.
|