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Profunda devoción a la Virgen María
y gran humildad son los rasgos que caracterizaron
la vida -casi un tercio de ella en prisión-
del recientemente fallecido obispo chino de Foochow.
Durante meses había luchado contra un
tumor de garganta. Desahuciado, monseñor
Giuseppe Zheng Changcheng murió el pasado
18 de diciembre en su residencia de la catedral
de Nuestra Señora del Rosario, tras largo
rato en el patio frente a la gruta de la Virgen.
94 años tenía el prelado, cuyo
fallecimiento comunicó el sábado
la Congregación para la Evangelización
de los Pueblos a través de su órgano
informativo Fides; estaba al frente de la diócesis
de Foochow (Fuzhou), en la provincia de Fujian,
en la República Popular de China, situada
a 1600 kilómetros al sudeste de Pekín
en la costa meridional. Con mas de 200.000 fieles
católicos, se trata de una de las circunscripciones
eclesiásticas más antiguas de China.
Nacido en el seno de una
sencilla familia de carpinteros el 14 de enero
de 1912, Giuseppe Zheng Changcheng ingresó en
el seminario de Fuzhou en 1926; posteriormente
estudió en
Shanghai y en Hong Kong. Ordenado sacerdote el
27 de enero de 1937, antes de comenzar su labor
ministerial fue enviado a estudiar Literatura
e Historia China a la Universidad Católica
Fu Jen, de Pekín. Dio clases después
en el seminario de Fuzhou; en 1951 pasó a
ser administrador de la archidiócesis.
Fue condenado en 1955 como «contrarrevolucionario».
Pasó 28 años en la cárcel;
allí sucedieron algunas conversiones gracias
a su testimonio, según la agencia Fides.
Desde el momento de su
puesta en libertad en 1983, se dedicó a revitalizar la Iglesia.
Entre 1988 y 1992 fue rector del seminario. Tenía
79 años cuando recibió la consagración
episcopal en Fuzhou.
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| Órgano de la catedral
de Granada |
En sus casi 16 años de episcopado restauró una
treintena de iglesias y construyó el
santuario diocesano «Rosa Mística»,
a 30 kilómetros de Fuzhou, el cual, inaugurado
en 1993, incluye una gran biblioteca católica
y una casa de peregrinos. El prelado es el único
eclesiástico de la provincia a quien,
por sus muchas obras de caridad, las autoridades
distinguieron con un reconocimiento.
Su vida estuvo totalmente
consagrada a Cristo; testigo de grandes cambios
en la historia de su país, nunca se lamentó por los
años pasados en prisión, añade
Fides. Pasó su última etapa de
vida entre grandes sufrimientos por el cáncer;
jamás perdió la lucidez. Incluso
desde el hospital, a pesar de su gravedad, seguía
con atención los asuntos de la archidiócesis. «Todos
recuerdan con cuánta alegría monseñor
Zheng, todavía en el hospital, acogió un
anillo episcopal y una carta de la Santa Sede
como ulterior signo de su comunión con
el Sumo Pontífice, quien, informado de
las gravísimas condiciones de salud del
prelado, le había enviado una especial
Bendición Apostólica», confirma
Fides.
«Murió sin ver realizado su mayor
deseo, por el que había ofrecido recientemente
su vida: la plena reconciliación entre
las dos comunidades católicas en la archidiócesis»,
prosigue la agencia del dicasterio misionero.
Al conocerse la noticia
de su fallecimiento, más de mil fieles se reunieron en una
vigilia de oración. El 20 de diciembre
se trasladó su cuerpo de la catedral
al santuario «Rosa Mística»,
donde prosiguieron las vigilias de oración
siete días más. Los funerales se
celebraron el 28 de diciembre en la forma que
había pedido el propio prelado: con una
sola Misa en el santuario mariano, sin ceremonias
civiles.
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