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Entrevista
a Monseñor Malcolm Ranjth, Secretario de la Congregación
para el Culto Divino, ofrecida a la Agencia UCA
News sobre los retos litúrgicos en Asia y Extremo
Oriente (traducción privada)
Pregunta. ¿Cómo se ha
llevado a cabo en Asia la renovación
litúrgica que inició el Vaticano
II; cuáles han sido sus logros y sus
resultados negativos?
Respuesta. Hablando
en general ha habido muchos cambios en el modo
en que la liturgia se ha celebrado en Asia
desde el Concilio. Los que de nosotros crecimos
bajo las orientaciones litúrgicas de los tiempos preconciliares
conocemos bien estos cambios y cómo afectaron
nuestra vida como católicos
Como indica su pregunta
entre los resultados ha habido de todo. Entre
los cambios positivos veo el uso de la lengua
vernácula que
nos ayudó a encauzar nuestra fe hacia
una mejor comprensión de la palabra de
Dios, las rúbricas de la Liturgia misma,
y una participación más activa
y comunitaria en la celebración de los
sagrados misterios.
También se intentaron adaptaciones a
las prácticas de la cultura local, aunque
no siempre con buenos resultados. El uso de la
lengua vernácula ayudó a veces
a crear un vocabulario teológico en el
idioma local que eventualmente fue útil
para la evangelización y la presentación
del mensaje del evangelio a personas de tradiciones
religiosas no cristianas, que son la inmensa
mayoría del pueblo de Asia.
Algunos aspectos negativos
fueron el casi total abandono de la lengua
latina, de la tradición
y del canto; una demasiado fácil interpretación
de aquello que podía ser absorbido desde
las culturas locales en la Liturgia; un ambiente
de desconcierto sobre la verdadera naturaleza,
contenido y significado del rito Romano y de
sus normas y rúbricas, que propició una
actitud de experimentar libremente; cierto sentimiento
anti-Romano, y una aceptación acrítica
de todo tipo de "novedades" resultantes
de esquemas litúrgicos y teológicos
de corte humanista y secularizante llegados a
Oriente.
Estas novedades a menudo
fueron introducidas, quizá sin darse mucha cuenta, por algunos
misioneros de fuera que las trajeron desde sus
ciudades de origen, o por gente de aquí que
habían ido a esos otros países
por estudios o otros motivos, y quedaron impregnados
acríticamente de un cierto tipo de "libre
espíritu" que algunos círculos
crearon en torno al Concilio.
El abandono de las esferas
de lo Sagrado, de lo Místico y de lo Espiritual y su sustitución
por un tipo de horizontalismo empirista fue muy
dañino para el espíritu de aquello
que realmente constituye la liturgia.
Pregunta. ¿Qué relevancia
tiene la nueva Exhortación sobre la
Eucaristía para la Iglesia en Asia?
Respuesta. En
su conjunto, el documento es para mí algo que me evoca,
en el verdadero sentido de la palabra, la reforma
de la liturgia tal como fue deseada y entendida
por el Concilio. Quiero decir que no es un rechazo
de los desarrollos positivos de la reforma litúrgica
que está hoy día en marcha, sino
una expresión de la necesidad de ser verdaderamente
fiel al sentido de la Sacrosanctum Concilium (Constitución
sobre la Sagrada Liturgia, Concilio Vaticano
II, promulgada por el Papa Pablo VI el 4 de diciembre
de 1963).
En cierto sentido se puede afirmar que documentos
como Ecclesia de Eucharistia de Juan
Pablo II (17.IV.2003), Liturgiam Authenticam de
la Congregación para la Doctrina de la
Fe (7.V.2001) y Redemptionis Sacramentum de
la Congregación para el Culto divino y
la Disciplina de los Sacramentos (23.V.2004),
ya habían comenzado los necesarios ajustes
según la mente de las indicaciones del
Concilio.
La Sacramentum Caritatis culmina
todo esto con una realmente profunda, mística
y a la vez muy fácil e inteligible catequesis
sobre la Eucaristía, trayendo a la luz
lo mejor y el significado completo de este Santísimo
Sacramento. El Papa Benedicto nos quiere hacer
entender y vivir la Eucaristía en su totalidad.
Pienso que en el contexto
de Asia tal mensaje será naturalmente bien apreciado, valorado
y vivido. Las orientaciones básicas de Sacramentum
Caritatis refleja valores de Asia como el
aprecio por el silencio y la contemplación,
la aceptación de que existe una vida más
profunda más allá de lo tangible,
el respeto a lo sagrado y a la mística,
y la búsqueda de la felicidad en una vida
de santidad y de renuncia.
El hincapié hecho
sobre estos aspectos hace de la Sacramentum Caritatis una
contribución valiosa e importante orientada
a hacer que los católicos de nuestro continente
vivan la eucaristía de modo verdaderamente
asiático.
Pregunta. ¿Qué aspectos
del documento son más importantes para
los obispos de Asia, los sacerdotes y los creyentes
católicos?
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Sacerdotes indios
de
rito sirio malabar |
Respuesta. Desde
un punto de vista general la llamada a considerar
la Sagrada Eucaristía como invitación a encontrarse
con Cristo mismo, a ser absorbido por él,
modelado por él en una profunda comunión
de amor, haciendo así que su propio esplendor
glorioso brille en nosotros, está verdaderamente
en línea con la búsqueda de misticismo
espiritual en el continente asiático.
Como ya dije, Asia es profundamente
mística
y consciente del valor de lo sagrado en la vida
humana, moviendo al ser humano a buscar en la
profundidad de los misterios de la religión
y de lo espiritual. La tendencia a banalizar
la celebración de la Eucaristía
con una especie de orientación horizontal,
a menudo visible en los tiempos que corren, no
va de acuerdo con esta búsqueda. Por lo
tanto, la orientación general del documento
es buena para Asia.
Yendo a detalles, yo diría que estamos
ante algo muy serio, la tendencia a acentuar
siempre la profunda naturaleza espiritual y trascendental
de la Eucaristía, su carácter cristocéntrico,
la adhesión confiada a las rúbricas
y a las normas (nn. 39-40), la preocupación
por la sobriedad (n. 40), el sentido apropiado
y digno de la celebración, el uso del
arte y la arquitectura adecuados, el canto y
la música, y evitar la improvisación
y el desorden, todo ello refleja el modo asiático
de vivir el culto y la espiritualidad. El pueblo
de Asia es un pueblo que reverencia lo divino,
cuyas formas de culto cuentan con siglos de antigüedad
y no son invenciones de cualquier individuo por
su cuenta.
La adhesión a las rúbricas en
otras tradiciones religiosas en Asia es muy estricta.
A la vez, esas rúbricas son un profundo
reflejo del papel especial de lo Sagrado. Así pues,
la seriedad recomendada por el Sumo Pontífice
está totalmente en consonancia con el
modo de dar culto en Asia.
Pregunta.
Tras el Concilio Vaticano II se habló mucho, incluso entro los
obispos asiáticos de la necesidad de
la inculturación de la Liturgia. ¿Cómo
se ha llevado a cabo en las iglesias de Asia? ¿Quedan
cosas pendientes, o es un proceso abierto sin
fecha de conclusión?
Respuesta. Como el mismo Papa
afirma en la Sacramentum Caritatis, el
principio de la inculturación "se
debe mantener de acuerdo con las necesidades
reales de la Iglesia, que vive y celebra el mismo
misterio de Cristo en situaciones culturales
diferentes" (n. 54). Sabemos que es una
necesidad emergente en dos sentidos: la llamada
a la evangelización o encarnación
del mensaje evangélico en culturas diversas,
y el requerimiento de una real y consciente participación
del creyente en aquello que se celebra.
No obstante ya la Sacrosanctum Concilium señalaba
unos parámetros claros dentro de los cuales
tenían que realizarse la adaptaciones
de la liturgia a los esquemas culturales locales.
En ella se habla por ejemplo de que se admitan
en la liturgia elementos que "armonicen
con su espíritu verdadero y auténtico" (SC
37), que aseguren que "la unidad sustancial
del rito Romano se mantenga" (SC 38), la
verificación de tales cosas es decidida
por la autoridad eclesiástica competente,
es decir, la Santa Sede y, donde estuviera legalmente
permitido, los obispos (cfr. Sacrosanctum
Concilium 22: 1-2). También hace
una llamada a la prudencia en la elección
de adaptaciones que se quieren introducir en
la Liturgia (SC 40:1), la necesidad de someter
tales cosas a la Sede Apostólica para
permitir, si fuese necesario, un periodo de experimentación
limitado (SC 40:2) antes de su aprobación
final, y la consulta a expertos en la materia
(SC 40: 3).
Sacramentum Caritatis sigue
en la misma línea de que las adaptaciones de la liturgia
a las tradiciones culturales locales se realice
de acuerdo con lo establecido por las diversas
directrices que ha ido dando la Iglesia, y asegurando
un sentido de equilibrio "entre los criterios
y directrices ya instaurados y las nuevas adaptaciones" (n.
54), y todo esto también "siempre
de acuerdo con la Sede Apostólica (n 54).
En resumen, inculturación mediante adaptaciones
sí, pero siempre dentro de parámetros
claros que aseguren la dignidad y la ortodoxia.
Contemplando lo que se
ha realizado hasta el momento uno no puede
por menos de estar satisfecho. Algunos desarrollos
positivos son visibles, como el uso a gran
escala de la lengua vernácula
en la liturgia que permite entender mejor los
sacramentos y participar en ellos en mayor medida,
y el uso del arte, de la música y de los
gestos asiáticos en el culto. Pero muchas
arbitrariedades e inconsistencias también
se pueden ver, por ejemplo la permisión
de todo tipo de experimentos con visos de oficialidad
de tales prácticas, sin un estudio apropiado
o una evaluación crítica.
Escuché una vez por radio una conferencia
dada por un monje budista en Sri Lanka que ridiculizaba
a los cristianos por permitir hacer sonar los
tambores en sus iglesias sin darse cuenta de
que aquellos golpes de hecho eran cantos de alabanza
a Buda. Esto sería sólo un ejemplo
de la absorción precipitada de tradiciones
locales que son per se incompatibles
con lo que nosotros celebramos.
Cuando hablo de inconsistencia quiero decir
practicas que hemos introducido como adaptaciones,
pero que per se son incompatibles con
nuestra cultura, como por ejemplo hacer solo
una inclinación en lugar de una genuflexión
o una postración ante la Sagrada Eucaristía,
o recibir la comunión en la mano estando
de pie, cosas todas que están muy lejos
de los niveles de reverencia que en Asia se da
a lo sagrado. En algunas zonas, en lugar de introducir
vestiduras o utensilios que sean reflejo de los
valores locales, más bien han reducido
al mínimo o incluso abandonado su uso.
En ocasiones me quedé perplejo viendo
a sacerdotes e incluso obispos celebrando o concelebrando
sin la vestimenta litúrgica apropiada.
Esto no es inculturación sino desculturación, si
es que existe esa palabra.
La inculturación significa decidir qué ropa
litúrgica es digna y respetuosa con las
realidades sagradas que se celebran, no abandonarlas.
Creo que las Comisiones Episcopales de Liturgia
en Asia, en sus niveles continental regional
o nacional, deben, con la ayuda de expertos,
estudiar estos temas cuidadosamente, y encontrar
medios y modos de promover el significado, la
dignidad y la sacralidad de los divinos misterios
que se celebran mediante adaptaciones sólidas,
seleccionadas con sentido crítico y propuestas
a la Santa Sede para su aprobación pertinente.
Es necesario que en estas
materias haya un espíritu
de colaboración más estrecha con
la Santa Sede. Hay mucha ligereza en estos temas,
e incluso una actitud de "¿quién
decide?" que deja las cosas a una interpretación
libre y a la creatividad de personas privadas.
Junto a esto, me pregunto si hay suficiente conciencia
de lo que el mismo Concilio mencionó sobre
esta materia y de las directrices dadas en la Varietates
Legitimae de la Congregación para
el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos
(25.I-1994) y del n. 22 de Ecclesia in Asia de
Juan Pablo II (6.XI-1999).
Pregunta. En el n. 54 de Sacramentum
Caritatis el Papa Benedicto aboga por "proseguir
el proceso de inculturación en el ámbito
de la celebración eucarística" y
reclama las "adaptaciones apropiadas
a los diversos contextos y culturas". ¿Qué significa
esto en Asia?
Respuesta. Asia
es generalmente considerado como el continente
de la contemplación,
del misticismo y de una mirada profundamente
espiritual sobre la vida. Estas adaptaciones
pueden resultar e incluso orientar hacia los
orígenes de la mayoría de las religiones
mundiales de este continente. Cualquier intento
de inculturación de la liturgia o de la
vida cristiana no debe pasar por alto estas profundas
orientaciones místicas típicas
de Asia.
Como cristianos debemos
mostrar que el cristianismo es asiático en su origen y que es portador
de incluso un más profundo sentido de
misticismo del que tienen o puede desear tener
en común con otros. Sería una pena
que nos esforzáramos por planear nuestra
fe como si se tratase de un apéndice de
la cultura secular y globalizante que llevan
consigo los valores seculares, e intentáramos
hacerlos presente en Asia. Por desgracia, a veces,
por nuestro modo de hacer las cosas estamos dando
esta imagen y esto nos hace ser como extraños
en nuestro propio continente.
Tome usted por ejemplo
el abandono masivo de la sotana o de la indumentaria
religiosa por parte de muchos sacerdotes y
religiosos en Asia, incluso misioneros. A duras
penas logran entender que en la cultura asiática las personas
dedicadas a Dios o a la religión son siempre
reconocibles por su modo de vestir, por ejemplo
el monje budista o el santón hindú.
Esto muestra claramente que no entendemos el
verdadero sentido de la inculturación.
Muy a menudo la inculturación se limita
a un baile o dos durante la Santa Misa, o a echar
unas flores, o a hacer sonar un tambor.
Y en cambio, nos vamos
de cabeza y corazón
tras modas y valores seculares. Si fuéramos
verdaderos asiáticos pondríamos
más atención en el misticismo de
Jesús, en su mensaje de salvación,
en el gran valor de la oración, de la
contemplación, del desasimiento, de la
sencillez de vida, de la devoción y la
meditación y del valor del silencio, y
en todas aquellas formas de celebración
litúrgica que ponen gran atención
en lo Sagrado y lo Trascendente. Nosotros, asiáticos,
no podemos estar como "secularizados" que
no ven nada más allá de lo visible
y tangible.
Así también en la Liturgia, en
lugar de concentrarnos en unos pocos gestos exteriores
de valor cosmético, deberíamos
enfocar la atención en acentuar las riquezas
espirituales y místicas que han llegado
hasta nosotros, y hacerlas resaltar más
y más incluso en nuestro modo de vestir
y de comportarnos. La Iglesia universal podría
salir ganando de tener una iglesia en Asia que
se hace expresión tangible del misticismo
cristiano en un modo asiático.
Pregunta.
En relación con la
inculturación el Papa Benedicto anima
a las "Conferencias Episcopales que favorezcan
el adecuado equilibrio entre los criterios
y normas ya publicadas y las nuevas adaptaciones,
siempre de acuerdo con la Sede Apostólica" ¿Están
trabajando en esta línea las Conferencias
Episcopales de Asia?
Respuesta. En
general encuentro muy buena voluntad por parte
de las Conferencias Episcopales en esta materia,
sin embargo, también
hay problemas. Como ya dije sería mejor
tener un claro espíritu de coordinación
entre la FABC (Federación de Conferencias
Episcopales de Asia) y nuestra Congregación
en esta materia. La FABC tiene organismos de
coordinación regional para el desarrollo
humano, para la evangelización, para la
inculturación, para el ecumenismo y el
diálogo, para la educación, para
las comunicaciones sociales, etc., pero no tengo
noticia de que exista tal organismo para la liturgia
y el culto. Establecer un organismo regional
de este tipo sería sin duda de gran ayuda.
La liturgia es importante ya que "lex
orandi, lex credendi". Tal organismo
estaría en condiciones de animar y concienciar
adecuadamente a las Comisiones Episcopales
de Liturgia sobre este componente tan importante
de la vida eclesial. Aún queda mucho
trabajo por hacer para lograr mejores resultados.
El "adecuado equilibrio" del que
habla el Papa se debe a la necesidad de asegurar
por un lado un sano espíritu de apertura
a la inculturación en la liturgia y por
otro la necesidad de salvaguardar el carácter
universal de la liturgia Católica, un
tesoro confiado a la Iglesia en su ya bimilenaria
tradición.
Pregunta. ¿Puede decirnos un
ejemplo concreto de qué significa "adecuado
equilibrio entre los criterios y normas ya
publicadas y las nuevas adaptaciones"?
Respuesta. Por "adecuado
equilibrio" el Santo Padre entiende por
un lado fidelidad a la Universal y Católica
Tradición en lo relativo a la celebración
de la Sagrada Eucaristía, que el mismo
Rito Romano custodia, y por otro el espacio que
proporcionan la Sacrosanctum Concilium y
la Varietates Legitimae para hacer adaptaciones.
Como indica el n. 21 de Sacrosanctum Concilium existen “elementos
no cambiables divinamente instituidos" y "elementos
sujetos a cambio" en la Liturgia. Solo
los últimos pueden ser modificados e incluso
estos cambios serán hechos sobre la base
de las normas que el Concilio mismo emanó en
el capítulo 3 del mencionado documento.
En el caso de la Eucaristía el enfoque
es el mismo. La Eucaristía no es meramente
lo que la Iglesia hace, sino lo que el propio
Señor nos donó, un tesoro para
custodiar. Por eso, si algunas exigencias de
evangelización y de inculturación
del mensaje evangélico en situaciones
diversas reclaman un cierto grado de diversidad,
esto no deber ser dejado al capricho y espontaneidad
del individuo celebrante. Las áreas susceptibles
de diversidad son limitadas, y pertenecen a las áreas
de lenguaje, música y canto, gesto y posturas,
arte y procesiones (SC 39). En estas áreas
la adaptación es posible y debe ser llevada
a cabo después de un estudio adecuado,
la aprobación debida de los obispos y
luego el consentimiento de la Sede Apostólica
(SC, Capítulo 3).
El sentido del equilibrio
entre salvaguardar las cosas esenciales y buscar
integrar los elementos culturales locales es
muy necesario, si la Iglesia desea progresar
espiritualmente. Al mismo tiempo, considero
que es más esencial no sólo
las adaptaciones de ese tipo, sino la celebración
noble y digna de cada acto litúrgico,
haciendo que reflejen el misticismo del Este.
Creo que esto sería más útil
que una mera serie de adaptaciones externas,
incluso aquellas introducidas siguiendo los procedimientos
establecidos.
Además, el amor al silencio, una atmósfera
contemplativa, el canto y la música que
reflejen los divinos misterios que se celebran
sobre el altar, la vestimenta decorosa y sobria,
y el arte y la arquitectura que reflejen la nobleza
de los lugares y objetos sagrados, todos ellos
son valores asiáticos, que a menudo también
se encuentran en lugares de culto de otras religiones,
y que son más expresivos de un verdadero
estilo asiático de la liturgia.
Pregunta.
En el n. 87 de la Exhortación,
el Papa expresa su preocupación por
las graves dificultades que afrontan las comunidades
cristianas "donde los cristianos son
minoría o se les niega la libertad religiosa" y
donde "simplemente el hecho de ir a la
iglesia representa un desafío heroico
que puede acarrearles marginación o
violencia" ¿Se estaba refiriendo
a las comunidades cristianas en Asia?
Respuesta. El
Santo Padre expresaba su aprecio y su aliento
ante los desafíos
heroicos para algunos cristianos para quienes
la práctica de la fe les obligaba a afrontar
la persecución y el sufrimiento. Cuando
hablamos de estas difíciles situaciones,
la referencia directa es a los lugares donde
hay una obstrucción explícita y
una persecución de las comunidades cristianas.
Tales dificultades son motivadas en ocasiones
por factores políticos y otras veces por
factores religiosos.
Algunas naciones quieren
imponer iglesias promovidas por el Estado para
controlar así la comunidad
católica. Este último tipo de actitud
busca cortar de raíz el vínculo
jerárquico entre estas iglesias y la de
Pedro, para conseguir debilitarlas desde dentro.
Tales intentos son infructuosos, ya que los vínculos
espirituales de esta manera no pueden ser rotos.
Pues el vínculo de cada comunidad eclesial
con la Iglesia universal, el cuerpo místico
de Cristo, continúa manteniéndose.
Sin embargo, para mí, hay otra tipo de
situación más importante. Se presenta
mucho en Asia, pues debido al predominio de una
u otra religión del mundo, las restricciones
y controles se focalizan sobre la iglesia católica.
En situaciones de este tipo se da una forma peor
de hostigamiento no declarado hacia los católicos.
Los misioneros son rechazados, es difícil
construir edificios eclesiásticos al no
tener garantizado el permiso; las manifestaciones
públicas de la fe están bajo control;
se establecen restricciones para la educación
católica; se proponen o se hacen leyes
contra la conversión, y se perpetran todo
tipo de actos de discriminación. En resumen,
en tales situaciones, uno necesita verdadero
heroísmo para profesar y practicar la
propia fe.
No quiero nombrar explícitamente estos
países, por razones obvias, pero todo
el mundo conoce cuáles son. Habida cuenta
de esta situación la voz del Supremo Pontífice
clamando por “una mayor libertad religiosa
en cada nación de manera que los cristianos
y los seguidores de otras religiones puedan expresar
libremente sus convicciones tanto individualmente
como en comunidad" (Sacramentum Caritatis, 87),
es absolutamente oportuna.
Pregunta.
En el n. 62 de la Exhortación,
el Papa propone la celebración de la
Misa en latín y el uso del canto gregoriano
en algunas ocasiones y en parte de la liturgia ¿Qué piensa
usted de la acogida que tendrá esto
por parte de los católicos de Asia? ¿Ha
detectado usted que haya deseo por la misa
en latín entre los católicos
de Asia?
Respuesta. Sacrosanctum
Concilium nunca abogó por el abandono
total del latín o del canto gregoriano.
Estableció que "se conservará el
uso de la lengua latina en los ritos latinos,
salvo derecho particular... Sin embargo, como
el uso de la lengua vernácula es muy útil
para el pueblo... se le podrá dar mayor
cabida, ante todo, en las lecturas y moniciones,
en algunas oraciones y cantos" {Sacrosanctum
Concilium 36, 1-2). A la vez, desea que
se dé "el lugar debido a la lengua
vernácula, principalmente en las lecturas
y en la 'oración común' y, según
las circunstancias del lugar, también
en las partes que corresponden al pueblo" (Sacrosanctum
Concilium, 54).
En ese mismo lugar, el
Concilio desea que se preste cuidado para que
se "procure que
los fieles sean capaces también de recitar
o cantar juntos en latín las partes del
ordinario de la Misa que les corresponde" {Sacrosanctum
Concilium, 54).
La cuestión es que,
para la Sacrosanctum
Concilium, la lengua vernácula
no es la lengua normal de la liturgia, sino
que lo es el latín, permitiendo que
la vernácula se use en momentos específicos
como las lecturas, algunas oraciones y cantos
y las partes que pertenecen al pueblo. Es muy
notable que reclama el uso del latín
incluso "en aquellas partes del ordinario
de la misa que pertenecen al pueblo" {Sacrosanctum
Concilium, 54).
Por desgracia muy poco
después del Concilio
tuvo lugar prácticamente en todo el mundo
un abandono casi total del latín, de tal
forma que sólo la generación más
antigua de católicos de Asia tiene noción
del uso del latín en la liturgia y del
canto gregoriano. Con la fuerte vernacularización
de la liturgia y de la formación en los
seminarios, el uso del latín desapareció casi
completamente en la mayor parte de Asia.
Esto es más bien lamentable. No estoy
seguro si hay un marcado anhelo para la vuelta
del latín en la liturgia en Asia. Me gustaría
que así fuese. Algunos católicos
que se dan cuenta de la belleza del latín
manifiestan este deseo. Ellos han visto o han
experimentado liturgias celebradas en latín
en Roma o en otras partes del mundo, y han quedado
fascinados por ella. Otros están fascinados
por el Rito latino antiguo, la Misa de Pío
V que se celebra ahora en algunos lugares de
Asia.
Pero la mayor parte de
los católicos
de Asia aún no se dan cuenta del valor
del latín en la Santa Misa. Pienso que
ellos tendrían algo que decir si se reintrodujese
de alguna forma el latín. A ellos podría
gustarles y conociendo el espíritu de
devoción del que son portadores los católicos
asiáticos les ayudaría seguramente
a profundizar incluso aún más en
su fe. Nuestro pueblo sabe que no todas las realidades
divinas están al alcance del entendimiento
humano y que ha de haber lugar para cierto sentido
de misterio espiritual en el culto.
Además, sería bueno para la iglesia
en Asia no quedar separados de las tendencias
que están emergiendo por todas partes,
una de las cuales es un renovado aprecio de la
herencia latina bimilenaria de la Iglesia. Esto
no quiere decir que abandonemos la lengua vernácula
y abracemos el latín in toto. Un
uso sobrio y con sentido común del latín,
así como de la lengua vernácula
en la línea de lo que señalaba Sacrosanctum
Concilium sería una ganancia para
todos. Además, en Asia algunas otras religiones
han preservado un lenguaje "litúrgico" oficial,
como el sánscrito para el hinduismo o
el pali para el budismo. Estos no son lenguajes
hablados, solo se usan en el culto, ¿no
nos estarán dando una lección de
que un "lenguaje litúrgico" que
no es de uso común, puede expresar de
la mejor manera el misticismo inherente de lo
Sacro en el culto?
Pregunta.
El Papa quiere que "los
sacerdotes del futuro" aprendan latín
en los seminarios, lo mismo que lean textos
en latín y canten canto gregoriano. ¿Cómo
piensa usted que los jóvenes estudiantes
asiáticos para el sacerdocio consideran
esta llamada? ¿Será bien recibida
en los seminarios de Asia a esta medida?
Respuesta. No
es cuestión
de ser bien recibida o no; considero que es una
necesidad y que más bien que caer en una
mentalidad estrecha e individualista, o en un
puro acercamiento empírico a la fe, que
como es obvio no es el modo asiático y
no da lugar para entender aquello que es trascendente,
nuestros sacerdotes y seminaristas han de ser
alentados para abrirse a la realidad más
amplia de su fe, que es católica y universal,
de sus raíces y desarrollo bimilenario
y de sus dimensiones místicas y sagradas.
Y puesto que el latín está en la
raíz de muchos desarrollos en teología,
en liturgia, y en disciplina eclesiásticas,
los seminaristas y los sacerdotes deben ser alentados
a aprenderlo y a usarlo.
Esto ayudaría a la Iglesia en Asia no
sólo a acoger mejor el contenido del depositum
fidei y de su desarrollo, sino también
a descubrir un genuino lenguaje teológico
capaz de presentar la fe de manera convincente
a los pueblos de Asia (cfr. Ecclesia in Asia, 20).
Aprender latín de ninguna manera es volver
atrás, sino más bien al contrario
ir hacia delante. Solo de esta manera puede tener
lugar un verdadero y profundo proceso de inculturación.
Una así llamada teología que
no esté enraizada en las fuentes de la
Sagrada Escritura y de la Tradición de
la Iglesia, que no rece de rodillas y que no
esté iluminada por la luz de una vida
santa, no es otra cosa que una algarabía
que no puede menos de llevar al desorden y a
la confusión.
Esto mismo es aplicable
a la Liturgia. El latín
es la lengua litúrgica ordinaria de la
Iglesia. En el origen y en el desarrollo del
rito romano jugó un papel principalísimo.
Por eso, un conocimiento suficiente de esta lengua
facilitaría entender mejor y apreciar
más la belleza de lo que se está celebrando.
Como afirmó el Santo Padre "la belleza
de la liturgia es parte de este misterio; es
expresión eminente de la gloria de Dios
y, en cierto sentido, un asomarse del Cielo sobre
la tierra" (Sacramentum Caritatis n.
35).
Celebrar en latín por tanto ayudaría
a construir un sentido de respeto y admiración,
así como un profundo legamen espiritual
con aquello que el Señor mismo inspiró para
que la Iglesia asumiera como su forma de culto.
Esta apertura al latín también
ayudaría a los estudiantes a apreciar
mejor el papel del canto gregoriano en la iglesia.
El Santo Padre desea que sea "cuidadosamente
estimado y empleado", por ser "el canto
propio de la liturgia romana" {Sacramentum
Caritatis, 42). Captar la sencillez y belleza
de esta gran forma musical también ayudaría
a sacerdotes y seminaristas con talento, en Asia,
a recibir inspiración del mismo y hacerles
capaces de componer formas de canto dignas y
piadosas que podrían armonizar muy bien
con la cultura local. Parece muy presuntuoso
decir que el uso del canto gregoriano dañaría
la inculturación de la liturgia Más
bien le beneficiaría.
Pregunta. ¿Hay alguna otra cosas
que usted desee decir al las iglesias de Asia
a propósito de la Exhortación
y de cómo llevarla a la práctica?
Respuesta. Una mirada atenta
a la Sacramentum Caritatis me convence
cada vez más de que no sólo es
un tesoro de información, inspiración
y de verdadera pastoral, sino también
una profunda reflexión teológica
sobre la Eucaristía, que no obstante necesita
ser complementada con lo que fueron los auténticos
deseos del Concilio Vaticano II y de su documento
sobre la Liturgia Sacrosanctum Concilium. La
reforma postconciliar de la liturgia si bien
es laudable en algunos aspectos, no ha plasmado
completamente el espíritu del Concilio.
Como afirmó el Card. Ferdinando Antonelli
cuando era miembro de la Comisión que
trabajó en la reforma: "no estoy
satisfecho de este espíritu. Encuentro
espíritu crítico e impaciencia
hacia la Santa Sede, que no hace presagiar nada
bueno. Es decir, todo son estudios acerca de
la racionalidad de la Liturgia pero no hay preocupación
por la verdadera piedad. Temo que, un día,
alguien diga de toda esta reforma lo que se dijo
de la reforma de los himnos en tiempos de Urbano
VIII: accepit liturgia recessit pietas (conforme
progresa la liturgia regresa la piedad); en nuestro
caso, accepit liturgia recessit devotio (conforme
progresa la liturgia regresa la devoción).
Me gustaría equivocarme" (del diario
del Cardenal Antonelli, 30.IV. 1965).
Hemos visto mucha banalización y oscurecimiento
de los aspectos sagrados y místicos de
la liturgia en muchos sitios de la Iglesia en
nombre del así llamado "Konzilsgeist" (espíritu
del Concilio).
Más o menos en los últimos veinte
años la Iglesia ha vigilado por la rectitud
de la reforma litúrgica y lo ha hecho
en línea con las indicaciones de la Sacrosanctum
Concilium. Documentos como la Liturgiam
authenticam, Varietates Legitimae, Redemptionis
Sacramentum y Ecclesia de Eucharistia son
parte de este intento. Y la Sacramentum Caritatis, que
es un documento colegial que recoge las proposiciones
del Sínodo de los Obispos sobre la Sagrada
Eucaristía, es el momento culminante,
yo diría, de ese curso de poner las cosas
derechas. Verdaderamente es un enderezamiento
de las cosas y debe ser bienvenida, apreciada,
estudiada y puesta en práctica.
La herencia cultural de
Asia es profundamente religiosa y consciente
del valor de lo sagrado y de los místico en la vida humana. Por
eso la iglesia de Asia da la bienvenida a este
documento y a sus orientaciones, que están
dirigidas claramente a restablecer los profundos
valores de la espiritualidad y de la fe en la
liturgia de todo corazón, y a dar los
pasos necesarios para llevar a cabo sus indicaciones
con tanto celo y fidelidad como sea posible.
Estos son mis deseos para la iglesia de Asia,
el continente del misticismo.
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