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Artículo relacionado: Fidelidad
al concilio.
Entrevista
a Mons. Malcolm Ranjith sobre el Motu proprio Summorum Pontificum
Entrevista
a Mons. Albert Malcolm Ranjith, Arzobispo
Secretario de la Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramento,
sobre el Motu Proprio
Summorum Pontificum.
El
14 de septiembre entró en vigor el
Motu Proprio Summorum Pontificum promulgado
por el Papa Benedicto XVI el 7 de julio de 2007
y dedicado al rito de San Pío V revisado
en 1962 por el Papa Juan XXIII. Con el Motu Proprio
(iniciativa promovida por quien tiene facultades
para ello) vuelve la posibilidad de celebrar
con el Misal tridentino sin tener que pedir necesariamente
el permiso del Obispo. Con el Concilio Vaticano
II y en particular, con la reforma litúrgica
de 1970 promovida por el Papa Pablo VI, el antiguo
Misal fue sustituido por el nuevo y, aunque oficialmente
no fue nunca abolido, los fieles debían
tener el permiso expreso del Obispo para utilizarlo.
Un permiso sancionado en otro Motu Proprio: Ecclesia
Dei adflicta firmado por el Papa Juan Pablo
II el 2 de julio de 1988. Hoy, con el nuevo Motu
Proprio, ya no es necesario este permiso y cualquier "grupo
estable" de fieles puede pedir libremente
al propio párroco la posibilidad de celebrar
siguiendo el antiguo Misal. La Agencia Fides
ha dirigido algunas preguntas a este respecto
a Su Exc. Monseñor Albert Malcolm Ranjith,
Arzobispo Secretario de la Congregación
para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos.
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| Monseñor Malcolm
Ranjith |
Excelencia
Reverendísima, ¿cuál
es en su opinión el sentido profundo del
Motu Proprio Summorum Pontificum?
Veo en esta decisión no sólo la
solicitud del Santo Padre de abrir el camino
para la vuelta en la plena comunión de
la Iglesia, de los seguidores de Monseñor
Lefebvre, sino también un signo para toda
la Iglesia sobre algunos principios teológico-disciplinales
que se deben salvaguardar para una profunda renovación,
tan deseada por el Concilio.
Me parece que hay un fuerte
deseo del Papa de corregir esas tentaciones
visibles en algunos ambientes que ven el Concilio
como un momento de ruptura con el pasado y
de un nuevo inicio. Basta recordar su discurso
a la Curia Romana el 22 de diciembre de 2005.
Por otra parte tampoco el Concilio fue pensado,
en sí mismo,
en estos términos. Tanto en sus elecciones
doctrinales como en las litúrgicas como
también en las jurídico-pastorales,
el Concilio constituyó un momento de profundización
y actualización de la rica herencia teológico-espiritual
de la Iglesia en su historia bimilenaria. Con
el Motu Proprio el Papa quiere afirmar claramente
que toda tentación de desprecio de estas
veneradas tradiciones está fuera de lugar.
El mensaje está claro: progreso, sí,
pero no a costa, o sin la historia. También
la reforma litúrgica debe ser fiel a todo
lo que ha sucedido desde los inicios hasta hoy,
sin exclusiones.
Por otro lado, no debemos
olvidar nunca que para la Iglesia Católica la Revelación
Divina no procede tan sólo de la Sagrada
Escritura, sino también de la Tradición
viviente de la Iglesia. Esta fe nos distingue
claramente de otras manifestaciones de la fe
cristiana. Para nosotros la verdad es lo que
emerge, por así decir, de estos dos polos,
es decir Sagrada Escritura y Tradición.
Esta posición es para mí mucho
más rica que otras visiones porque respeta
la libertad del Señor de guiarnos hacia
una más adecuada comprensión de
la verdad revelada incluso a través de
lo que sucederá en el futuro. Naturalmente,
el proceso de discernimiento de lo que emerge
viene realizado por medio del Magisterio de la
Iglesia. Pero lo que debemos entender es la importancia
atribuida a la Tradición. La Constitución
Dogmática Dei Verbum afirmó claramente
esta verdad (DV 10).
Además la Iglesia es una realidad que
supera los niveles de una pura invención
humana. Ella es el Cuerpo Místico de Cristo,
la Jerusalén celeste y la estirpe elegida
por Dios. Ella, por tanto, supera las fronteras
terrenas y toda limitación de tiempo y
es una realidad que transciende en mucho su manifestación
terrenal y jerárquica. Por tanto, todo
lo que se recibe en ella, deberá ser
fielmente transmitido. Nosotros no somos ni inventores
de la verdad ni sus dueños, sino tan sólo
quienes la reciben y tienen la misión
de protegerla y transmitirla a los otros. Como
decía San Pablo hablando de la Eucaristía: "yo
recibí del Señor aquello que a
su vez os he transmitido" (1Cor 11, 23).
El respeto de la Tradición no es pues
una elección nuestra libre en la búsqueda
de la verdad sino que es su misma base que debe
ser aceptada. La fidelidad pues a la Tradición,
es una actitud esencial de la misma Iglesia.
El Motu Proprio se debe entender, en mi opinión,
en este sentido. Este es un posible estímulo
para una necesaria corrección de la ruta.
En efecto, en algunas de las elecciones de la
reforma litúrgica realizadas después
del Concilio, se han adoptado orientaciones que
han ofuscado algunos aspectos de la liturgia,
mejor reflejada que la praxis precedente, porque,
para algunos, se ha entendido la renovación
litúrgica como algo a realizar ex
novo. Por el contrario, sabemos bien que
no fue tal la intención de la Sacrosanctum
Concilium, que revela que "las nuevas
formas se desarrollen, por decirlo así,
orgánicamente a partir de las ya existentes" (SC
23).
Una
característica del Pontificado de
Benedicto XVI parece que sea la insistencia en
una correcta hermenéutica del Concilio
Vaticano II. En su opinión ¿el
Motu Proprio “Summorum Pontificum” va
en esta dirección? Si es así, ¿en
que sentido?
Siendo ya Cardenal, el
Papa ya había
rechazado en sus escritos un cierto espíritu
de exuberancia visible en algunos círculos
teológicos motivados en un llamado “espíritu
del Concilio” que para él era en
realidad un autentico “anti espíritu” o
un “Konzils- Ungeist” (Relación
sobre la Fe, San Pablo 2005, capitulo 2). Cito
textualmente dicho escrito en el que el Papa
subraya: “hay que oponerse decididamente
a este esquema de un antes y un después
en la historia de la iglesia, algo completamente
injustificado según los mismo documentos
del Vaticano II que no hacen sino reafirmar la
continuidad del catolicismo” (ibid p. 33).
Un error tal de interpretación del Concilio
y del camino histórico-teológico
de la iglesia ha influido en todos los sectores
eclesiales, incluida la liturgia. Una cierta
actitud de fácil rechazo de los progresos
eclesiológicos y teológicos, como
también de los litúrgicos del último
milenio por un lado y una ingenua idolización
de lo que habría sido la mens de
la Iglesia llamada de los primeros cristianos
por otro, han tenido un influjo importante en
la reforma litúrgico-teológica
de la era post conciliar.
El rechazo categórico de la Misa pre-conciliar
como un resto de una época ya “superada” ha
sido el causante de esta mentalidad. Son muchos
los que han visto así las cosas, aunque
gracias a Dios, no todos.
La misma Sacrosantum Concilum,
la Constitución
Conciliar sobre la Liturgia, no ofrece ninguna
justificación a dicha actitud. Tantos
en los principios generales como en las normas
propuestas, el Documento es sobrio y fiel a lo
que significa la vida litúrgica de la
iglesia, basta leer el numero 23 del documento
para convencerse de dicho espíritu de
sobriedad.
Algunas de estas reformas
han abandonado elementos importantes de la
liturgia con las relativas consideraciones
teológicas: ahora es necesario
e importante recuperar estos elementos. El Papa,
considera el rito de San Pío V, revisado
por el Beato Juan XXIII como un camino para recuperar
esos elementos ofuscados por la reforma. Seguramente
habrá reflexionado mucho sobre la decisión;
sabemos que ha consultado a diversos sectores
de la iglesia sobre dicha cuestión y,
a pesar de algunas posiciones contrarias, ha
decidido permitir la libre celebración
de dicho Rito. Esta elección no es tanto,
como dicen algunos una vuelta al pasado, cuanto
la necesidad de reequilibrar de modo integro
los aspectos eternos, trascendentes y celestiales
con los terrestres y comunitarios de la liturgia.
Esto ayudará a establecer eventualmente
un equilibrio entre el sentido de lo sagrado
y del misterio por un lado y los gestos externos
y las actitudes y compromisos socio-culturales
que se derivan de la Liturgia.
Cuando
era todavía Cardenal, Joseph Ratzinger
insistía mucho en la necesidad de leer
el Concilio Vaticano II, partiendo de su primer
documento, esto es, la Sacrosantum Concilium ¿Por
qué cree Vd. que los Padres conciliares
quisieron dedicarse sobre todo a la liturgia?
Antes de todo, detrás de dicha elección
estaba seguramente la conciencia de la importancia
vital de la liturgia para la iglesia. La liturgia,
podemos decir, es el ojo del ciclón, porque
lo que se celebra es lo que se cree y lo que
se vive: el famoso axioma Lex orandi, lex
credenti. Por ello, toda reforma verdadera
pasa por la liturgia. Los Padres eran conscientes
de su importancia. Por otro lado, la reforma
litúrgica era un proceso ya en acto incluso
antes del Concilio a partir sobre todo del Motu
Propio Tra le Sollecitudini de San Pío
X y la Mediator Dei de Pío XII.
Es San Pío X quien atribuye a la liturgia
la expresión “fuente primaria” del
autentico espíritu cristiano. Quizá también
la existencia de estructuras y la experiencia
de quienes buscaban el estudio y la introducción
de algunas reformas litúrgicas, movía
a los Padres Conciliares a elegir la liturgia
como una de las primeras materias en las sesiones
del Concilio., El Papa Pablo VI reflejaba la mens de
los Padres conciliares sobre la cuestión
cuando dijo: “Nos rendimos en esto el homenaje
conforme a la escala de valores y deberes: Dios
en el primer puesto; la oración, nuestra
primera obligación; la liturgia, la primera
fuente de la vida divina que se nos comunica,
la primera escuela de nuestra vida espiritual,
el primer don que podemos hacer al pueblo cristianos....” (Pablo
VI, discurso de clausura del 2° período
del Concilio, 4 de diciembre de 1963).
Muchos
han leído la publicación
del Motu Proprio "Summorum Pontificum" como
una voluntad del Pontífice de acercar
a la Iglesia a los cismáticos lefebvrianos. ¿Vd.
cree que es así? ¿Va también
en este sentido el Motu Proprio?
Si, pero no sólo. El Santo Padre explicando
las motivaciones de su decisión. Tanto
en el texto del Motu Proprio como en la carta
de presentación escrita a los Obispos,
enumera también otras razones importantes.
Naturalmente habrá tenido en cuenta la
petición, cada vez más creciente,
realizada por numerosos grupos y sobre todo por
la Sociedad de San Pío X y la Fraternidad
Sacerdotal de San Pedro como también de
Asociaciones de Laicos, por la liberalización
de la Misa de San Pío V. Asegurar la integración
total de los lefebvrianos era importante por
el hecho de que con frecuencia se han cometido
errores de juicio en el pasado, causando divisiones
inútiles en la Iglesia, divisiones que
en este momento resultan casi insuperables. El
Papa habla de este posible peligro en la carta
de presentación del Documento escrita
a los Obispos.
¿Cuáles son en su opinión
las problemáticas más urgentes
de una justa celebración de la Sagrada
liturgia? ¿Cuáles las instancias
sobre las que más se debe insistir?
Creo que en la creciente
petición de
liberar la Misa de San Pío V, el Papa
haya visto signos de un cierto vaciamiento espiritual
debido al modo como vienen celebrados los momentos
litúrgicos hasta ahora en la Iglesia.
Dicha dificultad viene tanto de ciertas orientaciones
de la reforma litúrgica post conciliar
que tendían a reducir, o mejor aún,
a confundir aspectos esenciales de la fe, como
de actitudes atrevidas y poco fieles a la disciplina
litúrgica de la misma reforma; esto se
constata en todas partes.
Creo que una de las causas
del abandono de algunos elementos importantes,
del rito tridentino en la realización de la reforma post conciliar
por parte de algunos sectores litúrgicos
es el resultado de un abandono o una infravaloración
de lo que sucedió en el segundo milenio
de la historia de la liturgia. Algunos liturgistas
veían los avances de este período
en un modo negativo. Tal juicio es erróneo
porque cuando se habla de la tradición
viviente de la Iglesia no se puede elegir aquí y
allá lo que concuerda con nuestras ideas
preconcebidas. La Tradición, considerada
en un sentido general incluso en los ámbitos
de la ciencia, filosofía o teología,
es siempre algo vivo que continúa desarrollándose
y progresando tanto en los momentos altos como
en los bajos de la historia. La Tradición
viviente es para la Iglesia una de las fuentes
de la revelación divina y es fruto de
un proceso de evolución continúo.
Eso es también así en la tradición
litúrgica, con la "t" minúscula.
Los avances de la liturgia en el segundo milenio
tienen su valor. La Sacrosanctum Concilium no
habla de un nuevo Rito, o de un momento de ruptura,
sino de una reforma que surge orgánicamente
de lo que ya existe. Es por ello que el Papa
dice: "En la historia de la Liturgia hay
crecimiento y progreso pero ninguna ruptura.
Lo que para las generaciones anteriores esa sagrado,
también para nosotros permanece sagrado
y grande y no puede ser de repente totalmente
prohibido o incluso perjudicial" (Carta
a los Obispos, 7 de julio de 2007). Idolatrar
lo que ha sucedido en el primer Milenio en detrimento
del siguiente es, pues, una actitud poco científica.
Los Padres Conciliares no mostraron dicha actitud.
Una segundo problema sería el de una
crisis de obediencia al Santo Padre que se nota
en algunos ambientes. Si dicha actitud de autonomía
es visible entre algunos eclesiásticos,
e incluso en los rangos más altos de la
Iglesia, no favorece ciertamente a la noble misión
que Cristo ha confiado a su Vicario.
Se oye que en algunas naciones
o diócesis
los Obispos han emanado reglas que prácticamente
anulan o deforman la intención del Papa.
Dicho comportamiento no es conforme a la dignidad
y nobleza de la vocación de un Pastor
de la Iglesia. No digo que todos hagan esto.
La mayoría de los Obispos y eclesiásticos
han aceptado, con el debido sentido de reverencia
y obediencia, la voluntad del Papa. Eso es realmente
loable. Pero por desgracia, ha habido voces de
protesta por parte de algunos.
Al mismo tiempo no se puede
ignorar que dicha decisión era necesaria porque, como dice
el Papa sobre la Santa Misa: "en muchos
lugares no se celebraba de una manera fiel a
las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste
llegó a entenderse como una autorización
e incluso como una obligación a la creatividad,
la cual llevó a menudo a deformaciones
de la Liturgia hasta el límite de lo soportable". "Hablo
por experiencia", continúa el Papa "porque
he vivido también yo aquel periodo con
todas sus expectativas y confusiones. Y he visto
hasta qué punto han sido profundamente
heridas por las deformaciones arbitrarias de
la Liturgia personas que estaban totalmente radicadas
en la fe de la Iglesia" (Carta a los Obispos).
El resultado de tales abusos fue un creciente
espíritu de nostalgia por la Misa de San
Pío V. Además un sentimiento de
desinterés general de leer y respetar
tanto los documentos normativos de la Santa Sede,
como las Instrucciones y Premisas de los libros
litúrgicos lo cual empeoró la situación.
La liturgia no parece todavía que figure
todavía lo suficiente en la lista de las
prioridades de los Cursos de Formación
continua de los eclesiásticos.
Distingamos bien. La reforma
post conciliar no es completamente negativa;
antes bien hay muchos aspectos positivos en
todo lo que se realizó.
Pero también se introdujeron cambios de
forma abusiva que se continúan realizando
a pesar de sus efectos nocivos en la fe y la
vida litúrgica de la Iglesia.
Hablo aquí por ejemplo
de un cambio efectuado en la reforma, la cual
no fue propuesta ni por los Padres Conciliares
ni por la Sacrosanctum
Concilium, esto es, la comunión recibida
en la mano. Eso ha contribuido de algún
modo a una cierta disminución de la fe
en la Presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Esta praxis y la abolición de las balaustradas
del presbiterio, de los reclinatorios de las
iglesias y la introducción de prácticas
que obligan a los fieles a estar sentados o de
pie durante la elevación del Santísimo
Sacramento reducen el genuino significado de
la Eucaristía y, el sentido de la profunda
adoración que debe dirigir la Iglesia
al Señor, el Unigénito Hijo de
Dios. Además, la Iglesia, morada de Dios
se usa en algunos lugares como un aula para encuentros
fraternos, conciertos o celebraciones interreligiosas.
En algunas iglesias el Santísimo Sacramento
está prácticamente escondido y
abandonado en una pequeña capilla poco
visible y poco decorada. Todo esto oscurece la
fe, tan central de la Iglesia, en la presencia
real de Cristo. Para nosotros católicos
la Iglesia es esencialmente la morada del eterno.
Otro serio error es el
de confundir los papeles específicos del clero y los laicos en
el altar haciendo del presbiterio un lugar confuso,
con demasiado movimiento y no ciertamente "el
lugar" dónde el cristiano percibe
el sentido de estupor y resplandor ante la presencia
y la acción salvífica del Dios.
El uso de las danzas, de instrumentos musicales
y de cantos que tienen más bien podo de
litúrgico, no son en absoluto conformes
con el entorno sagrado de la iglesia y de la
liturgia; añado además ciertas
homilías de carácter político-social
y con frecuencia poco preparadas. Todo esto desnaturaliza
la celebración del S. Misa y hace de ello
una coreografía y una manifestación
de teatralidad, pero no de fe.
También hay otros
aspectos poco coherentes con la belleza y el
estupor de lo que se celebra en el altar. No
todo va mal con el Novus
Ordo pero hay muchas cosas todavía
que deben ser puestas en orden evitando ulteriores
daños a la vida de la Iglesia. Creo que
nuestra actitud hacia el Papa, sus decisiones
y la expresión de su solicitud por el
bien de la Iglesia debe ser la que San Pablo
encomendó a los Corintios - “pero
que todo sea para edificación" (1Cor
14, 26). (P.L.R)
Agencia Fides, 16-11.2007
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