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Vida Sacerdotal - Noticias de 2003

Diez de las 38 provincias anglicanas declaran «rotas» las relaciones con los episcopalianos estadounidenses. Roma suspende el diálogo con esta confesión

Madrid. La ruptura es prácticamente un hecho. La consagración de Gene Robinson -sacerdote anglicano homosexual y divorciado- como obispo de la diócesis de New Hampshire (EE.UU), que supuso el inicio de un profundo cisma, lleva camino de desembocar en la disolución de la Comunión anglicana, más de cuatro siglos después de que se escindiera de Roma de la mano de Enrique VIII.

La situación ha llegado a tales extremos que 10 de las 38 provincias anglicanas (que aglutinan a más de 40 de los 70 millones de miembros de esta confesión repartidos por el mundo) han declarado «rotas» sus relaciones con los episcopalianos estadounidenses. Entre ellas, están todas las provincias de África (continente con mayor número de anglicanos) y la de India Occidental, a las que se unió el lunes la provincia del Este Asiático.

Muestras de malestar

Puente de la capilla. Lucerna (Suiza)
Puente de la capilla.
Lucerna (Suiza)

Pero la noticia más sorprendente ha sido la revelada este lunes por el arzobispo de Seattle, Alexander Brunett, quien declaró tras una visita a la Santa Sede que una diócesis anglicana de Estados Unidos había solicitado al Vaticano su admisión en la Iglesia católica tras el «caso Robinson». Brunett, responsable de la comisión que debía acoger una reunión entre católicos y anglicanos suspendida por la Santa Sede el pasado 25 de noviembre, no dio el nombre de la citada diócesis, aunque sí indicó que «he recibido muchas muestras de malestar por parte de los obispos anglicanos de todo el mundo».

De hecho, la pasada semana, según informó el servicio episcopaliano de noticias, tuvo lugar una reunión en Roma entre anglicanos estadounidenses y australianos que rechazan las uniones homosexuales, con el objeto de discutir una posible unión con la Iglesia católica, pero manteniendo las costumbres y liturgia anglicanas.

Esta noticia surgió pocos días después de hacerse pública una nota en la que la Santa Sede decidía «suspender» las reuniones de las comisiones que estaban redactando un documento conjunto en el que señalaban las verdades de fe que unían a ambas religiones. En un comunicado emitido la semana pasada por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (organismo vaticano presidido por el cardenal Walter Kasper), se informaba de la reunión celebrada el pasado 25 de noviembre entre el purpurado y el reverendo John L. Peterson, secretario general del Consejo Consultivo Anglicano, en la que «se discutió sobre el futuro del diálogo católico-anglicano, en especial tras los últimos acontecimientos en la vida de la Comunión anglicana». La citada nota resaltaba la decisión de «aplazar la próxima sesión plenaria de la Comisión Internacional Católico-Anglicana para la Unidad y la Misión (máximo organismo ecuménico entre ambas confesiones)», prevista para febrero de 2004 y cuyo responsable era el arzobispo de Seattle, así como «la tarea de preparar la publicación de un documento común sobre la fe». Aunque tanto la Santa Sede como la Comunión anglicana aseguraban mantener «su compromiso de continuar con el diálogo», la decisión adoptada comporta un sensible distanciamiento entre las dos iglesias cristianas, que en los últimos tiempos habían dado importantes pasos en pos de la unidad.

Pese a que en el comunicado no se cita expresamente la consagración de Robinson como obispo como detonante de este distanciamiento, el propio cardenal Kasper reconocía que «hemos hablado de la reciente decisión tomada en dos provincias anglicanas (New Hampshire y Hearing, aunque en este último caso el candidato, Jeffrey Johns, finalmente rechazó su designación). El arzobispo Williams sabe que el tema nos preocupa no poco».

Mazazo al ecumenismo

Kasper fue más allá al señalar que «hasta hace poco se podía afirmar que los principios morales que guían la sexualidad humana eran compartidos por los católicos y los anglicanos. Esperamos que se pueda decir ello de nuevo». La suspensión del documento sobre la fe común ha supuesto un mazazo para las aspiraciones de expertos en ecumenismo de ambas confesiones, si bien la consagración de Robinson y la «mano abierta» hacia la ordenación de homosexuales y mujeres como sacerdotes hacía presagiar una decisión de este tipo.

Fuente: Diario Abc, Madrid, 10 de diciembre de 2003

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