Vida Sacerdotal - Información para sacerdotes

Carta apostólica
en forma de «Motu proprio»

Spiritus Domini

Del Sumo Pontífice
Francisco

Sobre la modificación del can. 230 § 1 del Código de Derecho Canónico
acerca del acceso de las personas de sexo femenino al ministerio instituido
del lectorado y del acolitado.

El Espíritu del Señor Jesús, fuente perenne de la vida y misión de la Iglesia, distribuye a los miembros del Pueblo de Dios los dones que permiten a cada uno, de manera diferente, contribuir a la edificación de la Iglesia y al anuncio del Evangelio. Estos carismas, llamados ministerios por ser reconocidos públicamente e instituidos por la Iglesia, se ponen a disposición de la comunidad y su misión de forma estable.

Nota de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
sobre el Domingo de la Palabra de Dios

El Domingo de la Palabra de Dios, querido por el Papa Francisco en el III Domingo del Tiempo Ordinario de cada año1 , recuerda a todos, pastores y fieles, la importancia y el valor de la Sagrada Escritura para la vida cristiana, como también la relación entre Palabra de Dios y liturgia: «Como cristianos somos un solo pueblo que camina en la historia, fortalecido por la presencia del Señor en medio de nosotros que nos habla y nos nutre. El día dedicado a la Biblia no ha de ser “una vez al año”, sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes. Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura, si no el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera»2.

La iglesia que arde sí iluminaLa única iglesia que ilumina es la que arde. Esta expresión, que se atribuye al revolucionario ruso Piotr Kropotkin (1842-1921) ha sido gritada demasiadas veces en los 100 años que hace que se pronunció por vez primera. Lamentablemente muchas veces no ha sido una simple puesta en escena, sino que desde entonces han ardido miles de iglesias en todo el mundo a manos de violentas turbas que aplaudían y coreaban rítmicamente esta frase. La última vez hace unos días en Santiago de Chile.

Lo que está ocurriendo en Santiago no es novedad: desde la muerte de San Esteban las persecuciones han acompañado a los cristianos hasta el día de hoy. El Señor ya se lo anunció a los Apóstoles (cf. Mc 10, 29-30), y desde que a Kropotkin se le ocurrió esa frase son muchos los cristianos que han sufrido las consecuencias de esta ocurrencia, con el resultado de varios millones de muertos y muchos miles de iglesias iluminando el cielo con sus llamas.

La Iglesia está cercana a los que sufren como resultado de la pandemia de la covid-19. Piensa en los enfermos, en sus familiares, en quienes los cuidan y asisten, comenzando por los médicos y los enfermeros, hasta el personal auxiliar y los voluntarios. Y piensa en particular en aquellos que mueren a causa del virus. Es a través de la Penitenciaría Apostólica que la Iglesia expresa su solicitud por los que han sido golpeados directa o indirectamente por el coronavirus, otorgando específicas indulgencias y facilitando las modalidades de acercarse al sacramento de la penitencia en condiciones de emergencia. Habla de ello el cardenal Mauro Piacenza, penitenciario mayor, en esta entrevista con «L'Osservatore Romano».


 

La pandemia de la covid-19 ha suscitado algunos interrogantes sobre el sacramento de la confesión. ¿Cómo acercarse al sacerdote respetando las reglas sanitarias? ¿Hay algún modo alternativo de recibir la absolución?

La envidia a los santos que tiene la IglesiaSeguramente la mayoría de los que lean estas líneas se habrán alegrado con la reciente beatificación del joven Carlos Acutis. Ciertamente es tan cercano a nuestra época que ahora podemos decir que hay fieles elevados a los altares que han diseñado blogs y han participado en redes sociales. No sé cómo lo representarán, ojalá que aparezca algún teléfono inteligente en sus manos o un símbolo de arroba.

He seguido la noticia en un diario generalista. Y me ha sorprendido la virulencia con que la mayoría de los foristas aprovechan para atacar a la Iglesia. No son argumentos novedosos ni irrebatibles (al contrario), pero sí se ve mucho odio en algunos comentarios. El resultado es que los católicos apenas intervienen en ese debate, aunque presumo que la mayoría de los que hacen clic para leer la noticia son personas piadosas, seguramente porque consideran inútil entrar en una discusión tan sucia. Lo cual me ha llevado a reflexionar de dónde viene tanta repugnancia a los santos y beatos.

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